Si allá en la fuente había un chorrito que se hacía grande, que se hacía chiquito, al parecer porque tenía calor, entonces el agua puede disminuir, afectando no sólo al medio ambiente en el marco del cambio climático, sino a las empresas y, lo que es peor, a las personas. Por eso la sentencia reza: hay que cuidar el agua.
Lo vemos: ríos contaminados con desechos de fábricas, los mares llenos de basura que afectan a las especies, el impío desperdicio de agua de no pocos ciudadanos inconscientes, los largos periodos de sequía que abaten los mantos acuíferos, la vaporización. Y si lo vemos, entonces hay que cambiar de mentalidad: las banquetas no se mojan, se barren. El agua puede agotarse. Sin agua no hay vida. No falta mucho para que haya guerras por el agua, como las hay por el petróleo.
Monterrey no se fundó en el desierto. Ningún pueblo se funda en el desierto. Monterrey se fincó en territorio con agua suficiente para la sobrevivencia. No sólo los “Ojos de Santa Lucía” sino las montañas, los mantos freáticos, las temporadas de lluvias, los huracanes, dotan de agua al territorio. Con agua se progresa.
Pero los abusos, de diversa índole, sí convierten la abundancia en desierto. Ahí está Mina, Nuevo León. Y la contaminación, los desarrollos habitacionales construidos en corrientes naturales de agua, el uso desmedido de automóvil particular, han vuelto oscuro el día. Y si es en todo el mundo, entonces se explica el cambio climático. Y entonces se explica que en Monterrey hace casi dos años que no llueve.
Juan Ignacio Barragán, de vocación urbanista, se sacó la rifa del tigre. Le toca dirigir la empresa paraestatal Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey en tiempos en que el agua no abunda. Las presas semivacías, la presa Libertad inconclusa, la ausencia de lluvia, el proyecto Monterrey VI detenido, son causas de la sed de los ciudadanos, más sicológica que material puesto que agua hay. Hasta el momento no ha habido suspensión general del servicio.
Y hay que atorarle. Barragán en su esfuerzo loable dio a conocer que Nuevo León tiene una concesión del río Pánuco, con la cual tiene asignados 15 metros cúbicos por segundo; asimismo dijo que pueden traer agua de la Desoladora y de la Presa Vicente Guerrero en Tamaulipas.
Barragán informó que actualmente se exploran 4 nuevos pozos profundos ubicados en el Campo Buenos Aires, Campo Pajonal, Camino al Diente y Cerro de la Silla. Además con la Presa Libertad, una vez en funcionamiento, el tratamiento terciario y la reinyección al acuífero se obtendrán 8.4 metros cúbicos por segundo.
La perspectiva es que en 4 semanas deberemos tener de 18 a 20 pozos operando, el proceso de incorporación de un pozo es paulatino, primero se hace la exploración, luego la perforación, se equipa y se inicia la operación, explicó Barragán.
Hay un silogismo rotundo (como todo silogismo): si todos tomamos agua, si necesitamos el agua para vivir, entonces hay que vivir cuidando el agua. No es una cuestión de gobierno, no es culpa de los empresarios ni del Director de Agua y Drenaje, ni de diputados, es un asunto de todos. Cuidar el agua, no regarla, es responsabilidad de todos los ciudadanos. ¿Por qué? Porque todos necesitamos el agua.