La transición energética

La seguridad energética no cabe en el juego de la oferta y la demanda, un “libre mercado” no puede decidir cuánto pagan los mexicanos por su electricidad

Los problemas medio ambientales son una realidad innegable y por ello todas las autoridades deben trabajar para combatir la contaminación de las diversas fuentes para asegurar el bienestar de nuestras familias.

El presidente Andrés Manuel López Obrador hace su parte trabajando en energías limpias mejor planificadas, mejorando resultados y, lo más importante, se compromete con la transición energética en su propuesta de reforma eléctrica.

La propuesta de reforma eléctrica busca modificar tres artículos de la Constitución federal, son los artículos 25, 27 y 28. Resalta en este tema la modificación del artículo 27 que propone añadir un párrafo séptimo que a la letra dice:

El estado queda a cargo de la Transición Energética y utilizará de manera sustentable todas las fuentes de energía de las que dispone la Nación, con el fin de reducir las emisiones de gases y componentes de efecto invernadero para lo que establecerá las políticas científicas, tecnológicas e industriales necesarias para la transición, impulsadas por el financiamiento y demanda nacional como palanca de desarrollo.

Siempre hemos querido tener gobiernos que trabajen con base en la ciencia y no en ocurrencias. Por ello nos da mucha esperanza leer la propuesta de reforma a nivel constitucional que incluye la reducción de emisión de gases de efecto invernadero como uno de los ejes rectores del país. 

Al establecerlo en la Constitución federal ya no dependerá de la voluntad de los gobernantes en turno, sino que será una obligación del Estado Mexicano. Nunca antes un presidente había tenido está iniciativa, quienes tenían el poder no estaban tan comprometidos con el medio ambiente.

Es de llamar la atención cómo es que quienes se oponen al presidente, han decidido mal informar a la gente diciendo que la reforma eléctrica busca dejar atrás las energías limpias, cuando es todo lo contrario. La reforma contiene los ingredientes necesarios para que el México transite hacia ser un mejor país con mayor conocimiento científico y beneficios a largo plazo en materia de seguridad energética. Otros beneficios de la Reforma Eléctrica es reservar para el país todos los minerales estratégicos para este nuevo modo de producción de energía, incluido el litio. Las y los diputados federales han viajado a todo el país informando a la población de forma abierta y amplia sobre los beneficios de esta reforma.

Durante los dos últimos sexenios se había estado operando en contra de las dos empresas productivas más importantes del Estado mexicano; PEMEX y CFE. Les llamaban elefantes blancos. Decían que le costaban más al país y que no eran un buen negocio y por eso es que era mejor deshacerse de ellas, como lo hicieron con los bancos, con lo ferrocarriles, con la telefonía y cientos de otras empresas que les pertenecían a los mexicanos y de las que millones nos vimos beneficiados. Este tipo de discurso no es nuevo, lo podemos rastrear hasta los tiempos de Reagan y Thatcher, quienes decían que los estados no tenían nada qué hacer en el comercio, que su trabajo era solo el de administrar, así que los países que se quisieran considerar “desarrollados” tendrían qué deshacerse de sus empresas paraestatales para entregarlas a los privados y solo así serían competitivos.

Hoy siguen utilizando ese discurso de la “competitividad” porque suena bien, claro ¿quién no quiere ser competitivo? Pero la realidad, en lo que no se fijan los detractores de la reforma eléctrica, es que los asuntos energéticos son un tema de seguridad nacional y esto no es solo un discurso, hay guerras en diferentes partes del mundo por el control de los energéticos, se han invadido países con la pura intención de apropiarse de sus recursos estratégicos. Entonces, no solo nos debemos preocupar de que todas y todos los mexicanos tengan acceso a la red eléctrica, que es ya un derecho humano y pronto será constitucional, sino que también nos tenemos que asegurar de que México no entregue a privados sus recursos, como ya se hizo con la minería. Un país debe velar por los intereses de su ciudadanía antes de los de cualquier empresa nacional o extranjera. La electricidad es una necesidad, no un negocio. 

La seguridad energética no cabe en el juego de la oferta y la demanda, un “libre mercado” no puede decidir cuánto pagan los mexicanos por su electricidad o quienes sí tienen derecho a ella. 

Permitir eso, sería estar a merced de accionistas que siempre van a buscar la mayor ganancia a costa de los bolsillos de las y los consumidores.  Esto es porque, en un momento de contingencia, a las empresas solo les importa cuidar sus ganancias, no el bienestar de la ciudadanía. De eso tenemos claros ejemplos como la situación en España, dónde se han visto en serios aprietos por permitir que empresas privadas controlaran la producción y el precio de la electricidad. O en Texas, que no solo aumentaron los precios del gas en momentos de mayor necesidad, sino que también detuvieron el suministro a los gasoductos que transportaban el producto a México, mismo que se utilizaba para la generación de electricidad por un amplio número de privados que, al ver aumento en el costo del gas natural sin remordimiento alguno detuvieron su producción de electricidad, dejando la carga a CFE y fue ésta quien resolvió los problemas de apagones en febrero del 2021.

De pronto todos, las y los opositores se quieren hacer pasar por ambientalistas y dicen que la reforma eléctrica es un retroceso. Pero obvio que dicen eso porque no han leído, no se han informado y ni se han fijado que es la CFE quien actualmente genera el 55% de toda la energía limpia del país y no se ve beneficiada de los “certificados de energías limpias”, mismos que solo benefician a privados y les generan ingresos extras a costa de la economía de las y los mexicanos que nunca verán estos beneficios. No han leído que el actual gobierno federal ha impulsado dos grandes proyectos que dan continuidad a la transición a energías limpias, como lo es la renovación de maquinaria y equipo de 10 hidroeléctricas y la construcción del más grande parque fotovoltaico en el norte del país.

Podríamos seguir hablando de las bondades de mantener nuestra seguridad energética y de poder brindar electricidad suficiente y a bajo costo para las y los mexicanos, así como de los beneficios en la generación de empleos, entre otras ventajas. 

Ya solamente falta que las y los diputados federales se comprometan a votar en favor de la Transición energética y de la seguridad energética.

Jessica Martínez.

Twitter: @Jessy_MtzNL