Opinión Editorial


Cuando los animales tomaron las calles


Publicación:20-04-2020
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En tiempo del coronavirus, todo puede pasar.

En tiempo del coronavirus, todo puede pasar,  son momentos en que la realidad puede superar a la  ficción. Hoy más que nunca, las películas de ciencia ficción de carácter apocalíptico han recuperado su exangüe prestigio cinematográfico, especialmente el género de zombis. Sabemos que a raíz de la pandemia, algunas de las películas más vistas en las plataformas de streaming, han sido Resident Evil, Guerra Mundial Z, Soy Leyenda, El final de todo, Extinción, Invasión del Mundo; tenemos además, otras películas menos conocidas como  Batalla de los Ángeles, Alien Warfare, Beyond Skyline, Los elegidos, entre otras.

Para los seguidores de filmes de zombis la lista disponible es muy amplia: La noche de los muertos vivientes, Zombieland,  Campamento Zombie, Maggie, Dead Rising, The Rezort,  Orgullo y Prejuicio Zombie, Estación Zombie, Cargo, y la lista es larga, podemos agregar por supuesto The Walking Dead, Shock Waves, No profanar el sueño de los muertos, Muertos y enterrados, El más allá, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes, Nueva York bajo el terror de los zombis, Zombi, El día de los muertos, La tierra de los muertos vivientes, El regreso de los muertos vivientes, Mortal Zombie, Night of the Creeps, La serpiente y el arcoíris, Yo anduve con un Zombi, La plaga de los Zombies, La legión de los hombres sin alma, Braindead, Terroríficamente muertos,  Mi novia es un zombi, Dylon Dog: Los muertos de la noche, 28 días después, El amanecer de los muertos,  Zombies Party, Shaun of the Dead… y la lista podría continuar.

Una de las escenas que más recordamos de la película I am Legend, de 2007, dirigida por Francis Lawrence y protagonizada por Will Smith, donde observamos a propósito de esta idea de que los animales invadirían las ciudades una vez que éstas fueran desocupadas por los seres humanos, es la siguiente:  Will Smith persigue a un ciervo en las calles céntricas y desoladas de Nueva York, acompañado por su perra pastor alemán, de nombre Samanta, donde identifica entre otros animales, leones deambulando. En su momento esta imagen fue injustificable por su inverosimilitud, ya que cómo podría llegar a esta ciudad abandonada un grupo de estos felinos.

A lo largo de estas semanas de Coronavirus, el confinamiento ha permitido que  las calles de las metrópolis, no sólo en Monterrey, en general en las ciudades del mundo, que los animales propios de la fauna local, recuperen temporalmente los espacios físicos que les pertenecían y que perdieron a raíz de la presencia del ser humano.

Los registros son múltiples: jabalíes por la avenida Paseo de los Leones, a la altura del municipio de García, que bajan de las faldas del lado poniente del Cerro de las Mitras, inclusive han reportado el avistamiento de coyotes. El caso de la presencia de osos en las faldas de la Sierra Madre no es nuevo, pero seguramente se incrementará.  Hace unos meses, antes del Coronavirus, un oso bajó de la Sierra Madre, a la altura de la avenida Corregidora en San Pedro, y el plantígrado trató infructuosamente de avanzar, a media noche, hacia el lecho del Río Santa Catarina, para a partir de allí, tratar de llegar a las faldas del Cerro de las Mitras en su lado sur. Imposible, el animal fue capturado en su trayectoria, justo cuando cruzaba el Río, pero ahora, debido al confinamiento, hay muy poca gente en las calles y menos a media noche, así que una odisea como la descrita, podría tener otro final, al lograr este oso hipotético cruzar de un hábitat como la Sierra Madre, a otro hábitat, hoy cerrado como ecosistema, el Cerro de las Mitras.

Las imágenes son parecidas alrededor del mundo: un joven puma recorre las calles vacías de la ciudad de Santiago de Chile. En este tema surgieron inmediatamente las Fake news, como los delfines  en los canales de Venecia o unos elefantes en la provincia de Yunnan, en China. Pero tenemos otras noticias, que como las del puma también son verídicas: un coyote recorriendo las calles de San Francisco; en general, la fauna tiene que ser propia de la región para que sean creíbles; en Nara, Japón, se observaron ciervos silka deambulando por las calles y las estaciones del metro; mapaches en la playa de San Felipe, Panamá; jabalíes en calles de Roma, Italia; un zorro en las calles de Bogotá, Colombia; una manada de cabras silvestres en las calles de Llandudno, en Gales, Reino Unido; igualmente en Romford, Reino Unido, una manda de venados salvajes; pavorreales silvestres en Barcelona, también en Tricomalee, en Sri Lanka; de igual manera se han observado cabras montes en la ciudad de Jaipur, India; en Lopburi, Tailandia, los monos que estaban acostumbrados a ser alimentados por los humanos, se han visto desesperados por conseguir alimento, como se observa en los videos que circulan en las redes sociales; igualmente en la capital de Nueva Delhi, cohortes de monos se pasean por las calles principales;  cisnes y patos nadando tranquilamente en el río Sena, en París, Francia; también los céspedes y jardines florecientes en las ciudades, permiten que  existan más recursos para abejorros, abejas y mariposas; gansos en estanques de la India; en una zona residencial de Puerto Vallarta, se pudo observar un jaguar realizando un recorrido nocturno;  manadas de leones durmiendo plácidamente  en medio de las carreteras de Sudáfrica.

Los animales en cautiverio también son motivo de preocupación, esto lo ha manifestado el Bioparque Estrella, que requiere, con motivo del Covid19, el apoyo económico de la sociedad para mantener a los animales allí cautivos,  ya  que mantiene cerradas sus puertas a los visitantes, y no cuentan con ingresos suficientes para sostener los gastos de operación del parque temático.

La reflexión sobre la presencia continua de animales silvestres en las calles, nos lleva a cuestionarnos cómo los hemos despojado de sus hábitats, ellos estuvieron antes que nosotros y no hemos mostrado el respeto suficiente por sus espacios naturales; después del confinamiento, los humanos regresaremos a los espacios urbanos y rurales con la naturalidad social que nos caracteriza, sin embargo, con la consciencia de que no somos imprescindibles para la Madre Naturaleza.




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Arturo Delgado Moya

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