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Galaxy A51: vuelve el mejor móvil barato de Samsung

Galaxy A51: vuelve el mejor móvil barato de Samsung
En definitiva, el Galaxy A51 lo tiene todo para ser uno de los teléfonos del año.

Publicación:15-02-2020
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El Samsung Galaxy A51 lo tiene todo para convertirse en uno de los mejores teléfonos baratos (o, al menos, asequibles) del año.

El año pasado Samsung únicamente presentó un teléfono en el Mobile World Congress: el Galaxy A50. Parecía un móvil menor para una feria de ese calibre, pero lo cierto es que se convirtió en uno de los mejores dispositivos -y en uno de los más vendidos- de la marca durante 2019. En relación calidad-precio apenas tenía rivales. Ahora llega el Galaxy A51, que sigue la misma estela con un ajustado precio de 369 euros y, salvo sorpresa, será más de lo mismo. La única pega es que Samsung se ha conformado con esto; podría haber sido mucho más.

Donde menos se nota esto en el día a día es en el rendimiento general. Aunque no quiten el hipo al ser mentados, el procesador Exynos 9611 y los 4 GB de RAM se desenvuelven sin problemas y únicamente con aplicaciones muy exigentes se pueden notar pequeños tirones que en ningún caso empañan la experiencia.

La batería de 4.000 mAh tiene la tarea de alimentar estos componentes y una pantalla descomunal. Y no lo hace nada mal. Con un uso moderado podría llegar sin problemas al día y medio de uso. Lo normal -y lo sensato- será que pase por el cargador una vez al día, pero rara vez llegará apurado a este momento. Si es así, la carga rápida permite salir con la mitad del depósito en tan solo tres cuartos de hora.

A esto hay que unir que los 128 GB de almacenamiento con los que cuenta sí están a la altura de su precio y lugar en el mercado (e incluso un poco por encima). En cualquier caso, son ampliables.

Uno de los aspectos que más llaman la atención del Galaxy A51 es que, si bien tiene un tamaño considerable, ni es tan grande como parece ni parece tan grande como es. A pesar de su pantalla de 6,5 pulgadas, en ningún momento da la sensación de tener en las manos algo que está más cerca de un iPad mini que del iPhone 4. Esto se debe principalmente a que el panel ocupa prácticamente la totalidad del frontal y a un peso equilibrado: 172 gramos son bastantes, pero no demasiados.

A la hora de utilizarlo se le notan más los centímetros que los kilos. Que sea posible usar el teléfono con una mano no quiere decir que sea fácil ni cómodo. Llegar, por ejemplo, a una notificación con el pulgar será algo imposible -salvo luxación o exposición a la radiación cósmica- para muchas personas.

A cambio, claro, se obtiene una pantalla perfecta para consumir contenido, ya sean juegos, vídeos de YouTube o incluso series y películas sin tener la sensación de estar forzando la vista ante una pantalla minúscula (principalmente porque no lo es). Se trata de un panel nítido, equilibrado y, eso sí, carente del brillo máximo necesario para poder defenderse en situaciones de mucha luz directa.

La parte trasera la domina un enorme marco con espacio para cuatro cámaras, un flash y hasta un hueco vacío; todo ello, en una disposición de L que resulta tan incomprensible como llamativa... Aunque no necesariamente para mal. En su defensa hay que decir que tampoco había muchas alternativas, si bien esto no hace que su tamaño sea menos descomunal. Hay trabajo detrás y se nota, pero al final al dar la vuelta al teléfono aparece un hueco en el que no hay que descartar que pueda aparcarse un Citröen C3.

El protagonismo de la cámara eclipsa ligeramente el resto de un diseño bastante conseguido. Una mezcla de patrones (diagonales y rayas) y un cuerpo -de plástico- reflectante consiguen una imagen elegante y agradable, con bastante personalidad. Todo esto, por supuesto y en consonancia con cualquiera de sus rivales, dura aproximadamente tres segundos: es el tiempo que tarda en mancharse de huellas.

En lo que respecta al rendimiento, la cámara se comporta como el resto de componentes del Galaxy A51, que, al mismo tiempo, son todos como el pan de un menú del día: está porque tiene que estar y cumple a la perfección con su cometido, pero no es algo que brille si se saca del conjunto y su contexto.

Como decíamos, hay cuatro cámaras, cada una con su función. La principal tiene un sensor de 48 megapíxeles y está acompañada de un gran angular (12 megapíxeles), una cámara para macro (5 megapíxeles) y un último sensor (también de 5 megapíxeles) que sirve para analizar la profundidad.

El resultado es bastante correcto si la luz acompaña, al usar el macro o con el modo retrato (aunque como suele ocurrir con las gamas medias, conviene no abusar del efecto de desenfocado). En condiciones de más oscuridad o al utilizar el zoom se le notan unas carencias para las que tiene 369 convincentes respuestas.

De la cámara frontal es más reseñable su disposición -no hay 'ceja', sino que se coloca en un 'agujero' en la parte superior de la pantalla- que su rendimiento, aunque lo cierto es que el modo de enfoque dinámico -de nuevo, usado con mesura- está bastante conseguido.

El único componente en el que este Galaxy A51 se queda algo por detrás de su predecesor es en el lector de huellas dactilares. Vuelve a estar situado bajo la pantalla, lo que siempre es de agradecer, pero donde el modelo del año pasado brillaba casi hasta deslumbrar, el terminal de este año es la tenue luz de una vela en una habitación con corriente.

Seamos justos: no es que sea malo y funciona muchas más veces de las que falla. El problema es que cada día desbloqueamos el teléfono decenas -si no cientos- de veces y esperamos que esto ocurra de forma inmediata y automática. Si falla, por mucho que sea un porcentaje bajo de las veces, se nota. Lo que mata una relación no es una gran discusión, sino los pequeños detalles del día a día; el amor se rompe de tanto usarlo. Pero hay esperanza.

En este caso el gran gesto romántico es, en cierto modo, una mirada. En concreto, la que hay que dirigir a la pantalla para que se active el sistema de reconocimiento facial, la segunda opción de desbloqueo biométrico que sí funciona a la perfección y supera a terminales muy superiores como el Pixel 4 (que, por otro lado, es catastrófico en este aspecto).

Al activar esta opción es posible indicar si se utilizan gafas normalmente y más tarde se pueden añadir opciones para hacer algo más segura esta opción, que generalmente es menos recomendable que la huella dactilar, como no desbloquear el teléfono con los ojos cerrados.

En definitiva, el Galaxy A51 lo tiene todo para ser uno de los teléfonos (baratos) del año. Sobre el papel, lo es; sobre el cristal -de la bola con la que se ve el futuro-, lo será. El único problema es la sensación de que Samsung ha ido únicamente a por el aprobado porque sabía que partía del sobresaliente. La media de notable solo deja mal sabor de boca porque sabemos que podía haber optado a la matrícula de honor.



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