Opinión Editorial


La mujer y la pandemia


Publicación:20-07-2020

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Los derechos de las mujeres y niñas deben garantizarse en toda circunstancia y, con especial énfasis, en este tipo de situaciones

La violencia familiar como resultado del aislamiento social por el Covid-19, mantiene salvo a Cadereyta y Santiago, en rojo dentro del Semáforo Delictivo del Estado.

En la estadística mensual que emite la Fiscalía General de Justicia, arroja que en junio la pandemia ha "pegado" tan duramente –más allá de la economía y la salud-,  a los municipios que se monitorean y las agresiones intramuros se van volviendo una  constante que parece quedarse de lado como un tema por atender de la autoridad

Derivado, supongo, de este rojo  en el tema de la violencia familiar, van poniéndose en rojo dos indicadores más, el de violación y el de homicidio lo que, creo, ya debería estar encendiendo los focos de alerta... y parece tan flojo el esfuerzo institucional.

Me queda claro que una de las mejores armas contra el Covid-19 es limitar la movilidad de las personas, junto con el constante lavado de manos, uso de antibacterial y colocación del cubrebocas.

También me queda claro que la autoridad estatal ha implementado la denuncia virtual que permite frenar este tipo de casos ; algunos municipios, con el acompañamiento de instituciones privadas, han apoyado a evitar la creciente cifra de violencia en las viviendas con centros seguros para las mujeres en peligro y sus hijos.

Los diferentes niveles de autoridad han utilizado sus espacios en redes para promover actividades, programas, acciones para todos los integrantes de la familia.

No obstante me queda la sensación de que todos los esfuerzos han quedado desarticulados por la falta de un esfuerzo en conjunto y de campañas suficientes, porque los resultados siguen siendo poco alentadores.

Ya es difícil ver mermado el ingreso familiar, padecer el acorralamiento por la falta de oportunidades y hasta las condiciones de un lima extremoso.

Con o sin bebidas embriagantes, los varones (y a veces las damas), quieren salir a contestar un mensaje, echar una llamada que, por inocente que parezca, altera a la pareja y comienza el episodio violento.

De acuerdo con la Organización de Naciones unidas, si hay algo que se ha aprendido de las emergencias humanitarias, desastres y pandemias, es que mujeres y niñas son uno de los sectores de mayor riesgo de violencia.

La actual crisis de COVID-19 no es una excepción. Los derechos de las mujeres y niñas deben garantizarse en toda circunstancia y, con especial énfasis, en este tipo de situaciones, motivada por la desigualdad, discriminación de género,  normas sociales y masculinidades nocivas como sucede en Latinoamérica.

Como respuesta, la ONU propone incluir a las mujeres, movimientos de mujeres y organizaciones de la sociedad civil en la construcción de la respuesta frente a la crisis generada por el Covid-19.

Entre otras cosas sugiere poner a mujeres y niñas al centro de la respuesta a la emergencia y en la construcción de una solución duradera, con perspectiva de género y tomando en consideración el interés superior de la infancia.

Yo veo acciones, lo cual aplaudo; acciones del estado y también de los municipios para evitar que además de la pandemia de salud tengamos otra de carácter social. No obstante, apremia que se haga un esfuerzo colaborativo para que más mujeres estén enteradas de sus opciones hacia dónde dirigirse o cómo actuar.

Pero es más largo y lento el camino para ver nuevos patrones masculinos de conducta en la casa; son áreas de oportunidad. Vayamos poniendo manos a la obra.



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