Romper con todo... para seguir con vida

Usted, lectora-lector, resquebraje todo lo que pueda hacer estallar en su vida para liberarse, renovarse, y besar de nuevo y apasionadamente a la vida

Hace unas semanas, al iniciar la segunda quincena de diciembre, me pasó algo insólito. De la nada, una mujer mexicana, de nombre Itzel Culebro, me buscó en un lugar extraño para mí: Linkedin, plataforma en la que ciertamente estoy, pero no uso. Me dijo que quería que conociera a un socio suyo, un pintor catalán, el cual estaría en México por esos días. Le dije que me resultaba imposible pero que casualmente la tercera semana yo estaría en Barcelona. Respondió que me esperaban en el estudio el jueves 18 al mediodía. Sospechosista de oficio, dudé de inmediato, pero indagué y quedé estupefacto con lo que hallé. Aterricé el miércoles por la tarde y al día siguiente estaba yo ante Jacob Vilató, quien en el origen era un muy exitoso arquitecto hasta que hace no mucho, en sus años 40, rompió con todo y regresó a su bravía esencia infantil, que es pintar. Además de que Jacob (Yeicob) es soberbiamente talentoso, resulta que es sobrino-nieto... ¡de Picasso!

Out of the blue, como dicen ciertas estadounidenses, ¿qué demonios estaba haciendo yo en el estudio del sobrino-nieto de Picasso? ¿Por qué me invitaba, sin conocerme de nada, pero como si me tratara de siempre, para platicar con calidez, sobriamente divertido, y me contaba su historia mientras me mostraba lentamente sus prodigiosas obras y cuadernos cuyo significado, hasta el más íntimo, me confiaba? ¿Era un misterioso regalo navideño de Miriam Molina, mi madre? Justamente hace un año, el 2 de enero, murió mi mamá, que casi toda su vida adulta se dedicó a promover las artes plásticas. Trabajó en el Museo de Arte Moderno, fue directora del Museo Carrillo Gil, del Museo del Palacio de Bellas Artes, ayudó a muchísimas mujeres y jóvenes a dar a conocer su arte, también se desempeñó como diplomática cultural, e incluso ayudó al restablecimiento de las relaciones con España a la muerte de Franco, pero más allá de eso, le tengo gratitud eterna por todo su adorable amor.

Hablamos de rupturas existenciales para poder sobrevivir, todo eso mientras les hacia fotos y pequeños videos a él y sus cuadros, así que la experiencia la viví como el inicio de una amistad. Y bueno, pues resulta que hace unos días el joven Jacob me mandó un mensaje y, al enterarse de que andaba yo en Nueva York, me dijo que tenía que conocer a un pintor neoyorquino, Ronald Silver, que también tiene una historia de fuerte ruptura: pasó de chef bastante conocido... a pintor. ¿Otro regalo de mi madre cargado de mensajes? Desayuné en su estupendo restaurante Bubby´s de Tribeca, que es una ricura de cocina estadounidense en desayunos y brunch, con filas y filas de clientes esperando, y el hombre me invitó a su estudio donde charlamos y reímos como si fuéramos compadres de toda la vida. Luego de un buen rato guardó silencio, súbitamente fijó la mirada en un caballete, un cuadro en proceso de una mujer desnuda acostada en una tina, se levantó rápidamente de su sillón y, como si estuviera solo, se puso a pintar en silencio en un largo momento de inaudita intimidad mientras yo grababa todo en mi iPhone.

Me regaló dos libretas, una amarilla y una roja, ambas muy personales con pensamientos e ilustraciones sobre muertes y esencias artísticas, dibujos y textos no aptos para buenas conciencias y almas blanditas, sólo para espíritus sensibles y algo rudos, pero, sobre todo, hablamos honestamente de las necesarias rupturas existenciales para avanzar en la vida, y al pie de la estación del Metro, donde nos abrazamos algo eufóricos, decretamos que una nueva amistad había nacido.

Así, al concluir el año yo testimoniaba que ya son dos los rupturistas que andan flotando sobre Ciudad de México, aunque me dicen que pronto serán tres en ese movimiento. Usted, lectora-lector, resquebraje todo lo que pueda hacer estallar en su vida para liberarse, renovarse, y besar de nuevo y apasionadamente a la vida, empezando por mandar al carajo a las y los políticos ineptos que vea.