Si hay un gremio al cual los políticos tratan de tener a su lado siempre, ese es el del magisterio, la razón es simple de entender, los maestros tienen un liderazgo social y una organización que se puede traducir en votos en los procesos electorales. Por desgracia ese tener de su lado solamente se presenta durante los procesos electorales y no necesariamente se traduce en beneficios para una profesión y unos profesionistas tan importantes para la sociedad y tan poco valorados por las autoridades.
Los maestros son unos de los profesionistas más mal pagados y durante los últimos años, la inseguridad laboral ha sido parte de su horizonte de vida. Inclusive la sociedad es bombardeada una y otra vez con propaganda en contra de los maestros haciendo ver que trabajan solamente 25 horas a la semana y tienen dos meses de vacaciones, ambas afirmaciones infundadas. Medias verdades que acaban por ser mentiras completas.
Lo anterior viene a cuento por las protestas que los maestros jubilados han presentado ante la injusticia que se comete con ellos por parte del gobierno estatal que no paga los adeudos que tiene con ellos desde hace por lo menos dos años y que alcanzan una cantidad superior a los 800 millones de pesos.
Hablamos de maestros que dedicaron por lo menos 30 años de sus vidas a trabajar en favor de la sociedad y de la promoción de los mejores valores, de gente que se dedicó a impulsar a quienes hoy son profesionistas o trabajadores calificados gracias precisamente al trabajo de los maestros.
Quienes difunden los supuestos beneficios que tienen los maestros con relación a sus horarios y sus calendarios, olvidan a propósito el hecho de que si bien los maestros de educación preescolar y primaria trabajan esas 25 horas frente a grupo, seguramente dedican una cantidad similar a preparar sus clases, revisar tareas y exámenes y pasar a las distintas plataformas los requisitos burocráticos que se les pide día con día.
Ni hablar de los calendarios en los cuales hay muchos días que no atienden alumnos, es cierto, sin embargo, durante gran parte de esos días se dedican a los programas de capacitación y de preparación de cursos que establecen las autoridades educativas.
Además, no toman en cuenta el desgaste emocional que tienen los maestros al enfrentar grupos con 30 alumnos o más, lo cual en otros países es considerado un riesgo profesional y una enfermedad profesional el desgaste nervioso que ese trabajo conlleva, lo que hace necesaria la existencia de ciertos periodos de descanso.
Después de todo lo que aportaron los maestros que hoy gozan de una merecida jubilación, nos parece de muy mala entraña dejar de pagar algunos rubros a esos maestros jubilados.
Quizá sería momento en que la sociedad tomara consciencia de la importancia que tienen los maestros en nuestra sociedad y se unieran a las exigencias de los maestros que hoy ven cómo sus años de servicio, su dedicación a la tarea educativa, no solo es devaluada, sino olvidada por las autoridades que deciden no pagar lo que en justicia los maestros merecen.