Opinión Editorial


Grandes desafíos para México en la ONU


Publicación:27-06-2020
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México se prepara a ocupar su escaño como uno de los 10 miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) para el periodo 2021-2022

En un mundo marcado por el ascenso del nacionalismo, nuevos conflictos y el declive del multilateralismo en medio de la pandemia de coronavirus, México se prepara a ocupar su escaño como uno de los 10 miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) para el periodo 2021-2022.

¿Cuál es la agenda que promoverá nuestro país en el CSNU, considerado uno de los mecanismos más importantes para la toma de decisiones en la arena internacional?

De acuerdo con el presidente Andrés Manuel López Obrador, la agenda está compuesta por tres objetivos principales:

1. Cumplir los cuatro derechos fundamentales proclamados por Franklin D. Roosevelt, expresidente de Estados Unidos: libertad de expresión y de culto; el derecho a vivir libre de temores y el derecho a vivir libre de miseria.

2. Promover la cooperación para el desarrollo sustentable y la b, lo que implica que las naciones ricas y las instituciones financieras apoyen a los pueblos y gobiernos pobres a fin de combatir el hambre, epidemias, racismo, clasismo, sexismo, xenofobia y discriminación. Asimismo, ayudar a los países con inversiones y programas de desarrollo regional para evitar la inmigración por falta de trabajo o por violencia.

3. Asegurar que la fuerza no es utilizada en los conflictos y evitar en cualquier caso la imposición de la hegemonía. "No queremos una carrera armamentista, queremos cooperación para el desarrollo porque la paz es el fruto de la justicia. No queremos enfrentar violencia con violencia", afirmó AMLO.

Como puede observarse, AMLO planea avanzar en sus objetivos de política interna mediante el uso de una posición privilegiada en el CSNU. En su retórica, da prioridad a la defensa de los derechos humanos -recurriendo a la figura inusual de Roosevelt en la tradición diplomática mexicana- así como al desarrollo sustentable del país.

Después de todo, como los teóricos han señalado, la política exterior de un país debe ser la continuación de su política interna. Sin embargo, los desafíos externos pueden interrumpir los planes nacionales y la búsqueda de metas comunes, como México ha aprendido en sus cuatro períodos previos en el CSNU (1946, 1980-1981, 2002-2003 y 2009-2010).

Más aún, los problemas coyunturales a menudo acaparan la atención del órgano de la ONU. Un ejemplo clásico es la experiencia de México en el periodo 1980-1981, cuando nuestro país resultó elegido por la Asamblea General de la ONU después de que la candidatura cubana se derrumbara por el apoyo de La Habana a la invasión soviética de Afganistán.

El conflicto afgano estaba inmerso en el marco de la Guerra Fría, que también involucró la victoria de fuerzas revolucionarias en Nicaragua e Irán. Como Porfirio Muñoz Ledo, ex representante permanente de México ante la ONU (1979-1985), ha puntualizado en EL UNIVERSAL, en aquellos tiempos de crisis y cambio el CSNU también abordó la guerra de las Malvinas, la intervención sudafricana en Angola y la independencia de Belice de Gran Bretaña.

Estos acontecimientos contribuyeron a marginar los esfuerzos diplomáticos efectuados por México con objeto de impulsar su agenda de relaciones internacionales pacíficas y crecimiento económico equilibrado, en particular la Cumbre Norte-Sur de 1981 en Cancún, que permanece en la historia como la única conferencia de su tipo.

La invasión de Irak

Veinte años después, México se contó entre los protagonistas de un episodio histórico en el Consejo de Seguridad, el periodo previo a la invasión estadounidense de Irak. Bajo el gobierno conservador de Vicente Fox, el primer mandatario salido de un partido opositor en 71 años, la prioridad de México era entonces la negociación de un acuerdo migratorio integral con Washington.

Impreparado para romper con la influyente tradición diplomática mexicana en favor de la no intervención, la resolución pacífica de las diferencias y la autodeterminación, la Doctrina Estrada consagrada en 1930, Fox fue presionado por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush y sus aliados de España, Gran Bretaña y Japón.

Mientras que en México fuerzas derechistas representadas por el canciller Jorge Castañeda Gutman también presionaron a Fox para respaldar a Estados Unidos, intercambiando su voto en el CSNU por un eventual acuerdo migratorio, la hábil estrategia seguida por el desaparecido Adolfo Aguilar Zinser, embajador ante la ONU (2002-2003), defendió la integridad de nuestra prestigiosa política de no intervención.

Aguilar Zinser, quien fungió como presidente del Consejo por dos periodos de un mes, trabajó con varios colegas de los otros diez miembros no permanentes del organismo a fin de evitar el ataque a Irak.

