La violencia hace metástasis

México sigue convulso, la violencia incontenible, no para.

México sigue convulso, la violencia incontenible, no para. Las políticas de la administración federal no han logrado detener los homicidios y el crimen sigue a la alza. El derramamiento de sangre continúa su curso sostenido por años,  todo parece indicar que el problema ha hecho metástasis, por lo que el riesgo de que se incremente es inminente.

La violencia posee diferentes rostros, puede ser social, sexual, física, institucional, estructural,  de género, escolar, étnica, sin descartar la política. Los atentados que han sufrido los candidatos a lo largo de esta campaña electoral no se detienen, la semana pasada el candidato del PRI a la alcaldía de Morelia,Guillermo Valencia,sufrió un atentado al que milagrosamente sobrevivió al no encontrarse en ese momento en el vehículo oficial de campaña; igualmente  y con la misma suerte favorable, logró sobrevivir a otro atentado, Yolanda Alviso Rocha, candidata del PVEM-PT, a la alcaldía de Villa de Reyes en el sur de San Luis Potosí.

Esta violencia política forma parte de una violencia social más amplia,  los atentados contra los candidatos son un síntoma del crecimiento exponencial de la violencia durante el presente sexenio.

Ayer domingo nueve de mayo, al momento de escribir estas letras, seguramente se derramó sangre a lo largo y ancho del país, como todos los días y especialmente los fines de semana. El domingo tiende a convertirse en un día doloroso para muchas familias, por ejemplo el pasado domingo 25 de abril se convirtió en el segundo día más violento del sexenio, registrando 115 homicidios. El día más violento del sexenio fue el  17 de junio del 2020 con 117 asesinatos.

De acuerdo con el ranking elaborado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, de las 50 ciudades más violentas en el mundo, 18 de ellas son mexicanas.  En este ranking mundial del homicidio, aparecen seis ciudades mexicanas en los primeros lugares, además, en siete de las 13 ediciones del ranking, una ciudad mexicana ha fungido como la más violenta.  Se trata de un intento de identificar una radiografía del crimen en ciudades con más de 300,000 habitantes, lo cual deja fuera a pequeños poblados o ciudades donde también están dominadas por grupos delictivos.

México es el “epicentro mundial de la violencia homicida”,  es  la conclusión de este informe, que ubica en primer lugar a Celaya, con 109.38 homicidios por 100 mil habitantes; en segundo lugar Tijuana, con 105.51 homicidios, en el 2020 ocurrieron 2,155 asesinatos; el tercer lugar es para Ciudad Juárez, con 103.61 homicidios, en total en el 2020 fueron 1,567 crímenes; continuamos con el cuarto lugar para Ciudad Obregón con 101.33; en quinto lugar Irapuato con 94.99 homicidios; en sexto lugar Ensenada con 90.50; posteriormente encontramos  a Uruapan en octavo lugar; viene Zacatecas en el lugar 15  y Acapulco en el 18. Entre los lugares 25 al 49, podemos identificar a Culiacán, Cuernavaca, Morelia, Chihuahua, Colima, Cancún, Ciudad Victoria, León y Minatitlán.

Brasil tiene también un problema de violencia social elevado, cuenta con 11 ciudades en el ranking mencionado, pero aun así su tasa promedio de homicidios es de 47.27, mientras la mexicana es de 67.09, por lo cual México sigue como líder en este nada honroso primer lugar.

Según un informe de las fuerzas armadas norteamericanas, hasta un 30% del territorio mexicano se encuentra en control de los grupos delictivos. Para cuando terminemos el actual sexenio probablemente  aumente hasta llegar a un 50% del territorio nacional. Actualmente el área rural del país se encuentra controlado casi en su totalidad por el crimen organizado;  las  ciudades grandes son espacios más complejos, con mayor capacidad de resistencia por parte de las instituciones sociales.

Hoy por hoy no es posible entrar a un poblado rural sin que los vigilantes (vigías o estacas) reporten la presencia del visitante, se trata de una logística muy desarrollada, donde a la persona se le estudia cuándo llegó, con quién, a dónde se dirige, dónde come, dónde pernocta y, sobre todo, quién es, qué busca. Depende de la respuesta que se obtenga a estas inquietudes será el destino del visitante.

En una ciudad es más complejo, sin embargo, los vigilantes sí logran controlar barrios o áreas urbanas específicas. Inclusive utilizan tecnología con cámaras de vigilancia que compiten con las del gobierno local.

El furor homicida ha crecido durante el presente sexenio en Guanajuato, Baja California, Chihuahua, Sonora, Michoacán, Zacatecas, Guerrero, Sinaloa, Morelos, Colima, Quintana Roo y Veracruz.  Resulta fundamental que,  de manera conjunta, los gobiernos de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila trabajen de manera coordinada  para enfrentar esta onda expansiva de violencia.

Las autoridades de seguridad que estudian seriamente este fenómeno, han aprendido que para enfrentar esta violencia ejercida por las bandas criminales, se requiere de una estrategia que entienda el fenómeno desde una perspectiva organizacional. Esto quiere decir que no pueden comprender ni enfrentar a los criminales como individuos sino como organizaciones. Se trata de una perspectiva que amplía su foco a una dinámica grupal del hecho delictivo.

Reconocemos que las organizaciones aprenden y se transforman,  las bandas criminales no son la excepción. Saben que la base de su poder es el control territorial, saben cómo dominarlo, están al tanto que no pueden prosperar sin el soporte de las autoridades  y han aprendido que pueden expandir y  consolidar su poder si apoyan a candidatos que representen sus intereses cuando lleguen al poder.

En esta lógica se encuentra actualmente el crimen organizado, tratando de  influir en el establecimiento de un narco poder político legítimos, considerando que sus candidatos pueden acceder desde unas votaciones democráticas a los puestos calve, especialmente los de tipo local.

El alza imparable de la violencia es signo inequívoco de que la política  para combatir la inseguridad por parte del gobierno federal han fallado rotundamente. El futuro después de las elecciones se ve más complejo y complicado  ya que el narco tendrá posiciones políticas más amplias, y podrán influir en las decisiones institucionales del país.  Este fracaso nos duele, porque el cáncer de la violencia ha hecho metástasis por un mal diagnóstico y un tratamiento equivocados.  El mal está hecho y la enfermedad sigue desbordada, el pronóstico es muy reservado.