Un solo Nuevo León

Corría el año de 1991 cuando Mauricio Fernández Garza se refirió a la necesidad de un solo San Pedro.

"La prioridad es la gente necesitada. Sabemos que San Pedro es un lugar de contrastes. Promovemos el esfuerzo de los que más pueden con los que menos tienen. ¡Basta de los sampetrinos de un lado del río y los del otro! Aquí hay un solo municipio".

Corría el año de 1991 cuando Mauricio Fernández Garza se refirió a la necesidad de un solo San Pedro; frase que más adelante retomarían y harían propia otros alcaldes sampetrinos y con la que comenzó la historia de, si me permite, la "nueva" fisonomía de la ciudad: servicios básicos en las colonias que carecían de ellos, pavimentos, iluminación, tenencia de la tierra, sentido de identidad para los residentes de zonas menos favorecidas. Así, poco a poco, ese sueño se hizo realidad.

Era reciente aún el tema de los damnificados del huracán Gilberto, había que sentarse a negociar con las centrales obreras debido a la invasión de terrenos.  Se atendió el tema de los grandes parques y se fomentó la participación ciudadana cuando eran temas que no estaban siquiera en el radar.

Logró acuerdos con particulares para lograr mejores vialidades como lo es hoy Alfonso Reyes, visualizó e hizo realidad las Calzadas, dio el primer paso para Valle Oriente y se puso sobre la mesa, al menos en el papel, el Túnel de la Loma Larga.

De antemano me disculpo si pareciera que Mauricio es tema recurrente de escritura, pero expongo mis argumentos: el primero, porque cada vez estamos más cerca de las elecciones y honestamente, me gustaría ver replicados nuevos liderazgos y ejercicios de gobierno y gobernanza como los del edil sampetrino, o incluso mejores.

Segundo, porque recientemente, me tocó escuchar a otra ex alcaldesa de San Pedro, Tere García de Madero, hablando ante una gran congregación sobre las cosas que se han hecho, como las instituciones que favorecen a la familia, la erradicación de cacicazgos lo mismo en San Pedro que en Santa Catarina, por citar ejemplos, todo ello en aras de un mejor futuro.

"No hay nada que no podamos lograr si lo deseamos realmente y trabajamos por conseguirlo", dijo en un evento donde, dicho sea de paso, recibió un pequeño homenaje por su trayectoria política.

Así como un día Mauricio soñó un San Pedro más próspero y trabajó durante cuatro administraciones para acercarlo a esa visión –de la mano de muchos ediles más, aclaro- ¿por qué no soñar con un Nuevo León más igualitario, con auténtica movilidad, con obras que nos hagan enamorarnos de este terruño?

Soñar, pensar, planear, proponer y si el voto favorece, cumplir la palabra empeñada. La fórmula, por sí misma, parece sencilla, pero se necesita harta fuerza de voluntad para ponerla en marcha.

Mauricio decía que solo tenía dos compromisos: uno, con el partido que lo postuló, para servir y el otro, con los habitantes para tratar a todos por igual.

Aunque me he referido al caso de San Pedro tomando algunos datos del último informe de gobierno de Fernández en el periodo 1989-1991, el ejercicio debería ser inspiracional para todo aquel con anhelos de llegar al servicio público a través de las urnas.

Servir, no servirse. Cumplir, no simular. Tratar a todos por igual, no hacer diferencias. Ese es el deber ser.

 "El país ya no tolera gobiernos paternalistas. El pueblo es quien manda, no el funcionario público, por lo tanto, la comunidad debe exigir a la autoridad responsabilidad y respeto", es una frase tomada del mismo documento y que 35 años después sigue tan vigente como en aquel entonces.

Los grandes cambios pueden comenzar con un sueño, con una visión y con la convicción de que gobernar es servir. Nuestro estado, más que grandes promesas, requiere grandes líderes. Soñemos, pues, con un solo Nuevo León y hagámoslo realidad en 2027.