Raúl Guajardo Cantú

La edad no es, por sí misma, un elemento para decir si una persona es capaz o no de llevar a cabo determinadas acciones en diferentes ámbitos de la vida.

En épocas anteriores de la humanidad, no era extraño que personas muy jóvenes realizaran hechos extraordinarios. Alejandro Magno, quien murió a la edad de 32 años, conquistó el mundo conocido antes de cumplir los 30 años de edad y tenía 20 cuando alcanzó el trono de Macedonia.

Miguel Ángel tenía menos de 30 años cuando ya había esculpido La Piedad y El David, a los 33 comenzó a pintar la Capilla Sixtina, mientras que Einstein tenía 26 años cuando desarrolló la Teoría de la Relatividad.

Ni hablar de genios musicales como Mozart quien desde su infancia demostró ser un compositor de primera línea.

En otras palabras, la edad no es, por sí misma, un elemento para decir si una persona es capaz o no de llevar a cabo determinadas acciones en diferentes ámbitos de la vida, entre ellos, el ejercicio de gobierno.

Los párrafos anteriores vienen a cuenta de la modificación de la edad para ser gobernador de Nuevo León que acaba de aprobar el Congreso local y que de inmediato fue publicada por el gobernador del estado.

Es una medida acerca de la cual señalamos hace poco que nos parecía la respuesta del PRIAN a la política de Samuel García dirigida a los jóvenes que, aunque parezca cliché, quieren divertirse en esa etapa de la vida y por ello responden a los eventos patrocinados por el gobierno del estado.

Obviamente Samuel ni peros puso a la ley y la publicó de inmediato, logrando la reacción de agradecimiento de uno de los primeros beneficiarios de ella, el diputado morenista, Jesús Elizondo Salazar.

El único pero que se le podría poner a esta decisión legislativa consiste en el contexto en el que se presenta, uno en el cual los legisladores prianistas se han visto superados por el gobernador, ya que este ha sabido estar a la altura de lo que importa a los jóvenes, independientemente de si eso es lo mejor para el estado.

Los legisladores responden bajando la edad para ocupar puestos, 28 para gobernador y 18 para diputados y alcaldes. No entienden que la mayoría de los jóvenes no están dispuestos a asumir tales responsabilidades pero sí desean tener otro tipo de beneficios.

Los legisladores no entendieron que vivimos en un mundo en el que la infancia, la adolescencia y la juventud se han ido extendiendo de tal manera, que su ingreso al mundo adulto se retrasa hasta cerca de los 30 años, cuando terminan su educación formal.

Hay excepciones, por supuesto, jóvenes que tuvieron que ingresar al mundo adulto debido a situaciones especiales, pero son la excepción más que la regla y los propios partidos deberían estar conscientes de la situación, solo basta revisar sus cuadros destacados.

¿Cuántos jóvenes de 18 años impulsarán los partidos a las diputaciones locales, cuántos a las alcaldías?

También cabe preguntar, ¿Qué partido impulsará a un joven menor de 30 años a la gubernatura? 

En ocasiones parece cierto aquello de que los políticos ofrecen soluciones erradas a problemas inexistentes.

Vamos a ver cómo evoluciona este caso.