El CSNU se encontraba profundamente dividido, con dos de sus cinco miembros permanentes -Estados Unidos y Reino Unido- apoyando los planes de invasión, al tiempo que los otros tres, Francia, Rusia y China, se oponían a la opción militar. Bush y su secretario de Estado, Colin Powell, necesitaban una votación favorable en el CSNU legitimando el ataque.

Sin embargo, Aguilar Zinser y el embajador chileno en la ONU, Juan Gabriel Valdés, negaron a los aliados la posibilidad de obtener los cinco votos de miembros no permanentes requeridos para aprobar su proyecto de resolución presentado el 24 de febrero de 2003 para la invasión.

En su lugar, insistieron en mantener la búsqueda de presuntas armas nucleares, químicas y biológicas en el país árabe realizada por Hans Blix, jefe de la comisión de inspectores de la ONU y Mohamed ElBaradei, director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

Tras seis semanas de intenso debate, negociaciones y amenazas, la "coalición de los dispuestos" de Estados Unidos invadió Irak violando la legalidad internacional y peor aún, provocando una guerra que todavía asola al país y dio pie al surgimiento del Estado Islámico.

Las "armas de destrucción masiva" de Powell nunca se encontraron. El proyecto de resolución aliado nunca se sometió a votación y es probable que hubiera sido vetado por Francia, empleando su facultad como miembro permanente del CSNU.

Hoy, el poder de veto en posesión de los cinco miembros permanentes del CSNU persiste como uno de los temas más controvertidos en el sistema de Naciones Unidas. Si bien el mundo no atraviesa por un escenario similar, los diferendos entre Estados Unidos, Israel, Irán, India, China, Egipto, Etiopía y Corea del Norte, así como las guerras en Siria, Libia y Yemen, tienen el potencial para escalar a grandes crisis internacionales donde el poder de veto puede marcar la diferencia.

Como Juan Ramón de la Fuente, actual representante permanente de México ante la ONU afirmó al Senado, la tarea es compleja y habrá momentos difíciles, ejemplificados por la pandemia de coronavirus.De la Fuente consideró que pese a los posibles errores cometidos por la Organización Mundial de la Salud en su respuesta a la pandemia, la agencia de la ONU es nuestra mejor opción y conviene al mundo fortalecerla.

Dijo que también buscará la presidencia del Grupo de Trabajo del Consejo de Seguridad sobre Niños y Conflictos Armados. En su campaña, subrayó que los pilares de la agenda mexicana serán la defensa del derecho internacional, la promoción de la ley humanitaria internacional, mejorar los métodos de trabajo del CSNU y añadir la perspectiva de género a sus acciones.

La semana pasada, 197 de 192 Estados integrantes de la ONU eligieron a México para el CSNU en reemplazo de la República Dominicana como representante de la región latinoamericana y del Caribe. Fue el candidato más votado de todas las regiones y también resultó elegido al Consejo Económico y Social (Ecosoc).

Es probable que durante su misión De la Fuente enfrente otro asunto polémico en el corazón del organismo, la ampliación de los miembros permanentes del CSNU con el objetivo de reflejar mejor la realidad actual del mundo posterior a 1945.

Brasil, Sudáfrica, India, Egipto, Alemania, Japón y México son algunos de los países que han promovido su inclusión en el CSNU o que han sido propuestos como posibles integrantes, dado su peso político y económico.

El martes, por ejemplo, Sergey Lavrov, canciller ruso, declaró que India es un fuerte aspirante a un escaño permanente "y apoyamos su candidatura". En una videoconferencia del Grupo Rusia-India-China, S. Jaishankar, ministro de Asuntos Exteriores indio, señaló que Nueva Delhi espera que su desempeño en el CSNU para el periodo 2021-2022 reafirme sus credenciales para ser miembro permanente.

No obstante, el presidente ruso Vladimir Putin destacó en su mensaje por la conmemoración del 75 aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial que el sistema de la ONU "se ha convertido en la quintaesencia de la búsqueda política e intelectual de varios siglos".

El poder de veto, aseguró la semana pasada, "es la única alternativa razonable a una confrontación directa entre los principales países. Es la declaración de una de las cinco potencias de que una decisión le es inaceptable y es contraria a sus intereses e ideas".

Otros países, prosiguió Putin, incluso si no concuerdan, "asumen esta posición como un hecho, abandonando cualquier intento de realizar sus propósitos unilaterales. Esto significa que de una forma u otra es necesario buscar un compromiso".

El dirigente ruso reconoció que actualmente el sistema de la ONU "no es tan eficaz como podría ser", pero recalcó que los principios del CSNU constituyen un mecanismo único para prevenir un conflicto global.

"Los llamados que se han hecho con frecuencia en años recientes para abolir el poder de veto y negar oportunidades especiales a los miembros permanentes del CSNU son realmente irresponsables", añadió.



« El Universal »