Enfrenta China nuevo brote de Covid-19

Enfrenta China nuevo brote de Covid-19
El mayor rebrote fue el que infectó recientemente a más de 330 personas en Beijing.

Publicación:18-07-2020
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Dice Comisión Nacional de Salud que en las últimas 24 horas se identificaron 16 nuevos casos de coronavirus en la región de Xinjiang

Beijing, China

El número de casos confirmados en un nuevo brote de Covid-19 en el extremo occidental de China subió a 17 personas.

La Comisión Nacional de Salud dijo el sábado que en las últimas 24 horas se identificaron 16 nuevos casos de coronavirus en la región de Xinjiang, además del primero que lo contrajo.

El brote en la ciudad de Urumqi fue el último en aparecer luego de que China contuvo en gran medida la propagación doméstica del virus en marzo. El mayor rebrote fue el que infectó recientemente a más de 330 personas en Beijing.

Las autoridades de Urumqi han reducido el número de metros, autobuses y taxis operativos y aislaron algunas comunidades residenciales, según reportes en medios chinos. Además restringieron las salidas de la ciudad, incluyendo la suspensión del servicio de metro al aeropuerto.

China ha sido acusada de cometer abusos de los derechos humanos en Xinjiang, el lugar de origen de la comunidad étnica musulmana uigur. La región lleva tiempo sometida a extremas medidas de seguridad que Beijing califica de necesarias para evitar actividades terroristas.

Por otra parte, Corea del Sur reportó el sábado 39 nuevos contagios del virus, la mayoría de ellos importados desde el extranjero, para un total nacional de 13 mil 700, con 294 decesos, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades.

Al menos 28 de los nuevos casos estaban relacionados con llegadas desde el extranjero, explicó añadiendo que otros 18 se registraron en la densamente poblada zona metropolitana de Seúl, que está en el centro de un rebrote que comenzó a finales de mayo luego del alivio de las restricciones.

Las autoridades sanitarias apuntaron que los casos de Covid importados suponen una amenaza menor que los de transmisión local, ya que los primeros pueden detectarse con la prueba y la cuarentena de dos semanas, obligatorias para quienes entran al país.

"Conmigo o contra mí, el riesgo al que nos lleva el miedo al Covid"

La adaptación a la "nueva normalidad" no será una tarea fácil. Con la amenaza del coronavirus latente y el temor a un nuevo rebrote, los ciudadanos tendrán que acatar reglas de convivencia inéditas, lo que dará lugar a una realidad mucho más áspera, que se prolongará hasta el descubrimiento de una vacuna contra el Covid-19.

Los protocolos de seguridad se mantendrán durante un tiempo indeterminado y servirán para modificar espacios públicos y privados, rediseñar fronteras sociales y ejercer una mayor vigilancia, a nivel social e individual. Todo ello, a fin de garantizar una salubridad que estará en riesgo permanente hasta que confluya oficialmente la pandemia. Todo indica que una parte de la población, al menos transitoriamente, se volverá más conformista, menos comunicativa, según los expertos. El uso del cubrebocas y la sana distancia que de manera instintiva guardarán muchos ciudadanos, aunque la pandemia esté controlada, dificultarán la interacción. La mayoría de la gente adoptará mecanismos de respuesta y será capaz de gestionar la nueva normalidad, pero habrá sectores sociales que se volverán más endogámicos y aprensivos; incluso, más intolerantes.

"El instinto de supervivencia a veces conduce a reacciones agresivas. Es algo que forma parte de todas las especies. Todo va bien mientras no se ponga en cuestión nuestra propia integridad. Vamos a ver cómo somos capaces de reaccionar cuando nos sintamos amenazados, simplemente por la posibilidad de que alguien esté infectado y pueda poner en riesgo nuestra salud", señala Antoni Calvo, sicólogo y director del Programa de Protección Social del Colegio de Médicos de Barcelona.

"Una de las lecciones que deberíamos aprender a todos los niveles, es poner en práctica lo que yo llamo la intención de querer estar bien con el otro. Si no, existe el riesgo de radicalizarnos: estás conmigo o estás contra mí, estás infectado o estás inmunizado, eres blanco o eres negro, tienes recursos o no los tienes (...) Ya estamos de algún modo en esa tendencia y deberíamos intentar desactivarla", agrega el director de la Fundación Galatea, que desarrolla diversos programas de prevención y promoción de la salud.

La nueva normalidad también traerá una sobredosis de vigilancia y exigirá mayor disciplina. En lugares de esparcimiento, dependiendo de los criterios que manden en cada país, se instalarán cámaras de seguridad para comprobar los niveles de aforo y evitar las aglomeraciones. En algunas playas, plazas y parques públicos se delimitarán gráficamente las áreas de descanso, para mante-ner la distancia de seguridad y establecer el número de personas que pueden permanecer en las mismas, lo que inhibirá las relaciones más allá de los círculos cercanos.

Las autoridades también podrán demandar a entidades, establecimientos y medios de transporte que hagan un rastreo de sus usuarios, para recabar información relativa a la identificación de las personas potencialmente afectadas. Los datos pueden ser requeridos por los responsables sanitarios para el seguimiento y la supervisión epidemiológica.

