Opinión Columna


Hijos libertinos y padres permisivos


Publicación:02-04-2019
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No sean papás permisivos para que sus hijos no sean libertinos o rebeldes

En el momento en que las personas se convierten en papás llega una inconmensurable nube de dicha y felicidad propias de ese acontecimiento inolvidable, pero a la par de esta situación se adquiere una compleja serie de responsabilidades y obligaciones que no vienen escritas en ningún código o reglamento sino que simplemente son leyes de la vida y la existencia del ser humano, un requisito que si se cumplen pueden decir que fueron unos papás que al menos hicieron la tarea.

Dichas leyes son muy complejas, porque su cumplimiento implica orientar, guiar y encaminar a los hijos por las sendas legales y morales de la vida sobre todo en su niñez y adolescencia para que cuando lleguen a la edad adulta sean unas personas de bien y responsables en sus actos y decisiones.


Este camino no es fácil, porque muchas veces el línea entre lo moralmente bueno y malo se rompe por el punto más frágil de lo permisivos que pueden ser los padres con los hijos.


Les da remordimiento poner límites y establecer reglas tanto internas en el hogar como para que las apliquen en el mundo exterior y no se trata de establecer una anarquía, pero sí de dejar en claro que son la última palabra, son el capitán de la embarcación.


La peor combinación que puede existir entre una relación es el libertinaje de los hijos y la flexibilidad de los padres para expedir permisos a salidas que termina en algo incontrolable con el paso del tiempo, porque en el momento en que se quiera establecer la autoridad ya no les hacen caso o simplemente los juzgan y tachan de anticuados.


Desde la niñez se debe marcar la pauta de que en esta vida existen conductas y hechos que se tienen que aprender a respetar y no infringir, sin importar si son menores de edad o si ya pueden ser juzgados por una la ley.


Hay una edad peligrosa en la que los adolescentes definen su comportamiento y su forma de ser que a lo mejor no será la que rija su futuro final, pero mientras que dure ocasionará muchos dolores de cabeza a sus seres queridos y amigos.


Esta edad fluctúa entre los doce y quince años cuando despierta en el adolescente la idea de conocer el mundo desde otra perspectiva, de una manera más libre o con los amigos y sin el arropo de sus papás, a los que meses o años atrás seguían a todas partes. Quiere y necesita adentrarse en el mundo de jungla urbana y la sociedad moderna y con ello empiezan los deseos de salir en grupo al cine, a un festejo de cumpleaños, a comer o a realizar actividades junto a amigos. Claro, estas actividades las querrá realizar de manera libre, sin mamá o papá al lado.


Este no es el problema, es normal en la actualidad, pero cuando esto se vuelve hábito y después costumbre se convierte en un grave problema, porque si no se establece en un equilibrio entre los horarios de salidad y llegadas o la frecuencia de esa vida social se convierte en libertinaje ya difícil de eliminar en los hijos.


No es imposible, pero antes de controlar la situación provocará muchos dolores de cabeza a la gente de su entorno.


Serán rebeldes, irresponsables y en la calle estarán propensos a cometer actos ilegales con los que podrán ser juzgados.


Debido a su vida, tendrán a su alcance los vicios consumibles por alguna parte de la sociedad. Algunos caerán y otros ignoraran, pero en la calle podrán encontrar de todo, lo bueno, pero también cosas muy malas y que puede afectar su relación con el mundo y hasta su salud.


Por este motivo es muy importante que desde la primera vez que salgan sin su acompañamiento controlen sus horarios, que pueden influir negativamente en su vida, checar que los lugares a donde dicen que van sean seguros, con ambiente tranquilo y que asistan a dichos lugares y no a otro lado. En estos tiempos de la era digital es imperdonable que no tengan comunicación por mensajes o llamadas para monitorear que todo vaya bien y en santa paz.


Amigos, ustedes son sus padres y su autoridad estará por encima de cualquier berrinche y enojo propio de los adolescentes actuales.


Un corectivo de autoridad o una plática, donde pongan sobre la mesa las reglas y los peligros a los que se pueden enfrentar si andan a altas horas de la madrugada en la calle ayuda a que esas esporádicas salidas no se conviertan en una costumbre semanal o diaria y con ello se evitarán preocupaciones, angustias y corajes.


Platiquen con sus hijos y háganles entender que para empezar los tiempos actuales son muy diferentes a los que están viviendo ellos y si tienen que tomar medidas autoritarias es mejor que ceder a un permiso que puede convertirse en un problema de meses o años. Encuentren el equilibrio entre ser una mamá o papá "buena onda" o una "jefa" o "jefe" bien "cerrado" como comúnmente dicen los jóvenes modernos.


No sean papás permisivos para que sus hijos no sean libertinos o rebeldes. Estas medidas no aseguran que todo salga bien, pero a menos en la práctica cumplirán con su obligación de orientar a sus retoños.



« Redacción »
Efrén Jiménez Rodríguez

Efrén Jiménez Rodríguez


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