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El enemigo del cine es la prisa: Ripstein

El enemigo del cine es la prisa: Ripstein
“Siento muchísimo que un bicho volador y contagioso me haya impedido estar con ustedes”, comenta Ripstein a través de una videollamada

Publicación:25-08-2020

TEMA: #Cine  

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El Festival de Málaga premia al director mexicano, que presenta el filme “El diablo entre las piernas”

Málaga, España.- El coronavirus ha provocado que la mayoría de los planes de este 2020 hayan cambiado, incluso los de Arturo Ripstein. El director tenía previsto coger un avión desde su ciudada natal, Ciudad de México, hasta Málaga para recoger el premio Retrospectiva que le entregó ayer el Festival de Cine de Málaga y presentar, además, su última película, «El diablo entre las piernas», un retrato del deseo sexual en la vejez. 

«Siento muchísimo que un bicho volador y contagioso me haya impedido estar con ustedes», comenta Ripstein a través de una videollamada dirigida por Juan Antonio Vigar, director del certamen. Lleva 160 días sin salir de casa. «Está siendo una durísima prueba. De momento, hemos evitado la violencia doméstica», añade entre risas. En cámara también aparece la escritora y guionista Paz Alicia Garciadiego, esposa y cómplice.

Su sentido del humor es áspero, como la mayoría de las tramas de sus películas, y su mirada, precisa. «Empecé siendo un cinéfilo rabioso cuando tenía que ir a ver las películas al cine. Esto me lo ha molido el comercio y la prisa, el enemigo del cine es la prisa. Hay quien me ha dicho que mis películas son lentas. Yo les digo que lo que ocurre es que no tenía prisa cuando las hice», confiesa el director de «Profundo Carmesí».

Con sus películas, de las que se siente orgulloso y de las que no, ha intentado «encontrarse». «En una reunión familiar, cuando apenas tenía 13 años, me dijo mi tía que tenía que empezar a buscarme a mí mismo ahora que me estaba haciendo mayor, ¡como si yo no estuviera ya ahí! Tenía razón, pero lo único que consiguió fue meterme en un laberinto de enigmas muy complejos y difíciles de aclarar. Llevo 62 años buscándome y no lo he logrado», apunta. Lo que sí encontró fue su vocación.

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Creció en estudios de cine y rodajes cinematográficos, a los que acudía como acompañante de su padre, el productor Alfredo Ripstein Jr. «Fue muy complicado conseguir mi primera película. Cuando le dije a qué quería dedicarme, a mi padre le dio un espasmo, como si le hubiese dicho que quería ser traficante de drogas», recuerda. 

«Lo que he cumplido estos años es con una vocación firme, que me ha dejado muchos momentos de júbilo, pero aún más de fracaso y dificultad. A fin de cuentas, las carreras de cine se hacen con el talento que uno tenga y la suerte. Yo he contado con buena suerte. Quizá no la que quería, pero sí que he tenido. Eso me ha llevado a ser quien soy, que no es quien quería ser», reflexiona el que fuese aprendiz de Luis Buñuel. 

Tras la llamada, vuelve a trabajar en un antiguo guion que nunca llegó a rodar.



« Redacción »
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