El primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, anunció ayer que dejará su cargo tras menos de un año en el poder, presionado por las derrotas sufridas por su partido en las elecciones legislativas que le hicieron perder la mayoría en ambas cámaras del Parlamento.
La dimisión abre un periodo de incertidumbre política en un país golpeado por la inflación y las tensiones comerciales con Estados Unidos.
Ishiba, de 68 años, asumió como líder del Partido Liberal Demócrata (PLD) en septiembre de 2024 y automáticamente como jefe de Gobierno, después de varios intentos fallidos de alcanzar la dirigencia.
Prometió "crear un nuevo Japón", revitalizar las zonas rurales y enfrentar la disminución poblacional, pero su gestión quedó marcada por los fracasos electorales. "Ahora que las negociaciones sobre las medidas arancelarias estadounidenses concluyeron, creo que es el momento adecuado. He decidido dar un paso al costado y dejar espacio a la próxima generación", añadió.
En octubre de 2024, en elecciones a la Cámara Baja, el PLD y su socio Komeito obtuvieron sus peores resultados en 15 años, perdiendo la mayoría parlamentaria.
Medios como Asahi Shimbun subrayaron que no pudo resistir la presión de figuras influyentes como el ex primer ministro Taro Aso y otros dirigentes, quienes le reprochaban los descalabros electorales.
En los últimos días, la presión se incrementó tras la dimisión de cuatro altos cargos del partido, incluido el secretario general Hiroshi Moriyama.
El mandato de Ishiba debía extenderse hasta septiembre de 2027, pero las voces dentro del partido exigían elecciones anticipadas para renovar el liderazgo, lo que en el sistema parlamentario equivale a una moción de censura.