Opinión Editorial


El nuevo tren del sur?


Publicación:02-07-2020

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Son más los cuestionamientos que las certezas que hay alrededor del Tren Maya mega proyecto de la 4T

Son más los cuestionamientos que las certezas que hay alrededor del Tren Maya mega proyecto de la 4T, una de las prioridades del presidente Andrés Manuel López Obrador.

En principio, suena muy bien. El proyecto puede impulsar el crecimiento de la región con nuevos polos de desarrollo económico y parques industriales, al fortalecer al turismo, y proteger y rehabilitar zonas naturales de la península de Yucatán.

No es difícil imaginar, por mencionar una bondad, el maravilloso paisaje que el Tren ofrecerá en su recorrido que, si es acompañado con comodidad y excelente servicio, pronto se posicionará en el gusto nacional e internacional.

El proyecto implica integrar y desarrollar iniciativas e infraestructuras que abordan diversos desafíos y es aquí donde surgen los cuestionamientos: el uso de fuentes de energía renovables, acción por el entorno, y ciudades y comunidades sostenibles, entre otros. De igual forma, y quizá lo más importante, el respeto a los pueblos originarios que viven en la zona.

Lo lógico, como en todos los proyectos, es que se cuente con un plan estratégico y una serie de estudios que lo avalen. Sin embargo, como ya es costumbre en el gobierno de AMLO, abundan los otros datos y lo que es peor, no se comparten las investigaciones sobre el tema.

Revisemos algunos datos interesantes.

El mega proyecto es una nueva vía de comunicación que considera expandir la red nacional ferroviaria nacional. Contempla 1,525 km en tres tramos de zona: selva, caribe y golfo, el tramo mayor de 653 km en El Golfo. Pasará por los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Q. Roo y Yucatán. Sólo el 18% son vías ya existentes, pero con más de 150 años, que seguramente no se ajustan a un nuevo tren de pasajeros.

Su costo proyectado es de 150 mil millones de pesos de los cuales ya se asignaron contratos por 80 mil.

A finales de septiembre de 2019, se constituyó un grupo de investigadores del CONACYT para el análisis de riesgos en los territorios en los que está proyectado el Tren Maya. El documento final se titula: "Territorios Mayas en el paso del tren: situación actual y riesgos previsibles", y fue entregado a la presidencia de AMLO y en cuya sinopsis se señala: "se adelantan las apreciaciones de la comunidad científica, basadas en conocimientos e investigaciones realizadas desde varias perspectivas disciplinarias que confluyeron en un primer pre diagnóstico del caso".

Entre sus hallazgos los investigadores señalan que habrá afectaciones negativas en 10 áreas naturales protegidas, destrucción irreparable de 1,288 sitios arqueológicos, vulnerabilidad de derechos de 146 mil indígenas, empleos precarios y temporales.

Además, el tren amenaza ecosistemas que garantizan refugio a jaguares, ocelotes, tapires, monos aulladores y otras especies que necesitan de grandes territorios para desplazarse, alimentarse y reproducirse lo que se dificultará al dividir su hábitat en dos partes. No bastará con construir túneles o puentes para el paso de las especies animales o decir que se utilizarán los derechos de vía ya existentes para preservar la selva.

Para su funcionamiento, recientemente el gobierno anunció que el Tren Maya utilizará diésel como principal combustible, aspecto preocupante pues la industria petrolera no produce ni genera la cantidad suficiente para cubrir la demanda de las rutas, y mucho menos para mantener bajas emisiones durante su operación. La Secretaría de Energía, señaló que ni con el funcionamiento de la nueva refinería de Dos Bocas, Tabasco, México, se dispondrá de suficiente diésel para abastecer las necesidades de este proyecto, lo que implica que el tren podría operar con combustible importado.

En cuanto a la consulta a los pueblos originarios, por empezar el análisis relacionado con la vida de los indígenas que habitan la zona, el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) llevó a cabo consultas para enterarlos y buscar su aprobación. Participaron comunidades indígenas, asambleas regionales, organizaciones de apicultores mayas, investigadores organizados por el CONAYT, chicleros, ejidatarios, familias sembradoras y autoridades municipales y ejidales. Naturalmente, para ellos los resultados fueron aprobatorios, hubo un consenso generalizado y unánime de apoyar la construcción e implementación del Tren Maya.

Sin embargo, el proceso de consulta, según la ONU, no ha cumplido con todos los estándares internacionales de derechos humanos en la materia que establecen que la consulta y el consentimiento de los pueblos y comunidades indígenas debe ser previo, libre, informado y culturalmente adecuado, situaciones que no se dieron en su totalidad.

Organizaciones y activistas nacionales e internacionales señalan que el proyecto "es un sueño capitalista que conducirá al despojo, el desplazamiento y el deterioro de la vida de la gente que vive en zonas próximas a lo largo de la vía férrea, así como la devastación ambiental en la Península de Yucatán".

Hay también críticos que cuestionan el no estar cumpliendo con lo que señalan los objetivos de desarrollo sustentable 2030 particularmente en el uso de fuentes de energía.

El mega proyecto da mucho de qué hablar. No se espera que estén todos de acuerdo, siempre habrá opositores que ayuden en su análisis y evaluación. Lo que preocupa es la capacidad del equipo de la 4T para escuchar voces diferentes y construir la mejor alternativa para el país, sobre todo, para los pueblos originarios que viven en la zona.

El Tren podría ser un sueño posible y hermoso si se abre su diseño y construcción a equipos interdisciplinarios que garanticen el mejor producto final, en armonía con los retos a superar.

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Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com



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