UE, efectos colaterales de una pandemia

UE, efectos colaterales de una pandemia
La próxima semana los Jefes de Estado y de gobierno de la UE volverán a celebrar una videoconferencia

Publicación:22-03-2020
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La ansiedad ante lo impredecible ha llevado a la gente a voltear a ver a sus dirigentes en la búsqueda de un líder que los guíe en la guerra contra un enemigo


BRUSELAS, Bélgica.- De pronto, sin querer, los gobiernos centrales de las capitales de Europa han reinstaurado su autoridad frente a los ciudadanos.
La ansiedad ante lo impredecible ha llevado a la gente a voltear a ver a sus dirigentes en la búsqueda de un líder que los guíe en la guerra contra un enemigo misterioso importado desde fuera; unos 8 mil kilómetros separa a Berlín de la ciudad china de Wuhan, epicentro de la amenaza conocida como Covid-19. Sin reclamar, están aceptando nuevas reglas en nombre de limitar el impacto del coronavirus; algunas de ellas inéditas en época de paz, como ha sido el cierre de las fronteras externas de la Unión Europea (UE) al menos por 30 días.
La población demanda unidad ante la enfermedad, no el juego sucio que caracteriza a una clase gobernante que parecía había perdido la brújula ante el avance de las fuerzas de extrema derecha.
Está el caso de Italia, en donde Giuseppe Conte ha dejado de ser el outsider profesor de leyes que sin previa experiencia política llegó a la Presidencia del Consejo de Ministros. El jurista se ha convertido en el personaje al que los italianos han depositado su confianza para sacarlos de una pandemia que se ha cobrado en el país más de 2 mil 500 vidas. El coronavirus ha aplacado momentáneamente los nacionalismos, los separatistas flamencos súbitamente le están haciendo caso al gobierno federal belga.
Igualmente está doblando hasta a los políticos más radicales, al llevarlos a pactar acuerdos hasta hace días improbables. El limbo gubernamental en el que se encontraba Bélgica, desde el colapso de la coalición del Ejecutivo en diciembre de 2018, finalmente recibió su respiro el pasado martes, cuando el rey Felipe dio su visto bueno a un gobierno temporal para hacer frente al brote de coronavirus. La primera ministra, Sophie Wilmes, cuenta con todos los poderes por un periodo de seis meses. La pandemia además ha aplacado los movimientos de presión. El confinamiento declarado en Francia ha forzado el repliegue de los chalecos amarillos que previamente habían realizado 70 actos de protesta en contra de las políticas del presidente Emmanuel Macron. Los europeos repentinamente también están mirando hacia Bruselas. Se preguntan qué puede hacer la Unión Europea para limitar la propagación del virus, contener el desabasto de equipo médico, encontrar un antídoto y aliviar los impactos socioeconómicos de la crisis del coronavirus.
Desbarata Schengen. Sin embargo, el espíritu comunitario despertado por el coronavirus es ante todo a escala nacional, no continental.
La amenaza que representa el misterioso virus ha llevado a numerosos países miembros del espacio económico europeo a implementar medidas unilaterales dirigidas a restringir uno de los mayores logros del proyecto comunitario, el paso libre de ciudadanos entre países vecinos. Son 10 los países europeos los que hasta el miércoles habían notificado oficialmente a la Comisión Europea la reinstauración temporal de controles fronterizos en el contexto de la lucha contra el coronavirus. Noruega, Dinamarca y Lituania se han atrincherado completamente; Estonia ha cerrado su espacio aéreo, marítimo y el cruce terrestre con Letonia; Alemania puso candado a sus fronteras terrestres con Dinamarca, Luxemburgo, Francia, Suiza y Austria; en tanto que Polonia no permite el paso por Alemania, Eslovaquia, República Checa y Lituania.
Suiza ha suspendido su comunicación terrestre con Italia, la República Checa selló su espacio aéreo y sus conexiones con Austria y Alemania. Hungría no deja pasar a nadie procedente de su frontera con Austria y Eslovenia, en tanto que Austria aplica el mismo antídoto a Italia, Suiza y Liechtenstein.
Previo a la epidemia del coronavirus, el historial de Schengen registraba sólo casos asilados de suspensión provisional.
Por ejemplo, durante la avalancha de migrantes sin precedentes registrada en 2015, varios países, entre ellos Hungría y Austria, introdujeron controles en sus fronteras con otros estados miembros de la Unión en un intento por frenar los flujos de personas irregulares.
Otros países, como Dinamarca, Suecia, Francia, Austria y Alemania, han reinstaurado de manera muy puntual sus controles fronterizos, principalmente en contextos de operativos contra el contrabando, el terrorismo y la migración clandestina, de acuerdo con un análisis elaborado por Costica Dumbrava, del Servicio de Investigación del Parlamento Europeo (EPRS, por sus siglas en inglés).
Un estudio elaborado en 2016 por un equipo de expertos encabezados Andrew Lilico, director Ejecutivo de Europe Economics, estimó la suspensión de Schengen por un periodo de dos años entre 25 y 50 mil millones de euros; en caso de supresión indefinida, el costo ascendería entre 100 mil y 230 mil millones en 10 años.
La próxima semana los Jefes de Estado y de gobierno de la UE volverán a celebrar una videoconferencia para evaluar la crisis y tratar de conservar los principios de colectividad y solidaridad amenazados por el nuevo coronavirus.


« El Universal »