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Las siete décadas de Mario Arturo Ramos


Publicación:16-12-2019
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El poeta y letrista de canciones Mario Arturo Ramos, toda una institución en la música popular, cumple hoy siete décadas de vida.

 

 Distanciado ya de la Sociedad de Autores y Compositores por motivos ya insostenibles, el cancionero no deja de ofrecer talleres y repartir con los que se dejen su vasta experiencia creadora…

  

Las cuatro vertientes de la canción

 

Nacido en Querétaro el 15 de diciembre de 1949, Mario Arturo Ramos es curiosamente un hombre del norte de la República. En Tijuana, por ejemplo, siempre lo recuerdan como de los pioneros de los talleres literarios.

      ¿Primero fueron las letras y luego su musicalidad interior?

      La fusión de la poesía y la melodía en la construcción de la canción es eterna. Me parece que a lo largo de la ancestral historia de esta expresión artística del hombre sus caminos se unen, se separan, se vuelven a unir en un movimiento sin fin. Una muestra reciente es el reconocimiento literario a un autor/compositor: Bob Dylan. Claro, en mi oficio de autor de canciones primero fue la poesía, textos que en los primeros pasos por la canora expresión se convirtieron en canciones, con música de Guadalupe Trigo: “Mi poeta de Cristal”, “Gabriela Mistral”, “Con la música en las manos”, y con melodía de Felipe Bojalíl Garza: “Oda a una niña”. Fueron noches tijuanenses de final de la primavera de 1972. En ese entonces participaba en el Taller de Poesía de la Universidad Autónoma de Baja California junto a talentosos poetas emigrantes / oriundos, navegaba entre metáforas, figuras, ritmo, poemas en el inicio geográfico de América Latina.

      “Como ya he señalado, mi acercamiento a la música fue con los acordes encantados que brotaban de la guitarra mágica de Trigo y las melodías de Felipe. Mi acercamiento a la canción popular fue veloz y lleno de intensas vivencias. Descubrí que en ella existían cuatro vertientes principales.

      “La canción artística, la que responde y obedece a reglas estéticas, como todo arte. Como todo resultado artístico, poco le importa si es popular o no. Lo que es fundamental es su ceración, ejecución, interpretación, que tiene que ver con la belleza. Es posible que sea la menos reconocida; sin embargo, creo que su existencia es vital, que sin ella las otras tres tendencias perderían esencia.

      “La canción educativa, la que comparte conocimientos o enseña procesos elementales. Ejemplos: dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis… o las que enseñan otros idiomas: pollito / chicken, gallina… He pensado en la necesidad de tener un estudio estadístico de cuántos con el rock and roll aprendieron inglés y otros idiomas.

      “La canción testimonial o histórica, como los corridos, o las canciones de la República Española, o la panfletaria, por sólo mencionar algunas ramas. Ellas cuentan lo que la historia oficial no hace, entonces puede tener pocos valores, estéticos o educativos, pues lo que la distingue es su fuerza narrativa.

      “Y la cuanta, que en los últimos cien años ha predominado, es la canción industria o espectáculo, cuyo único fin es vender, satisfacer a una sociedad de consumo alentada por los medios de difusión: radio, televisión, cine, Internet, etcétera. En esta modalidad no importan valores estéticos, educativos, narrativos/históricos. Su existencia se mide por las ventas, y una industria poderosa económicamente y de plazas de trabajo dicta su quehacer”.

