Una de las aspiraciones más profundas de las personas es la paz, no solo como ausencia de conflicto, sino como la base que permite vivir y progresar en un entorno de confianza, dignidad y convivencia.
Estudios globales de opinión, como el World Values Survey, muestran que cerca del 80 por ciento de la población considera la paz y la seguridad elementos esenciales para el bienestar. En la misma línea, la UNESCO documenta que más de cien países han incorporado en sus políticas públicas y programas educativos acciones orientadas a fortalecer la cultura de paz, la inclusión y el respeto a los derechos humanos. Estos esfuerzos reflejan un consenso internacional: la paz es un componente central del desarrollo sostenible y de la calidad de vida.
En México, sin embargo, esta aspiración contrasta con una realidad compleja asociada, al menos, a la seguridad personal y a condiciones de bienestar que afectan el ánimo social. En la última década, el país no ha logrado consolidar un entorno más pacífico; por el contrario, ha experimentado un deterioro sostenido. Desde 2015, los principales indicadores de paz muestran un retroceso cercano al 14 por ciento, impulsado por el incremento de homicidios, la expansión del crimen organizado y la persistencia de delitos violentos que afectan la vida cotidiana de millones de personas y erosionan la confianza social.
Este contexto tiene también un impacto económico significativo. El costo de la violencia se estima en más del 18 por ciento del PIB nacional, resultado de un entorno que desalienta la inversión y el turismo, obliga a redirigir recursos públicos hacia la contención del delito y profundiza la desigualdad, al golpear con mayor fuerza a los sectores más vulnerables. La falta de paz no es solo un problema de seguridad, sino un obstáculo estructural para el desarrollo y el bienestar colectivo.
Aun así, reducir el debate a una narrativa exclusivamente negativa sería incompleto. En años recientes se han impulsado en distintas regiones del país iniciativas orientadas a la prevención y reconstrucción del tejido social. De acuerdo con datos de la Secretaría de Gobernación, tan solo en 2024 y 2025 más de tres millones de personas han sido atendidas mediante programas de prevención de la violencia, ferias de la paz y acciones de recuperación de espacios públicos en decenas de municipios.
De forma paralela, se ha puesto en marcha una estrategia de construcción de paz en más de 200 municipios prioritarios, con la instalación de Consejos de Paz y Justicia Cívica que articulan a autoridades, comunidades, organizaciones sociales y actores educativos para atender causas locales de la violencia.
En el ámbito educativo, universidades y organismos internacionales han reforzado programas recientes de mediación, resolución pacífica de conflictos y cultura de paz. Asimismo, en varias ciudades del país se han reportado reducciones relevantes en delitos de alto impacto contra las mujeres como resultado de políticas focalizadas de prevención y justicia. Estos esfuerzos no revierten por sí solos el panorama nacional, pero muestran que existen caminos posibles cuando hay coordinación, continuidad y enfoque territorial.
La paz, en cualquier caso, no puede reducirse a cifras ni a programas aislados. Implica la capacidad de construirla de manera consciente y sostenida mediante acciones coordinadas entre ciudadanía, organizaciones y gobierno, con un horizonte común y un compromiso social real. Supone también reconocer que la transformación comienza en lo personal, se fortalece en lo comunitario y solo entonces puede proyectarse a lo institucional.
Frente a los retrocesos y la incertidumbre, no se trata de negar la realidad, sino de asumirla con responsabilidad y convicción. Si el año que termina no fue ejemplo de paz, que el que inicia sea una oportunidad para replantear el rumbo y avanzar, paso a paso, hacia un país donde la paz deje de ser una aspiración lejana y se convierta en una experiencia cotidiana, basada en justicia, transparencia y diálogo.
Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com