"Esta tendencia al control hace tiempo que se ha incrementado. Ahora nos van a controlar por la temperatura, por la distancia social. Hemos entrado en una vorágine que yo espero que cuando la evolución del virus sea favorable seamos capaces de reconsiderar y resituar, porque estamos en una espiral realmente peligrosa, que me hace pensar en una eclosión social, con gente protestando en las calles. No nos pueden tener sujetos demasiado tiempo", advierte el especialista.

El saludo de mano y beso, el abrazo, y otras muestras de afecto, seguirán resintiéndose en la nueva realidad ante el temor al contagio, lo que podría contribuir a enfriar temporalmente las relaciones, incluso en el ámbito familiar.

"Nos va a afectar, sin duda, pero no se puede generalizar. Va a depender de la personalidad de cada uno, de los recursos de los que disponga y del entorno en el que se mueva. La clave reside en saber cómo me está afectando y si soy consciente de ello y, antes de sufrir más emocionalmente, me pongo en contacto con algún profesional para poderlo compartir y que evalúe cómo me encuentro”, recomienda. La represión de las muestras de afecto que impondrá la nueva normalidad afectará especialmente a las sociedades más efusivas, como las latinas.

"Las nuestras son sociedades de contacto físico y visual. No somos sociedades nórdicas, somos sociedades calientes y nos va a costar más. Muchos abuelos están teniendo serias dificultades para poder expresar su afecto a los nietos. Están sufriendo muchísimo y con el estigma añadido de ser personas de mayor riesgo. Es algo de difícil manejo, pero ya sea por teléfono o por videoconferencia tenemos que expresar lo que sentimos, expresarlo claramente. Hay que canalizar ese deseo y hacerlo por los canales disponibles".

Los profesionales del ámbito de la salud mental, entre ellos sicólogos y siquiatras, van a tener una presencia mucho mayor a nivel social. El estrés sostenido, el insomnio y la irritabilidad, son tres de los factores que deberían inducir al afectado a consultar a un profesional.

"El reto a medio plazo no es sólo tecnológico, sino también relacional, es decir, tratar de estar bien con las personas con las que uno se relaciona. Suena entre poético y moralista, pero es algo clave. Si yo trato bien al otro, tengo más posibilidades de que me trate bien a mí. Y algo tan simple como eso, debemos intentar ponerlo en práctica cada día. Las relaciones no funcionan solas, hay que cuidarlas, mejorarlas", indica.

El ambiente laboral, también cambiará sustancialmente. "El titular de la actividad económica o, en su caso, el director de los centros y entidades adoptará las medidas para evitar la coincidencia masiva de personas en los centros de trabajo durante las franjas horarias de previsible mayor afluencia", señala la normativa que en España deberá aplicarse en fábricas y oficinas y que será parecida a la de otros países europeos. La reordenación de los puestos de trabajo, la organización de los turnos laborales y el mantenimiento de la distancia de seguridad interpersonal son otros de los requisitos. Si la separación física no fuera posible, los empleados tienen que disponer de material de protección adaptado al riesgo.

"Además, se mantendrán las medidas de prevención e higiene actuales y la limpieza y desinfección del espacio al menos dos veces al día, así como la organización de la circulación de personas para reducir los contactos entre los compañeros de trabajo", indica el gobierno español en referencia a unas medidas que serán similares a nivel internacional. El teletrabajo, que aumentó exponencialmente durante el confinamiento, seguirá siendo potenciado, lo que desplazará las relaciones propias de la socialización laboral.

"Se van a dificultar las relaciones laborales convencionales, pero en paralelo están avanzando de algún modo las relaciones clandestinas, puntuales, para constatar que el otro sigue ahí. La distancia no solo genera olvido; también crea deseo", matiza el sicólogo. La nueva normalidad estimulará un mayor interés de los ciudadanos por la salud en general, tanto física como mental.

"Va a ser un valor en alza. Vamos a estar muy pendientes de nuestra salud, sobre todo tras pasar por esa experiencia traumática de tener un virus, que es algo invisible, que nos ha confinado, que está por ahí dando vueltas y del que lo desconocemos casi todo. Esto va a condicionar nuestra forma de vida: dónde vamos, con quién, qué podemos tocar. Todo el tema tecnológico y virtual va adquirir una dimensión mucho mayor de la que ahora tiene", asegura el terapeuta. No obstante, a pesar de las trabas, la mayoría de los ciudadanos encontrará fórmulas para seguir contactando con los otros.

"Hay algo consustancial a la naturaleza humana y es la necesidad del contacto emocional (...) el contacto físico, el contacto ocular, el sentir y el compartir. No hay mascarillas que nos impidan vernos y hablarnos. Nos va a condicionar [la nueva normalidad] en muchas cosas, pero menos de lo que imaginamos".

Nuevos estudios clarifican tratamientos para el Covid-19

Nuevos estudios han comenzado a brindar más información sobre cuáles tratamientos son o no efectivos para el COVID-19, con métodos de alta calidad que dan resultados confiables.

