Opinión Editorial


El tiempo de vida


Publicación:22-05-2019
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Un análisis es conducido para que la persona esté lista para todas las circunstancias
Jorge Forbes

Recientemente alguien me preguntó ¿Qué es la vida para los humanos? Rápidamente comenzó a exponer su respuesta.
Lo primero que le dije: la vida, para cada uno, es algo que no es único ni universal, sino singular. En ese sentido, no hay una respuesta única, responderla es ya encaminarse a sustentar una respuesta única. El sentido y significado singular es un misterio, una inquietud: ante la vida podemos petrificarnos de miedo, escondernos y vivir como si todo ya estuviera escrito, realizar un destino, o inventar singularmente nuestra vida, responsabilizándonos por nuestras decisiones, sin buscar que alguien o algo nos garantice los resultados, para así estar listos para todas las circunstancias.
Vivimos dos tiempos: uno cronológico, con inicio y –hasta nuevo aviso tecnológico- un fin, ¡el imparable tiempo! En el cual el inicio está marcado, es conocido, el segundo, aún es incierto; unido a una vida biológica (nacer, desarrollarse y morir) en paralelo a una vida que merece ser vivida, una vida cualificada, humana: la vida que está hecha de sentido para cada uno; la vida que cada quien dota de significado, sentido y razón de ser; que de faltarnos (la vida que merece ser vivida para cada uno de nosotros) la primera, la vida biológica, se desmorona, pierde su sentido.
El sentido, la vida cualificada no es calidad de vida. Pues la calidad de vida es una noción que busca ser general para todos: primero se establece lo que es calidad de vida, luego se impone-transmite a una colectividad, quienes se evalúan (comparan) en función a su cercanía o lejanía de la consecución de ese ideal normalizador. En la vida cualificada, a partir de que cada uno tiene una vida, cada uno responde singularmente ante la vida que desea vivir. De ahí que el tiempo de vida para los humanos, sea sobre todo tiempo singular, tiempo ficción en el que cada quien sustenta, construye y vive de acuerdo a sus decisiones.

A partir de que no existe una medida o estándar universal de lo que es la felicidad, cada persona, durante su vida, se ve confrontada a dar sentido a su existencia, a responder ante sí respecto a su forma de felicidad. ¿Has actuado en conformidad al deseo que te habita? (Jacques Lacan). Ello puede sonar sumamente interesante para muchas personas y, al mismo tiempo, para otras, ser angustiante: tener que dar sentido y no dar por hechas las cosas, como pensar que ya todo está escrito (en nuestra historia, la vida, los astros, en el inconsciente, etc.) Motivo por el cual, muchos hacen la opción de que algo más les organice e imponga un orden a su vida, para poder vivir, “tranquilamente”, en piloto automático, bajo el supuesto de que alguien/algo más será responsable de su vida (Dios, sus padres, el gobierno, la empresa, su pareja, etc.) gracias a lo cual requerirán de la esperanza, la nostalgia, la queja y el reclamo, como formas de relacionarse con ese Otro que debía de dar algo que no dio.
El tiempo de vida es algo incierto y sorpresivo, un espacio-tiempo para crear y amplificar. En nosotros cabe emplearlo como si fuera lineal, una secuencia compuesta por pasos y procesos que, como línea de producción industrial, busca tener todos sus efectos garantizados, o como algo siempre nuevo, sorpresivo y diferente, con la potencialidad de no ser capturado en imagen a ser reproducida una y otra vez de la misma manera, sino algo indiferenciado, sin forma, con la potencialidad de ser eso plástico en lo cual plasmar lo singular, único e irrepetible. Solo así el tiempo de vida se convertiría en mi tiempo de vida, personal, intimo y singular. ¿O acaso alguien puede vivir la vida por mi o yo por el otro?
camilormz@gmail.com

 

 



« Redacción »
Camilo Ramírez Garza


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