 

Los gremios insolidarios

 

En los años setenta el mundo de la composición en México lo dirigía, como si fuera un cacique, Carlos Gómez Barrera. Nadie se le oponía, excepto gente como Raúl Lavista, Guadalupe Trigo o usted. La lucha fue ardua, incluso la muerte de Guadalupe Trigo, en 1982, fue en circunstancias muy extrañas. Usted ha sido golpeado literalmente por estas fuerzas oscuras del sindicalismo oficial…

      Los gremios que agrupan a creativos, llamados sociedades autorales, viven en medio de dos visiones que marcan su existencia.  Pocas instituciones escapan a la controversia entre los que los consideran empresas de cobranzas y los que plantean que deben ser entidades colectivas que tengan como fin el mejoramiento de sus agremiados y de la cultura nacional. Se ha impuesto (desde la época que citas de Gómez Barrera, director general de la SACM) la de ser una empresa.  En el choque de estas dos posiciones la vida me colocó del lado de los que creían en el gremio. Ellos: Lavista, Pepe de la Vega, Trigo, Alfonso García y otros, y, como tal, receptor fui de presiones y otras calamidades

 

 

 

Las posibilidades comunicantes

 

En efecto, las puertas de la Sociedad de Autores y Compositores de México se cerraban con brusquedad a todo aquel que se opusiera a la dirigencia que había puesto (impuesto) sus límites de tolerancia. Mario Arturo Ramos no era bien visto por aquellos lares (a un costado de la Cineteca nacional en la Ciudad de México), entonces.

      Con Roberto Cantoral se prosiguió el mismo camino usado por Gómez Barrera en la Sociedad de Autores y Compositores de México. Usted de nuevo fue maltratado. ¿El orbe de la música en el país tiene también sus raíces ancladas en la vieja práctica de la corrupción?

      A principio del tercer milenio y después de acuerdos de asambleas represoras y de múltiples pasajes judiciales, decidí dejar de ser socio (por suspensiones de mis derechos, expulsiones, juicios, tal y tal) de la entidad autoral. Pensé que sería raro que en un sistema nacional que era denunciado por haber creado formas de corrupción inimaginables, la entidad estuviera alejada del poder. Pero no. Bajo esta perspectiva, entonces eran lapidarios los votos del compositor Juventino Rosas, quien falleció en el siglo XIX pero en los noventa del siglo pasado votó a favor de las propuestas del presidente de la mesa directiva de la SACM… ¡para sancionarme! Entonces llegó el momento de dejar a un lado la vida societaria y su forma de administración; cambiar de aires, buscar otros caminos. Desde luego, confío en que el espíritu solidario de los que lucharon contra los “líderes” inamovibles del pasado reciente continúe en socios que quieran preservar la libertad de expresión, el pago justo de sus regalías de autor que cobre la entidad sin descuentos onerosos, y de forma transparente, reducir el alto salario a directivos y ejecutivos y aplicar medidas austeras a los gastos ostentosos de representación, y que los ahorros sean en beneficio de la cultura nacional en la rama que le toca, la música. Sueño guajiro. Porque una constante, en la mayoría de creadores, intérpretes y ejecutantes, es la competencia por alcanzar fama y reconocimiento público.    

      “Con Trigo hice mucha obra. Mi repertorio cuenta con más de 50 canciones con su coautoría, todas para mí inolvidables: ‘¿La Infancia’, ‘¿Te lo juro, corazón’, ‘Es mejor así’, ‘Caminos de mi pueblo’, ‘Te apuesto lo que quieras’, ‘Marisa’, ‘Guillermina’, ‘¿De qué te sirve la tristeza?’,  ‘Amor, te extraño’, ‘El hombre público’, ‘Este amor’… y ufff…

      “Con otros compositores tengo la suerte de compartir canciones. Menciono algunos: Arturo Cipriano, Roque Carbajo, Eduardo Magallanes, Kiko Campos, Mario Patrón, Jesús Monárrez, Federico Víctor, Sergio Esquivel, Alejandro Corona, Chamín Correa, Alberto Ángel El cuervo, Roberto Cárdenas, Jorge Casarín Budiño, Ignacio González Murillo, el ya mencionado Felipe Bojalil Garza, Benito Castro, Lucho Neves… Me gusta mucho el ambiente cancioneril, su atmósfera, sus historias, su posibilidad comunicante que rompe lógicas y predicciones. Entonces al cumplir siete décadas continúo enamorado de la poesía y de la canción popular”.



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