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Joven Mujer Universitaria


Comparten lazos y profesión

Comparten lazos y profesión
(De izq. a der.) Las hermanas Lilia, Ana Luisa y Claudia Ortega Fierro se reunieron recientemente en campus Monterrey durante la Reunión Nacional de Profesores 2022.

Publicación:23-07-2022
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Las 3 hermanas que son profesoras del Tec.

Las hermanas Claudia y Lilia, son directoras asociadas de dos escuelas del Tec en campus Chihuahua; mientras, Ana Luisa, es profesora de cátedra en campus Aguascalientes.

Un día, Don Miguel le confesó a sus hijas, las hermanas Ortega Fierro, su sueño: ser profesor universitario.

El padre de Claudia, Ana Luisa y Lilia era contador público y desde que se graduó de la Universidad Autónoma de Chihuahua anhelaba dar clases.

Sin embargo, la muerte de su padre hizo que Don Miguel abandonara su deseo para atender el negocio familiar: una refaccionaria automotriz.

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El destino haría que, al crecer, las hermanas Ortega Fierro cumplieran este sueño de su padre a través de ellas al convertirse en profesoras del Tec de Monterrey.

Durante la Reunión Nacional de Profesores 2022 en el campus Monterrey, las hermanas tuvieron oportunidad de reunirse y compartir para CONECTA su historia de vida. 

Se inspiran en el ejemplo de su padre

Hoy, Claudia es directora asociada de la Escuela de Negocios en campus Chihuahua; ahí mismo, Lilia es directora asociada de la Escuela de Humanidades y Educación; mientras, Ana Luisa es profesora de cátedra de la Escuela de Negocios en campus Aguascalientes.

Lilia, llena de nostalgia, recuerda a su padre, quien falleció hace un año.

“Él siempre quiso dar clases en la universidad. Tú sabes que cuando eres maestro te dan una plaza y tienes esa estabilidad que siempre buscaban los boomers, la generación de nuestros papás”.

Sin embargo, Don Miguel tuvo que hacerse cargo de la Refaccionaria Cosmos, ubicada en la capital de Chihuahua.

“Mi papá se hizo comerciante y hasta ahora la familia tiene esa refaccionaria; ahí nosotros vimos los valores del trabajo y del esfuerzo de forma muy viva”, platica Claudia.

“En las vacaciones era levantarnos para ir a la refaccionaria a ayudar, a limpiar, hacer inventario o lo que fuera; es algo que agradezco a mis papás, esa cultura del trabajo que nos enseñaron fue algo que fincó nuestra forma de vida en muchos sentidos”, añade.

Y fue en ese lugar donde, su padre pudo enseñar algo de su profesión: pese a no ser profesor, daba asesorías a sus sobrinos cuando necesitaban ayuda en la escuela, por ejemplo, con las matemáticas.

Desde niñas, independientes, pero también responsables

Debido a que sus papás estaban dedicados la mayoría del día en atender el negocio familiar, las 3 hermanas se volvieron independientes desde muy corta edad, platicó Ana Luisa.

“Nos quedábamos tiempo solas en casa, porque mi mamá y mi papá se iban todo el día a trabajar”, recuerda. “Nunca hubo necesidad de que mis papás se sentaran a hacer tarea con nosotras o a revisar algo de la escuela porque éramos buenas estudiantes”.

“Mi mamá nos decía: ‘Ahora se hacen cargo ustedes, vayan solitas estudiar inglés’; recuerdo que Ana Luisa y yo nos íbamos caminando cuadras y cuadras para ir a estudiar porque en la escuela pública no te daban tanto inglés”, añade Claudia.

Cada una sabía cuáles eran sus responsabilidades del día y aprendieron a cumplir con ellas, dijo Lilia, la menor de las hermanas.

“El tema en la casa era que cada quien tenía que hacer lo que le tocaba; llegábamos de la escuela y teníamos un rol de actividades, como lavar los trastes o barrer, y si no querías hacer algo pues cambiabas, pero las cosas tenían que suceder para cuando llegara mamá”, añadió.

Ana Luisa destaca que eso ayudó para tener una mejor comunicación y organización como hermanas dentro del hogar.

Las une la sangre y su vocación docente

La primera experiencia como educadora de Claudia fue en su propia casa, siendo la mayor descubrió su vocación porque disfrutaba de enseñarle a sus hermanas, recordó Ana Luisa.

“Ella ponía su escuelita en uno de los cuartos y nos enseñaba, tanto así que yo aprendí a leer y escribir antes de entrar a primaria, porque mi hermana me enseñó. Ya en la escuela, Claudia era quien me reforzaba todos los conocimientos”, platicó Ana Luisa.

En su caso particular, Ana Luisa encontró el gusto por la docencia ya como adulta, siempre le apasionaron los negocios e hizo una carrera como consultora que la llevó a viajar por varias ciudades del país, hasta que llegó a establecerse en Aguascalientes.

“Hace 12 años me dijo Claudia: ‘¿Por qué no vas al Tec a ver si puedes dar clases?' Y así fue como me llegó la oportunidad, empecé como maestra en el área de emprendimiento”, dijo Ana Luisa.

Por su parte, Lilia recibió la oportunidad de ser profesora de PrepaTec en campus Chihuahua apenas un año después de terminar la carrera.

