Opinión Columna


Huachicol


Publicación:16-01-2019
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Huachicol es una palabra que se ha empleado para designar tanto al acto de adulterar (diluir) gasolinas, de su relación a la técnica de preparación de pinturas

 

Huachicol es una palabra que tiene diversas vertientes y derivaciones. En México se la emplea para designar tanto al alcohol adulterado, como al combustible rebajado y al robo del mismo. Huachicolero se llama a quien roba combustible en una toma clandestina a los ductos de Petróleos Mexicanos (PEMEX)

Según Arturo Ortega Morán, huachicol proviene del latín aquati, que significa aguado. Durante el siglo XVI se empleaba la técnica de diluir pigmentos en agua, para trabajar el lienzo. Al llegar a México, la palabra se utilizó para designar al proceso de adelgazar las bebidas alcohólicas, y a las personas que realizaban dicha acción se les llamaba huachicoleros. 

Otra vertiente plantea que huachicol proviene de huachichiles o huaches -relacionados con los Huicholes- quienes tenían la práctica ritual de pintar sus cuerpos de color rojizo, en común con el color del combustible. 
 
En ese sentido, huachicol es una palabra que se ha empleado para designar tanto al acto de adulterar (diluir) gasolinas, de su relación a la técnica de preparación de pinturas (aquati) y por su desplazamiento, del rojo de pigmentos al de las gasolinas. 

La realidad huachicoleada (diluida) La palabra diluir (lat. diluere: dis-alejamiento por diversas vías, -luere: lavar, “lavar por diversas vías”; también significa “engañar”) la encontramos en un sin fin de escritos y noticias, desde la nota roja (“El pozolero diluía en ácido a sus víctimas”) pasando por la sección económica (“El día de ayer dieron por terminada su relación comercial, por lo que diluyeron los acuerdos previamente establecidos”) y en política (“El huachicoleo -robo y acto de diluir combustibles- contó con la corrupción a diversos niveles de gobierno y partidos políticos) y automotriz (“Una de las principales causas de fallas en los motores se debe al uso de gasolinas diluidas”) entre otras.

Zygmunt Bauman, sociólogo, recientemente fallecido, explotó en sus obras la figura de lo líquido (“Modernidad líquida”, “Amor líquido”, “Vida líquida”...) para abordar las transformaciones del paso de una época, la perdía de los valores sólidos (¿Acaso alguna vez realmente existieron?). En esa misma línea, podríamos decir que México (palabra que significa, “el ombligo de la luna”) le mostraría a Bauman que su figura, lo liquido, no es la última fase de la degradación de lo sólido, sino que existe otra, más rapaz y radical, que sería la fase de la realidad huachicoleada, es decir, la realidad diluida, donde un líquido, política o proceso, es aún más diluido, más adulterados, a diferentes niveles, mecanismo y personajes.
Si reparamos un momento, podemos advertir que el huachicoleo está en el corazón mismo de un mecanismo que se repite y perpetúa a sí mismo en diversos ámbitos, contextos y niveles; a través del acto de establecer vías alternas, diluyendo, reduciendo, sea un producto o un servicio: kilos o litros de menos, baja calidad de un producto, en los materiales empleados, desde un taco hasta los requerimientos para una casa o el funcionamiento de un departamento o secretaria de Estado. Inflando presupuestos y facturas, al tiempo que reduciendo los costos de operación y calidad del servicio, pasando la factura al usuario. 

Sigmund Freud plateó que al intentar interpretar un sueño o un síntoma durante un psicoanálisis siempre hay un núcleo difícil de descifrar, de poner en palabras, que por más que se interprete e interprete, siempre seremos remitidos a otra interpretación y a otra interpretación. A esa imposibilidad de saberlo todo -en el caso del significado de los sueños- le llamó en algunos momentos, ombligo del sueño, cuando no la roca dura de la castración.

Curiosamente la palabra México significa ombligo de la luna. Así que, habiendo estado PEMEX y la clase política durante muchos años, aparentemente, “en la luna”, sin advertir/no advertir el huachicoleo -aquel supuesto núcleo duro de descifrar- ahora ha sido colocado en primer plano; ya no se le echa “a la dimensión desconocida” (sabemos pero nos hacemos) sino que es nombrado, se describen sus mecanismos y redes, sus ganancias de un lado y pérdidas millonarias del otro; produciendo –como podría esperarse- más que sola incomodidad en aquellos que robaban, es decir –psicoanalíticamente- aquellos que usufructuaban, primaria y secundariamente, de la ganancia de ese síntoma.

camilormz@gmail.com

 



« Redacción »
Camilo Ramírez Garza


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