"Primero el suelo nativo que nada. Nuestra vida no es otra cosa que la herencia de nuestro país".
Simón Bolívar
Los tiempos, las costumbres y las sociedades cambian.
Por más de un siglo los regiomontanos nos sentimos orgullosos de la Cervecería, "nuestra" Cervecería a la que no sólo presumíamos con orgullo en cualquier lugar del mundo, sino que además éramos fieles custodios e impulsores al consumir sus productos.
Más que por el acento, al llegar a la ciudad de México cualquiera sabía que uno era de Monterrey porque llegabas pidiendo una "Carta Blanca" y allá iban los cantineros, al fondo de la bodega a sacar de un cartón una cheve para "el norteño".
Durante décadas el trabajar ahí fue reto aspiracional de muchísimos que veían en ella un lugar seguro, con buenos sueldos y prestaciones.
El cariño y la lealtad a la marca no fueron gratuitos. En los inicios de la Cervecería, Monterrey contaba con una buena cantidad de pulquerías con tradición y arraigo; poco a poco, por la buena y también por la mala, la empresa cervecera se fue deshaciendo de los expendios de pulque y los convirtió en cantinas.
Con el paso del tiempo la Cervecería vivió una intensa guerra comercial con otras marcas, especialmente las Cervecerías Moctezuma (a la cual terminó comprando) y la Modelo, pero todos los esfuerzos de los foráneos terminaban topando en pared, no sólo por el celo profesional y comercial de los señores Garza Sada, que defendían a capa y espada su bastión, sino porque el paladar del público regio no aceptaba otras marcas.
Desde su venta en el 2010 a Heineken, el orgullo y sentido de pertenencia de los regios hacia su cervecería y sus marcas fue decreciendo poco a poco. Hoy la estrella que por años fue estandarte de sus productos, la cerveza "Carta Blanca" casi no figura porque los nuevos dueños apostaron por Tecate, aunque desde hace poco tiempo un producto comienza a figurar: La Caguamita que es una versión de Carta Blanca.
El celo y la garra que antes cuidaban de Monterrey ante otras marcas fue cediendo y así se comenzaron a abrir espacios, sobre todo para la Cervecería Modelo que aunque tiene en Corona una marca de éxito internacional, para los regios ofreció una cartera de productos más amplia, destacándose las de importación que han tenido un auge inusitado.
Ha influido también la irrupción de las cervezas artesanales y hoy se pueden adquirir y beber aquí productos de todo el mundo, además de una impresionante cantidad de este nuevo tipo de cervezas.
La llama que se mantuvo viva durante más de un siglo poco a poco se va extinguiendo y hoy la Cervecería ha dejado de ser motivo de orgullo para los regiomontanos. Es una pena, porque un símbolo de identidad y un elemento cohesionador de nuestra comunidad se pierde inexorablemente. Esa marca que teníamos tatuada, poco a poco se va borrando.