“Me acuerdo que me ofrecen entrar a prepa a dar clases de Economía en inglés y yo decía que era un trabajo temporal en lo que encuentro otro’y aquí sigo, muy contenta. Gracias a que trabajé en PrepaTec pude hacer a la par mi Maestría en Estudios Humanísticos”, menciona Lilia.

Se forman en el Tec y ahora son formadoras Tec

Cuando Claudia estaba por terminar la secundaria, su madrina de bautizo trabajaba en un área administrativa del Tec, ella fue quien se acercó con su mamá y le propuso que hiciera el examen de admisión, recordó la mayor de las hermanas.

“Son esas cosas que mi mamá estaba abierta de mente, porque bien pudo haber dicho que no, que cómo en el Tec, pero dijo ‘Sí, que vaya a hacer el examen’ y ahí empezó todo, incluso me dieron una beca”, recordó Claudia.

Formarse en el Tec fue un camino que siguieron las tres hermanas; hicieron PrepaTec y carrera profesional en campus Chihuahua.

Claudia se graduó de Administración de Empresas e hizo una Maestría en Administración; Ana Luisa de Ingeniería Industrial y en campus Aguascalientes hizo Maestría en Administración; y Lilia de Administración Financiera y Maestría en Estudios Humanísticos.

Una curiosidad que platican las hermanas es que cuando Lilia cursaba el inicio de su carrera en el Tec, al igual que cuando eran niñas, Claudia fue su profesora, esa vez, de la clase de Técnicas de Negociación.

“Soy muy orgullosa de haber estudiado en el Tec y ahora de poder trabajar en el Tec, porque realmente creo en su propósito”, señaló Lilia.

"Recuerdo a la maestra Ortega, pero ¿a cuál de las 3?"

Claudia lleva 20 años ligada a la Escuela de Negocios de campus Chihuahua, donde inició como consultora, atrayendo proyectos para estudiantes de profesional, hasta ser directora asociada de esa escuela.

“Ser profesora es una responsabilidad de años y que va hacia el futuro; espero que en años posteriores puedan decir, ‘recuerdo a la maestra Ortega, pero, ¿cuál de las 3?’; sí creo que es una responsabilidad fuerte de hacer lo mejor que puedas al impartir la vida”, añadió Claudia.

Antes de ser directora asociada en la Escuela de Humanidades y Educación del campus Chihuahua, Lilia fue profesora de cátedra de ese campus, en Guadalajara y Querétaro; también, participó en programas internacionales, dando clases en el extranjero como profesora Tec.

“Para mi es como esa parte de la hipoteca social; estoy convencida que contribuyo en algo a esas personas y es muy padre pensar que nosotras tres, desde nuestras trincheras dejamos algo en la gente, aprendizajes que se llevan para toda su vida”, expresó Lilia.

Mientras, Ana Luisa, además de ser profesora de cátedra en campus Aguascalientes, también es consejera de ese campus y es vicepresidenta de la Asociación de EXATEC, todo, a la par de su carrera como consultora y creadora de negocios..

“Al final, todos como seres humanos buscamos trascender y nuestra forma ha sido transmitir a los alumnos formas de pensar o ayudarlos a lograr sus metas; así trascendemos, con aprendizajes que se les quedan y después transmiten” consideró Ana Luisa.

Distancias y edades no importan, ellas siguen unidas

Pese a su diferencia de edades y que la vida las llevó a distintos rumbos, mantienen ese valor de la unidad que desde niñas aprendieron en casa, incluso, a través del juego, lo que al crecer les ha servido para superar desafíos.

Claudia recuerda que uno de los juegos en los que las tres se involucraban era con su colección de Barbies; en su recámara, utilizando libros y otros objetos, montaban toda una ciudad miniatura para sus muñecas.

“Puede ser una cosa muy boba, pero ese juego necesitaba de organización y mucha diligencia; había mucha coordinación y compañerismo, nos quedaba tan bien que incluso dormíamos en otro cuarto para no destruir lo que habíamos armado”, recordó Claudia.

“Somos muy distintas las tres; y con el tema de las Barbies es que cada quién tenía su connotación, pero al final era una de las actividades que hacíamos juntas y pese a que no era tan fácil cuadrar las actividades, por la diferencia de edades, nos divertíamos”, añadió Ana Luisa.

Ya como adultas, gracias a ese valor de trabajar juntas, pudieron superar uno de los retos más complicados de sus vidas, cuando su mamá enfermó de COVID-19.

“Como cuando éramos niñas, nos pusimos cada quien en un papel; yo entré primero a cuidar a mamá en la casa, Ana Luisa se vino de Aguascalientes y aquí pasó la cuarentena, y Lilia estaba fuera de la casa para traer y llevar medicinas o lo se requería”, dijo Claudia.

Hace un año, Don Miguel falleció, sin embargo, dejó el plano terrenal con la satisfacción de ver a sus hijas como educadoras, impactando en la formación y en la vida de jóvenes hacia el futuro.

Tiempo atrás, mientras que Lilia se encontraba de visita en la refaccionaria de su familia, escuchó de su padre algo que siempre llevará en su memoria:

"Hija, yo siempre quise ser profesor y me da muchísimo gusto que mis tres hijas hayan terminado siendo maestras', finaliza Lilia.



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