Opinión Columna


¿Encontrar el amor?


Publicación:24-04-2019
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Muchas vidas a pesar de expresar insistentemente que desean ser encontradas por el amor, a menudo construyen verdaderas fortalezas para no encontrarlo

 

A María Eugenia Mendoza, con amor

¿Cómo puedo encontrar el amor? Es una pregunta que a menudo es dirigida al psicoanalista por quienes le consultan.


Existen muchos motivos que llevan a una persona a solicitar consulta con un psicoanalista, dolor, sufrimiento, problemas existenciales, porque “algo” no anda bien en la vida, se ha perdido el rumbo, el sentido de vivir; problemas con el pasado en el presente, conflictos en el trabajo, la familia, el dinero, la sexualidad... pero, los más frecuentes, las inquietudes que más persisten, resisten y retornan, se relacionan con el amor.


Si intentáramos responder la pregunta, ¿Cómo encontrar el amor? Tendríamos de inicio necesariamente que saber ¿Qué es el amor? ¿De qué está hecho? ¿Cuál es su esencia? Para poder desplegar su fórmula, sus recetas...Y ya que eso siempre se nos escapa, pues el amor porta consigo un imposible de entender y explicar, de responder, es un misterio, nos quedamos en las mismas, intentando definirle en vano. ¿Qué hacer ante tal experiencia, no poder definir con precisión qué es el amor, por lo tanto no poder reducirlo a recetas? No obstante nos seguimos enamorándonos.


Con lo que tenemos, que no es mucho ni tampoco es nada, sino es algo, podemos intentar decir algunas cosas, partiendo de lo que no sería el amor: un amor no es un cálculo, ni una negociación estilo transacción comercial donde alguien busca ganar-ganar, simplemente beneficiarse, reducir al otro a una cosa, sino sobre todo un encuentro, una sorpresa. Quien se enamora no decidió de quién enamorarse, no podemos decidir de quién, cuándo y cómo enamorarnos. Sucede algo similar cuando dormimos, no podemos decidir qué soñaremos esa noche. De ahí que en muchas lenguas al decir del amor se expresa con palabras que hablan de caídas (“I fall in love”), enfermedades (“El mal de amores”), pasiones que nos toman y transportan (“Eu me apaixonei”) accidentes que sorprenden –a veces grata o ingratamente- encuentros, lo no calculado. En ese sentido, podríamos decir, que el amor no es algo que simplemente se busca y encuentra, sino algo que NOS encuentra, algo que NOS embiste con todas las características del accidente. Uno no busca el amor, el amor NOS encuentra. De ahí que toda historia de amor posea una narración entorno al encuentro no calculado: “Si no hubiera salido ese día”, “Si no hubiera estudiado ahí”, “Si tan sólo me hubiera salido antes, nunca nos habríamos conocido”, “Recuerdo cuando te vi por primera vez, ya no puede dejar de pensar en ti”, etc.


Muchas vidas a pesar de expresar insistentemente que desean ser encontradas por el amor, a menudo construyen verdaderas fortalezas para no encontrarlo, para defenderse a ese encuentro, a ese accidente; paradójicamente sufren por no encontrar el amor, pero temen realmente encontrarlo, abrirse al encuentro del otro, ya que al amar somos arrojados a la libertad del otro. ¿Cómo es eso?


El amor no es simplemente todo miel sobre hojuelas, sino un corte en el tiempo y espacio que introduce una temporalidad nueva: algo sucede que alguien se vuelve para mí, indispensable, insustituible, mi felicidad, mi alegría, el mundo es otro, uno nuevo…todo depende de esa persona; “caí” en el amor a través de un evento que es pura sorpresa, un accidente que nos rebasa, “El yo no es amo en su casa” (Freud) ; no se puede controlar, ni el evento, ni a la otra persona que se ama. Y de ahí el milagro y al mismo tiempo el pavor del amor consista en amar a alguien que no se puede reducir a un objeto, a una cosa a controlar, a rutina burocrática, pues cuando amamos, amamos sobre todo la libertad del otro, ello implica su radical diferencia, su libertad. Y ¿Qué hacer si la libertad del otro en algún momento decide algo diferente a lo que yo deseo, incluso que termine, que se pierda? Hay quienes ante ello –ser confrontado con la libertad del otro- reaccionan con verdadera tristeza, enojo, incluso violencia criminal, “Si no eres mío/a, entonces no serás de nadie”


El amor implica sostener esa radicalidad a pesar de todo: decidir mantener la postura de libertar del otro, aún y cuando su ejercicio vaya en contra de lo que Yo deseo, para que algo del amor aún exista, cuente, viva. Ello plantearía amar sin garantías ni deseos de control, sólo por el deseo de amar, más que de ser amados, dejándose encontrar por el amor, más que de querer programar y calcular milimétricamente el encuentro amoroso. Ya que ningún contrato, ni pacto social o acta matrimonial; ninguna App puede garantizar que el amor durará. En ese sentido, el amor es algo más en relación a dejarse encontrar que de ejercer a voluntad un plan.


Amamos a alguien que suponemos/experimentamos vendría a ocupar-responder algo fundamental, siendo ambas cosas un misterio: eso fundamental en mí, y eso que se supone tiene a quien amo, “Ese no se qué, que qué sé yo”, sin posibilidad de explicación total, de ahí el amor.


camilormz@gmail.com



« Redacción »
Camilo Ramírez Garza


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