Opinión Columna


Gol en contra


Publicación:03-05-2019
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El futbol en Monterrey es todo menos un deporte sano.

Los saldos del clásico de futbol local Rayados vs. Tigres a la sociedad no encajan dentro de las perspectivas de mejoría, superación, transformación para conseguir y construir un mejor lugar para todos los ciudadanos y enmarcarlos en los siempre deseados niveles de civilización.


Ni en lo cívico ni en la problemática grave del aumento a las tarifas del transporte urbano incide un juego de futbol, al contrario: contaminan esos pasajes. Era la conmemoración del Día del Trabajo, que tantas lágrimas y sangre costó, y la participación escasa se debió a que las mayorías se estaban preparando para ver o asistir al clásico; y la afección en todos los niveles de la posible aprobación de la tarifa del sistema de transporte ya no importó: que aumenten la tarifa al cabo estoy viendo el juego.


Ver el juego sin ser deportista, qué barbaridad. Y más bárbara esa mezcla de deporte, algo tan bello como el futbol en cuanto deporte no en cuanto masificación de la pasividad social, de cerveza con deporte. En Monterrey en mayor grado y en otros estados de México en menor grado se puede ver. Los juegos en España no impidieron la participación de los ciudadanos en la votación para cambiar el rumbo del país. Aquí no sucede eso. Y el futbol es el mismo. ¿Qué significa? Que el futbol aquí es utilizado como arma distractora por los políticos y como negocio redondo para los empresarios.


Esta situación se pone en evidencia con las acciones del gobierno en el rubro de seguridad: más de 1500 elementos de Fuerza Civil, de la Secretaría de Seguridad, y otras corporaciones, más elementos de todas las Direcciones o Secretarías de Seguridad de los municipios del área metropolitana, más Protección Civil, Cruz Roja, guardias blancas, destinados para el juego en detrimento de la seguridad de los ciudadanos. Es prueba esa acción de que el actual gobierno está al servicio de los empresarios, en este caso del alcohol, como lo están al servicio de los malos empresarios del transporte.


Causa lástima, más bien tristeza, más bien lástima y tristeza, ver a media noche a niños y adolescentes ondeando banderas de los Rayados en las avenidas, gritando como infantes torcidos. Se sabe cuál es el destino que les espera. Sobre todo porque son de clase baja o media baja: carne del engranaje servil y esclavizador, no del trabajo fecundo y creador.


De eso se trata. Y de distraer a una masa informe vestida con los colores de su equipo favorito de los verdaderos problemas que sin duda les afectan y les afectarán a grado tal que su provenir está trazado: las tinieblas y el crepúsculo. A eso se agrega que los niños y adolescentes son clientes potenciales de la cerveza y de la compra de boletos.


Entonces el negocio están más que calculado a favor de un lado: el de los poderosos. Se entiende, entonces, que la participación en los problemas sociales que realmente aquejan sea nula: la contaminación, la inseguridad, la movilidad, el deterioro ecológico, el calentamiento global. A mí no me hablen de eso, háblenme de la tabla de posiciones de mis Rayados que han robado mi cerebro o de mis Tigres que son los mejores, aunque hayan perdido en un juego deslucido, lleno de trompicones y tarjetas de amonestación. Ni siquiera hubo un ganador: el que ganó lo hizo por puntos no por goles.


El futbol en Monterrey es todo menos un deporte sano.



« Redacción »