Opinión Columna


Empresarios abordan avión con rumbo a su reivindicación


Publicación:13-02-2020

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Vaya que el multicomentado avión presidencial, ese que no tenía ni Obama, se ha convertido en un manantial perenne de polémica

Vaya que el multicomentado avión presidencial, ese que no tenía ni Obama, se ha convertido en un manantial perenne de polémica, llevado al extremo de ser casi un asunto de interés estratégico nacional y convertido en el ícono inequívoco de la corrupción que ha corroído toda estructura en nuestro país, no sólo del ámbito político, sino también del empresarial.

Dentro de la opinión pública, al menos por ahora, el Presidente Andrés Manuel López envió ya a planos inferiores de interés, temas más importantes. El riesgo por la epidemia del nuevo virus originado en China –ad hoc para el negocio de la salud- y la inseguridad pública que no encuentra tregua alguna en el país, por mencionar sólo dos rubros en la agenda nacional, dejaron de ubicarse en el primer relieve del interés público.

Lo más "trascendental" para la marcha del país es ahora, sin duda alguna, la tamaliza que el presidente, todo un prestidigitador de la comunicación política, organizó para sentar a su lado a los empresarios más "machuchones" que, en un acto que algunos pueden calificar de llana contrición, abrieron sus abultadas carteras para respaldar la mediatización de la rifa del avión ex presidencial.

Mil 500 millones de pesos es la nada despreciable cantidad que se colectó en este primer ejercicio en estos nuevos tiempos de las "ganancias razonables" para los grandes empresarios nacionales, quienes están en "serios problemas", según palabras del presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar Lomelín.

"Debemos reconocer que enfrentamos un importante problema de imagen y percepción social", dijo el alto ejecutivo empresarial que en este gobierno se ha convertido ya en la bisagra que mantiene firme la relación entre gobierno e iniciativa privada y que, antes de escalar al escenario nacional, destacó en Nuevo León como capitán de empresas regiomontanas de abolengo.

¡Y claro que tiene razón! Los señalamientos del índice presidencial –antes sin esa investidura- en los últimos años han dado al traste con la imagen de los empresarios en general por culpa de algunos cuantos de ellos que, en connivencia con servidores públicos deshonestos, han amasado fortunas sangrando el erario público y vivido a cuerpo de rey por varias generaciones, gracias a un neoliberalismo tergiversado por la corrupción mexicana tan "reconocida" a nivel mundial.

Sumados a los señalamientos flamígeros del ahora presidente, las pesquisas oficiales han desnudado algunas de estas relaciones perversas y corruptas que tanto laceran a los mexicanos.

El pase de "charola" entre los empresarios no es novedad alguna, ya se ha hecho. La más sonada de estas cenas fue cuando empresarios mexicanos, comprometidos con el ex presidente Carlos Salinas, hicieron aportaciones millonarias para mantener el status quo del partido en el gobierno.

Sin embargo, no sería justo compararlas y deben señalarse las diferencias o al menos una de ellas.  Mientras aquélla fue llevada a cabo casi en la clandestinidad, la de ahora –al menos ésta, pues puede ser que haya habido otras- es a ojos vistos, sin tapujos, aunque algunos de los 75 empresarios, ahora generosos, fueron en su momento beneficiarios del rescate bancario durante el gobierno de Ernesto Zedillo, asunto que sirvió de estandarte al ahora presidente en su cruzada contra la corrupción y que hasta le dio material para un libro en el que develó las enormes cantidades de dinero condonadas a los grandes tiburones empresariales. ¿Algún dejo de rubor entre los asistentes que algunas vez fueron beneficiados en ésta o en su anterior generación? Difícilmente, pues ahora ya pueden sentirse "purificados" en cuerpo, alma y peculio mediante la contrición ante el dios presidencial.

La cantidad recaudada, mil 500 millones de pesos entre 75 empresarios, tampoco es para asombrarnos, pues palidece por completo ante las cifras derivadas de los casos de corrupción entre funcionarios y empresarios que se han develado en los últimos dos años, tanto en este gobierno como en las últimos meses del anterior y que mantienen en prisión a muchos de ellos, el último más sonado Emilio Lozoya, ex director de Pemex.

Lo recaudado en la cena no le llega a la "aportación" de una sola empresa que días antes le hizo al gobierno federal por la cantidad de 2 mil millones de pesos, cuyo cheque fue entregado por el fiscal general Alejandro Gertz Manero al presidente en días pasados.

Lo único malo aquí es que la aportación no fue voluntaria, sino todo lo contrario. 

La "ejemplar" empresa es Terla, del ramo inmobiliario y cuyos accionistas son dos grupos de familias de origen judío, uno de los cuales regresó esos 2 mil millones de un total de 5 mil millones de pesos que cobró por una indemnización, sin litigio de por medio, y que hace un par de años le entregó el Infonavit por la rescisión de un contrato firmado en el 2016.

Este asunto trae más que emproblemados al más reciente director del organismo, David Penchyna, -con un último sueldito de 700 mil pesos mensuales, según el presi- y al anterior director Alejandro Murat, ahora gobernador de Oaxaca, sin que hasta ahora se sepa dónde están los otros 3 mil millones de pesos. Se asume que una parte la tiene la otra familia de accionistas –¿la otra parte algún ex funcionario?- y que la Fiscalía General y la Unidad de Inteligencia Financiera están sobre la pista de ese dinero para recuperarla mediante formas nada ortodoxas, pues se están erigiendo en simples mediadores omitiendo sancionar a quienes cometieron ilícitos en perjuicio del Infonavit y, por consecuencia, no sólo en perjuicio del gobierno, sino de los trabajadores mismos que le aportan dinero al fondo.

Para dimensionar, la cantidad de dinero que involucró una sola operación irregular de una sola dependencia, 5 mil millones de pesos, es superior al costo de la aeronave que en 2012 ascendió, ya con sus adecuaciones a todo lujo –con sus "porcentajes" y ampliaciones de presupuesto que lleva aparejadas cualquier licitación-, poco más de 200 millones de dólares, algo así como 4 mil millones de pesos actuales, al tipo de cambio del momento de la compra, alrededor de 3 mil 300 milloncitos. Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado sí que tiene tela de dónde cortar.



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