Opinión Editorial


100 días


Publicación:26-06-2020

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Ha sido un camino complejo y enriquecedor, lleno de aprendizajes para todos: feligreses y sacerdotes

La próxima semana se cumplirán 100 días de que la Arquidiócesis Primada de México, como muchas otras diócesis del país, suspendió las celebraciones con la presencia de fieles, una situación que se resolvió temporalmente con las transmisiones por internet.

100 días en los que la Iglesia católica mexicana ha transformado sus actividades cotidianas a causa del distanciamiento social que nos exige la emergencia sanitaria que vivimos.

Ha sido un camino complejo y enriquecedor, lleno de aprendizajes para todos: feligreses y sacerdotes. Ambos acostumbrados a un contacto cercano, directo, muy lejos de las plataformas digitales, y que de un momento a otro tuvieron que acudir a YouTube, Zoom, Facebook y Google Meet, entre otras herramientas para mantener los lazos estrechos.

Y no solo fueron las celebraciones ordinarias; también se ha visto afectado el acompañamiento de enfermos y en los funerales, o de los grupos parroquiales. A principios de año, nadie se hubiera imaginado que la Iglesia acompañaría a los familiares de un difunto a través de una red social, y que eso ayudaría a unir a hermanos, primos, padres, hijos y amigos.

Lo mismo ocurre con el sacramento de la Eucaristía, que es el centro de la vida de la Iglesia, y que al ser una celebración por internet también se ha participado en ella de una manera distinta.

Han sido 100 días en que la Iglesia ha buscado un aprovechamiento de las herramientas tecnológicas y visto la necesidad de involucrarse profesionalmente en el conocimiento del lenguaje de internet, pues es ahí donde la pandemia ha enviado la dinámica de la conversación actual.

Antes del Covid-19, la voz de la Iglesia en las plataformas digitales era apenas inicial, y si había retrasado su presencia en tales medios, ahora ha realizado un esfuerzo a toda velocidad por ponerse al día y aprovechar la crisis para tener una presencia más cercana con sus fieles.

Un momento como el que vivimos requiere de una voz que acompañe emocional y espiritualmente a las personas, que les ayude a encontrar sentido a un tiempo marcado día a día por miles de personas que pierden la vida y miles más que son contagiados por un virus que puso en jaque al mundo.

Las Misas por internet no representan una virtualización de la fe, ni mucho menos un modelo al que se le dará prioridad tras la pandemia.

"Esto no es la Iglesia: es la Iglesia en una situación difícil, que el Señor permite, pero el ideal de la Iglesia es estar siempre con el pueblo y con los Sacramentos", dijo el Papa Francisco durante una de sus misas por internet, que concluyeron el pasado 18 de mayo.

Estas transmisiones son una alternativa que permitió reunir a millones de personas ante el cierre de los templos, y que le mandó el mensaje a la Iglesia de que el internet es una vía de comunicación en la que deberá reforzar su tarea.

En algunos estados del país, las celebraciones han regresado a ser presenciales, y así ocurrirá gradualmente en el resto del territorio nacional. Un proceso que durará varios meses y en el que continuarán las transmisiones por internet. Desde ahora, la Iglesia ya visualiza un nuevo reto enfrente, el de aprovechar el camino trazado en las redes para mostrar su cercanía con las personas, particularmente con la población adolescente y joven, que es la principal usuaria de la red, y que en los últimos años se ha alejado de los templos. Todo tiempo de crisis es oportunidad de crecimiento.

Correo: javier@arquidiocesismexico.org



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Javier Rodríguez Labastida

Javier Rodríguez Labastida


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