El primer triunfo de abril fue la primera consulta de revocación de mandato a nivel presidencial y el segundo, la nacionalización del litio.
El primer ejercicio de revocación de mandato fue un éxito, en el país y en Nuevo León. A pesar de que no se alcanzó el 40% de participación, lo que si se alcanzó fue establecer en el imaginario colectivo que, en caso de que un actor político falle en su labor se le pueda revocar su mandato.
En todo el país se habló de que, si el pueblo pone, también el pueblo quita. Seguro a más de uno le temblaban las rodillas ese día y los siguientes; quién sabe si pudieron dormir.
Obviamente en este momento histórico era impensable que la población pensara en revocar al mejor presidente que hemos tenido en los últimos tiempos. Muchas y muchos dirán que la competencia está sencilla considerando los resultados de los últimos presidentes y puede ser verdad; sin embargo, no es fácil conservar la mayoría del apoyo popular. Si no me creen pregúntenle al Gobernador Samuel García, que en sus primeros meses ha tenido una baja importante en el apoyo de la gente.
En cambio, Andrés Manuel ha encontrado la forma de seguir conectando con la gente, visitándolos; además con sus mañaneras tiene comunicación directa a diario y siempre acepta preguntas de la prensa.
Por eso en ningún distrito federal de Nuevo León pudo ganar la opción de que se le revocara el mandato a AMLO, ni siquiera en Santa Catarina, o en San Nicolás, ni en ningún bastión conservador. Creo que muy dentro de sus corazones querían que el presidente continuara los próximos tres años.
El segundo triunfo es la nacionalización del litio.
La nacionalización se logró posterior a la votación de la reforma eléctrica donde la oposición del bloque PRI, PAN, PRD y MC aceptaron que la reforma de Peña Nieto no bajó los precios de la luz, creó fugas millonarias de dinero, no se redujo lo suficiente la emisión de carbono, y hasta aceptaron que existen empresas que hacen fraude a la ley mediante la figura del auto abasto. Sin embargo, decidieron votar contra la solución a esos problemas de la nación. Uno pensaría que ahí acabó su berrinche, pero no.
El berrinche continuó al día siguiente, ya que mientras se discutía la reforma minera para nacionalizar el litio los diputados y diputadas federales de la oposición no asistieron al pleno y, al final votaron en abstención.
¿Qué pensarán sus representados? ¿Que pensarán las personas que ese día se levantaron por la madrugada para cumplir sus deberes? para cumplir una larga jornada de trabajo y llegar a casa para enterarse que sus representantes en la cámara simplemente no quisieron ir.
La buena noticia es que con los que sí asistieron de Morena, PT y Verde, fue suficiente para aprobar la ley minera y que el litio sea explotado por las y los mexicanos. Estoy segura de que Lázaro Cárdenas estaría orgulloso en este momento de las y los patriotas del país.
El mismo presidente Cárdenas fue en su momento víctima de acoso constante de periodistas y de empresas extranjeras. Pero supo resistir y dejarnos un legado.
Las y los patriotas de nuestros días ahora le dejan a nuestras hijas e hijos un país dónde se ponen los intereses de la nación por encima de los intereses personales. Un país que no se vende.
Por ahí existirán diputados chimoltrufios y chapulines que como dicen una cosa, dicen otra, pero la mayoría de los representantes han cumplido con sus representados.
Ahora que el litio fue nacionalizado y que la revocación se estrenó, nos sentimos mas fuertes como país y también como ciudadanía que elige libremente su futuro.
Ahora sabemos que otro mundo es posible, un mundo sin subordinaciones, un mundo de libertades, de coraje y de franqueza.
Existe además un presidente de México que nos demuestra que, a diferencia de sus antecesores no es guiado por el sueño de encontrar chamba en una transnacional.
Un presidente que no se vende y, más importante, que no nos vende.