Opinión Editorial


La escuela y la nueva normalidad


Publicación:25-05-2020

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No sabemos qué día regresaremos a las clases presenciales, es difícil poder predecirlo.

No sabemos qué día regresaremos a  las clases presenciales, es difícil poder predecirlo, considerando que mientras no tengamos una vacuna segura que nos prevenga del contagio,  la educación a distancia seguirá siendo nuestro recurso tecnológico más importante para continuar con la educación desde casa.

Las tecnologías de lainformación y comunicación se metieron hasta la cocina, y llegaron literalmente para quedarse;  representan ahora, con el advenimiento globalizador del internet, la sociedad de la información que se ha consolidado, y lo sigue haciendo a pasos agigantados. En este camino no hay marcha  atrás.

No hay mal que por bien no venga, reza un proverbio, no sabemos cómo aplicará esto a la pandemia Covid19, pero un elemento destacable, sin duda, es el resurgimiento de la educación a distancia como estrategia educativa imprescindible. La educación presencial, ¿por qué ocultarlo?, es más apasionante, considerando su carácter relacional cara a cara. Sin embargo, hoy en día, las aplicaciones de Zoom, Teams, Meet, Hangouts, inclusive WhatsApp, permiten un nivel de interacción social bastante aceptable.

Con todo ello, nos vemos obligados a dejar atrás la vieja normalidad, para adaptarnos a nuevos escenarios sociales, económicos y culturales. La educación no sólo no puede quedarse atrás, debe ir al frente de los cambios tecnológicos y sociales. Y aquí es donde radica el problema, ya que la posibilidad de desfase es muy elevada.

La escuela tradicional siempre ha sido conservadora, poco abierta a los cambios sociales y culturales; mirando más hacia el pasado que hacia el futuro. Esta situación no puede sostenerse, requerimos una escuela que vaya a la vanguardia social, abriendo camino  y liderando el paso ante la incertidumbre y el cambio vertiginoso.

Dos dimensiones son inherentes a la escuela: el aprendizaje y la convivencia. El aprendizaje académico es la misión fundacional de la escuela como institución; la convivencia hace referencia a la relación de los alumnos(as) con sus  pares, con sus maestros(as) y, de igual manera, la relación de los docentes con sus pares, con los  padres de familia  y con la comunidad. Este carácter multirelacional de la convivencia social, se traduce en un clima escolar único y especial para cada centro educativo, el cual es dinámico y relativo.

No es correcto hablar del regreso a la nueva normalidad, ya que en estas circunstancias no hay regreso alguno posible, lo que viene, es y será inédito, no tenemos ni tendremos punto de referencia. La epidemia más reciente y letal de la que tenemos memoria en México, es la Gripe Española hace un siglo. Aunque se trató de un virus H1N1 vinculado con la influenza y el posteriormente conocido como AH1N1 (2009), la letalidad de la influenza española  fue muy alta, 25 millones a nivel mundial, considerando la menor población entonces existente y los avances en la ciencia médica.

También hay que señalar que la Gripe Española se presentó en un México que aspirada a la modernidad y al desarrollo de un capitalismo industrial. Las tecnologías aún no lograban un desarrollo dinámico como lo fue al final de ese mismo siglo XX.

La nueva normalidad es campo desconocido, ¿por dónde poder asirla? Si lo que analizamos son los efectos sociales y educativos del coronavirus en los últimos meses, nos percatamos que la pandemia ha traído consigo una serie de medidas de distanciamiento social que disminuyen nuestra capacidad de vinculación e interacción social y emocional.

El coronavirus ha enfriado el lazo social humano; a partir de su riesgo de contagio, ha generado que  veamos en el otro un agente portador potencial y secreto; el coronavirus alimenta la desconfianza hacia aquél o aquélla que antes veíamos con simpatía y confianza. Ahora puede incomodarme su presencia considerando que puede ser, en cualquier momento, riesgosa y contagiosamente mortal.

El distanciamiento social ha traído consigo una disminución en la confianza en el otro, una percepción negativa del vínculo social, lo cual atenta contra nuestra naturaleza gregaria. El ser humano se ha desarrollado históricamente desde la pertenencia a los grupos primarios, especialmente la familia. Y de manera más reciente, la escuela como segunda instancia de socialización en cuanto la importancia en la formación del ciudadano.

Volvemos a una nueva normalidad donde lo presencial aún resulta riesgoso, con el antecedente de  un largo período de confinamiento que ha generado estrés y soledad, pérdidas y depresión. El proceso de confinamiento puede volverse traumático desde el momento en que reconocemos nuestra propia vulnerabilidad, la transitoriedad de los vínculos humanos, que en cualquier momento pueden romperse, el riesgo de pérdidasde seres queridos, y de una libertad, de la que nos sentíamos plenamente dueños, pero que un bicho microscópico vino a poner en entre dicho.

La nueva normalidad implicareconocer este dolor, el sufrimiento emocional del confinamiento y las implicaciones psicosociales que la epidemia puede traer o ha traído consigo. La escuela como institución no puede permanecer ajena a esta nueva realidad.

Hoy más que nunca, para avanzar hacia una nueva normalidad, la escuela debe asumirse como una institución profundamente humana, sensible a los cambios traumáticos que puede conllevar una emergencia sanitaria, y tender la mano a sus miembros, haciendo comunidad con ellos.

Es tiempo de pensar profundamente en hacer de la escuela, no sólo un ámbito de desarrollo académico, como tradicionalmente ha sido; es tiempo propicio de  reconocernos como parte de una escuela emocional, abierta a los afectos y  sentimientos de quienes la constituimos y vivimosdiariamente.

La nueva normalidad requiere que nos cuestionemos de manera inevitable: ¿qué tipo de escuela queremos de cara al inicio de la  tercera década del siglo XXI?




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