Llevo viviendo en San Pedro cerca de medio siglo, lapso que me ha permitido ver y vivir la evolución y transformación de lo que hoy se conoce como el municipio modelo del país.
Las entradas principales a San Pedro eran Corregidora, Santa Bárbara y Miravalle; de las 3, mi preferida era Santa Bárbara porque –recuerdo decirle a mi padre en más de una ocasión- me sentía entrar al Cielo con el recibimiento de esa escultura del Santo hecha con fierros, alzado la mano con las llaves, la cual sigue en pie.
También gustaba de ir, de cuando en cuando, al parque donde estaba David,en la colonia Del Valle y aunque esta escultura sobrevive hasta nuestros días, ya tiene otra ubicación a manos del sector privado.
Recuerdo el río Santa Catarina con agua corriendo, lo que era aprovechado por muchos conductores y se improvisaban reuniones familiares.
Pero por sobre estas bellas estampas de mi infancia, lo que más disfruté y sigo haciéndolo, son dos parques públicos emblemáticos: la plaza Juárez, mejor conocida como la plaza principal y el parque Naranjo, ubicado sobre la calle Corregidora.
Ambos espacios fueron testigos de mis tardes de juegos con amigas y amigos y cómo, sin necesidad de más “herramienta” que limones -sí, alguna vez hubo árboles frutales-, los improvisábamos como pelotas para jugar.
Los dos espacios públicos siguen vivos, verdes, y si pone atención, hasta una ardilla sale al camino; en Navidad se engalanan con luces, pero el resto del año siempre tiene visitantes que van a caminar, a despejarse, a disfrutar un rato de paz.
Justo este domingo 13 de marzo se celebró en Nuevo León el “Día del Patrimonio”, festividad relativamente joven en nuestro calendario estatal, mismo que es auspiciado por una serie de instituciones públicas y privadas, como una forma de celebrar nuestra identidad y valores a través del patrimonio que se alberga en el estado.
¿Para qué? Para dar a conocer la riqueza cultural y natural del estado, hacer valorar y querer lo que identifica a quienes son y viven en Nuevo León y fomentar la unidad social y una cultura de paz. Muy loables objetivos.
Es cierto, San Pedro es mucho más que lo que aquí he reseñado. Además de una serie de construcciones realmente históricas en el casco municipal, o la primera capilla de lo que hoy apenas quedan unas cuantas ruinas, está Chipinque, y otra serie de espacios que sólo los sampetrinos entienden y reconocen como propios, aunque no sean precisamente espacios públicos: la “Casa Verde”, los “Callejones”, que se utilizaban para ir a caminar o improvisar torneos de soccer. Sólo por citar un par de ejemplos.
San Pedro puede ser todo lo moderno que hoy es, pero también tiene esencia, historia y tradiciones, y su gente que a pesar de los años, se sigue frecuentando.
Más allá de qué color esté al frente del gobierno, San Pedro se sigue disfrutando, o al menos esta servidora, como antaño.
En el marco del Día del Patrimonio evoco y honro lo que para mí es cultura y tradición en la ciudad que me vio crecer. Segura estoy que usted o aquel tiene algo por destacar de San Pedro o de los otros 50 municipios que conforman el estado de Nuevo León. Sería hermoso hacer un banco de historias para heredar a las generaciones que nos seguirán y preservar todo lo que ha hecho grande a nuestra entidad.