Científicos británicos publicaron el viernes sus estudios sobre el único medicamento hasta ahora que ha mejorado la supervivencia: un esteroide barato llamado dexametasona. Otros dos estudios concluyeron que la droga antimalárica hidroxicloroquina no ayuda a las personas con síntomas moderados.

Durante meses, antes de estudios como éstos, entender qué ayuda o qué causa daños ha sido obstaculizado por “la ciencia de la desesperación”, ya que médicos y pacientes probaban terapias por su cuenta o con estudios no lo suficientemente sólidos para ofrecer respuestas claras.

“Para avanzar y que los resultados de los pacientes mejoren, tendrá que haber menos estudios pequeños o no concluyentes" y más estudios como el británico, escribieron los doctores Anthony Fauci y H. Clifford Lane, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, en la revista New England Journal of Medicine.

Es hora de hacer más estudios que comparen combinaciones de tratamientos y pruebas, dijo el doctor Peter Bach, experto de políticas de salud en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center en Nueva York.

A continuación, algunos avances recientes relacionados con tratamientos:

DEXAMETASONA

El estudio británico, liderado por la Universidad de Oxford, examinó un tipo de esteroide muy usado para combatir inflamaciones, algo que se puede volver severo y resultar fatal en las fases avanzadas del COVID-19.

Unos 2.104 pacientes que recibieron el fármaco fueron comparados con 4.321 pacientes que recibieron la terapia usual.

El medicamento redujo en 36% las muertes de pacientes lo suficientemente enfermos para necesitar respiradores artificiales: 29% de los que recibieron el fármaco murieron, comparados con 41% de los que recibieron la terapia usual. La dexametasona redujo en 18% el riesgo de muerte en pacientes que solamente necesitaron oxígeno suplementario: 23% de los que recibieron el esteroide murieron, comparados con 26% de los otros.

Sin embargo, pareció causar daños en las fases iniciales y moderadas de la enfermedad: 18% de aquellos que recibieron la dexametasona murieron, comparados con 14% de los que recibían el cuidado usual.

Aclarar quiénes se benefician y quiénes no “probablemente resultará en salvar más vidas”, escribieron Fauci y Lane.

HIDROXICLOROQUINA

El mismo estudio de Oxford examinó también la hidroxicloroquina de forma rigurosa, y los investigadores dijeron previamente que no ayudó a los pacientes hospitalizados con COVID-19.

Luego de 28 días, 27,5% de los pacientes con hidroxicloroquina habían muerto, comparados con 23,5% en la terapia usual, una diferencia tan pequeña que pudiera haber ocurrido por casualidad.

Ahora, los detalles publicados en un portal de investigaciones para científicos muestran que el fármaco podría haber causado daño. Los pacientes que recibieron hidroxicloroquina tuvieron menos probabilidades de dejar el hospital con vida en un periodo de 28 días: 60% para los que recibieron el fármaco y 63% para los que estaban en la terapia usual. Aquellos que no necesitaban ayuda para respirar cuando comenzaron a recibir el tratamiento corrieron más riesgo de terminar conectados a una máquina o muertos.

Otros dos experimentos concluyeron que el tratamiento temprano con la droga no ayudó a los pacientes externos con síntomas moderados de COVID-19.

Un estudio realizado a 293 personas de España, publicado en la revista Clinical Infectious Diseases, no halló diferencias significativas en la reducción de la carga viral que tenían los pacientes, el riesgo de empeorar y requerir hospitalización, ni en el tiempo de recuperación.

Un estudio similar efectuado por médicos de la Universidad de Minnesota, y publicado en la revista Annals of Internal Medicine, a 423 pacientes moderadamente enfermos con COVID-19 halló que la hidroxicloroquina no reducía sustancialmente la severidad de los síntomas y ocasionaba más efectos secundarios.

“Es momento de dejar” de atender a pacientes con este medicamento, escribió el doctor Neil Schluger de la Universidad Médica de Nueva York en un comentario en la revista.

REMDESIVIR

La única otra terapia que se ha demostrado que ayuda a pacientes con COVID-19 es el remdesivir, un antiviral que acorta la hospitalización en cuatro días en promedio.

“El papel del remdesivir en el COVID grave es el que ahora tenemos que averiguar”, escribió Bach del Memorial Sloan Kettering en un correo electrónico, y dijo que ahora el medicamento debe probarse en combinación con la dexametasona.

Los detalles del estudio de remdesivir encabezado por el gobierno todavía no se han publicado, pero los investigadores están ansiosos por ver cuántos pacientes recibieron otros medicamentos, tales como esteroides o hidroxicloroquina.

Mientras tanto, Gilead Sciences, la compañía que produce el remdesivir, que ahora es suministrado de forma intravenosa, ha comenzado a probar una versión inhalada que permitiría que sea probado en pacientes menos enfermos para intentar evitar que empeoren como para necesitar ser hospitalizados. Gilead también comenzó a probar el remdesivir en un grupo pequeño de niños.

Los suministros son muy limitados, y el gobierno federal está asignando dosis a hospitales hasta septiembre.



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