¡La Mujer Trabajadora!

A 125 años de su publicación, "La Mujer Trabajadora" consolidó la idea de que la liberación femenina es inseparable de la lucha de clases.

Hace 125 años se lanzó desde Rusia un llamado a las trabajadoras del mundo para unirse a la lucha del proletariado general y no solamente por derechos especiales de las mujeres.

Mediante el libro testimonial de lucha socialista y feminista "La Mujer Trabajadora", la revolucionaria bolchevique rusa y pionera del feminismo mundial, Nadezhda Krupskaya argumentó que la liberación femenina es inseparable de la lucha de clases y de la revolución socialista.

Aunque el libro tuvo que introducirse y distribuirse clandestinamente en Rusia, se popularizó por sus comprensibles análisis y se utilizó como guía para organizar a las obreras. Al traducirse a varios idiomas, "La Mujer Trabajadora" fue adoptado por los grupos feministas como un texto fundacional de las aspiraciones de las trabajadoras, ante la opresión que vivían en las fábricas, en los campos y en los hogares.

El contenido del libro influyó también en Vladimir Ilich Lenin, líder del Partido Socialdemócrata Ruso, para que él se centrará en la inclusión de la mujer como una parte fundamental de la transformación revolucionaria de la naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Nacida un 26 de febrero de 1869 en San Petersburgo y empobrecida durante la mayor parte de su juventud, cobró conciencia de las injusticias del mundo laboral en un contexto de opresión patronal y con prosa accesible describió las condiciones brutales de trabajo, jornadas exhaustivas, salarios ínfimos y la doble carga de trabajo doméstico con el fabril o con el agrícola.

Por su activismo, Krupskaya colaboró en miles de panfletos, centenares de artículos y decenas de libros, que combinado con su espíritu revolucionario la llevaron a entrar a un grupo clandestino de estudio sobre teorías marxistas, donde conoció a Lenin, con quien comenzaría a organizar grupos de obreras.

Debido a labor subversiva contra el Zar de Rusia, Lenin fue arrestado en 1895 y Krupskaya en 1896. Ambos fueron exiliados a Siberia, donde contrajeron matrimonio. En 1901 escribió "La Mujer Trabajadora" en pleno destierro y en 1903 se trasladó junto con Lenin a Ginebra, Suiza, donde trabajó como editora de Iskra, el periódico del Partido Socialdemócrata, y como secretaria editorial del Comité Central del Partido, en 1905.

En el libro "La novia de la revolución", el biógrafo Robert H. McNeal narra que la juventud y las experiencias de Krupskaya la moldearon de forma natural en una revolucionaria vital, al escribir que "Prácticamente nació para esta vocación, hija única de un padre radical y de una madre emancipada. Si la vida le da derecho a ser llamada la novia de la revolución, su nacimiento le da derecho ser llamada hija de la revolución".

La familia de Krupskaya provenía de la nobleza, mas no era rica, pero si progresista, lo que influyó en su temprano interés por la política revolucionaria, siendo la educación una de sus primeras pasiones, ya que en la juventud se interesó especialmente por la teoría de la educación democrática de León Toltói y esta inquietud la impulsó a dedicarse a la docencia.

En su libro subraya la necesidad de educar y organizar a las trabajadoras; es decir, alfabetizarlas y politizarlas para transformar sus condiciones de vida. Además, propone la socialización de las tareas domésticas y la libertad del divorcio para que la mujer no dependa económicamente del marido.

Al describir la pobreza extrema y el sufrimiento de campesinas y obreras, su libro se convirtió en un hito de la literatura revolucionaria sobre la liberación femenina, causa que la impulsó a promover en la II Conferencia Internacional de las Mujeres Socialistas, realizada en Copenhague, Dinamarca, en 1910, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, junto con Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai, Inessa Armand, Theresa Malkiel y Luise Zietz, entre otras muchas revolucionarias más.

Fallecería el 27 de febrero de 1939 sin dejar de insistir que el Día Internacional de la Mujer no sólo debería ser una celebración mundial de las mujeres, sino una forma de motivar a la clase trabajadora a la acción, ya que la lucha por la liberación femenina era esencial para el éxito de una revolución. 

Por su legado lleno de contribuciones a la mujer, el próximo 8 de Marzo es importante recordar la incansable lucha de Nadezhda Krupskaya en defensa de nuestros derechos y por ser una heroína de la clase trabajadora que debemos emular para consolidar y profundizar la Cuarta Transformación de México.