Abundan las especulaciones sobre el empecinamiento de la Presidenta para presentar su iniciativa de reforma al sistema electoral, sin la garantía de contar con la mayoría calificada de votos para modificar la constitución. Los observadores lo consideran un proyecto muerto. Parece que los partidos socios del régimen la dejaron sola, ante el despropósito de aplicarse el harakiri aprobando reglas que los destriparían.
Todo lo hasta ahora actuado lleva el sello de la marca 4T: falsedad de propósitos y torpeza en la ejecución.
Falsedad: si bien las reglas de la competencia electoral y de las instituciones que la arbitran pueden ser perfeccionadas, para garantizar que el voto de los ciudadanos sea libre y respetado, en el proyecto de marras campea un espíritu autoritario, de reconcentración del poder, contrario al fortalecimiento de la democracia pluralista.
Falsa, igualmente, porque con el señuelo de relegitimar la figura de los plurinominales, se cambia la forma de elegirlos para asegurarle al partido de Estado, ya instalado en nuestro país, su dominio absoluto del Poder Legislativo in aeternum.
Es cierto que la fórmula de representación proporcional, propia de democracias avanzadas y sistemas parlamentarios, no goza de buena opinión entre los ciudadanos mexicanos. A decir verdad, la mayoría no sabe exactamente cuál es la naturaleza y principios que la justifican y por ello es fácil denostarla demagógicamente.
Si a ello agregamos las deformaciones y abusos partidocráticos, que la convirtieron en coto privilegiado de curules y escaños para las dirigencias de los partidos, sus compadres y comadres, resulta fácil encubrir una reforma regresiva con fachada de corrección a la corrupción de la que ha sido objeto.
Pero no corrige nada; está pensada para que el partido, ya hegemónico coseche más legisladores. ¡Una chulada!, ni en los funestos tiempos de la dictadura perfecta priista —Vargas Llosa dixit— se atrevieron a semejante simulación. Vamos, que frente a esto Díaz Ordaz pasa por demócrata.
Torpeza: ¿por qué que los falsos verdes le plantan cara a la Presidenta? A ella, que se inclinó y le besó la mano su dirigente el día que se colocó la banda tricolor. ¿Será que tan inusitado gesto los emborrachó y ahora quieren que le bese el pie para entrar a saco en gubernaturas y convertirse en un factor real de poder? Esto es intolerable en un sistema autocrático. Llegó la hora de romper con ellos. ¡Ubíquense!, les mandan decir desde Palacio.
Algo semejante ocurre con los petistas —seguidores de los usos ideológicos de la dinastía Kim, reinante en Corea del Norte desde 1948— usufructarios de abundantes recursos públicos a través de los Centros de Desarrollo Infantil Cendis, no fueron escuchados en los conciliábulos preparatorios del bodrio electoral.
En resumen, la torpeza de no tener en cuenta los intereses de supervivencia de sus compañeros de viaje, hizo inviable la propuesta presidencial.
La reforma electoral se encuentra en terapia intensiva. En el espacio de algunas semanas se desvelará el misterio de este truculento y regresivo episodio de la historia que sepultará en catafalco áureo —para estar a la moda— a la democracia mexicana que se perdió en el camino y no logró ser cimiento sólido de bien común.