La colonización de la diferencia

Para cada palabra y argumento tiene que haber hechos, factos que la acompañen y sustenten.

Desde el origen la verdad fue un asunto de articulación de palabras en relación con cosas, de correspondencia entre una cosa que es cierta y otra que no, dependiendo de criterios más o menos claros que estuvieran acompañados de hechos. A esto se le llamó la teoría de la correspondencia (Aristóteles), para cada palabra y argumento tiene que haber hechos, factos que la acompañen y sustenten. 

Posteriormente, Nietzsche advirtió que la verdad es una especie de mentira más eficaz, aquella que, vía la retórica —el arte de la argumentación— logró encontrar eco en las personas. En ese sentido, para él la verdad es un asunto de perspectiva, de enfoque. Esta perspectiva se va a completar, podríamos decir, con Michel Foucault cuando se plantea que la verdad es un asunto de poder, la historia la cuentan, en cierta manera, los vencedores.

Por otro lado, existe una verdad más allá de toda percepción e interpretación humanas, que sobrepasa cualquier cosa que se pueda pensar, decir e imaginar, una verdad por si misma más allá de los referentes humanos. Así como la verdad empírica, aquella que se puede verificar bajo ciertas condiciones en un laboratorio mediante un método científico con su respectiva operacionalización de variables, que, por cierto, no funciona como una explicación de causa-efecto, sino como asociación de variables a ciertos fenómenos.

Luego, ya en el siglo XX, con los mass media la cosa sobre el estatuto de la verdad se va a complicar, por un lado, con el surgimiento del psicoanálisis, se develó que la verdad consciente no es para nada la totalidad de la verdad, que subyace o coexiste a la conciencia de realidad una otra verdad, la verdad inconsciente, lugar donde se tejen los hilos que organizan nuestras decisiones, gustos y actitudes conscientes. Para el padre del psicoanálisis, la verdad nunca es lo que parece y siempre hay "otra escena" que justifica y explica el por qué de nuestras decisiones y vida consciente. 

Al incluir lo inconsciente en el estatuto de la verdad, incluso en aquella científica, Freud colocó al centro la perspectiva del investigador, planteando que su visión y perspectiva sobre el fenómeno observado jamás era del todo objetiva y pura, sino que estaba condicionada por factores subjetivos, por ejemplo, la lo que el investigador deseaba buscar ya marcaba la pauta tanto sobre el fenómeno observado como por sus conclusiones. Esta tesis, en un principio polémica, ha sido confirmada por muchos otros campos, tanto dentro del psicoanálisis, como fuera, por ejemplo, por las neurociencias, la lógica matemática, la genética y la física cuántica. Esta última planteando que la mirada de quien observa modifica si ciertos componentes de la materia se comporten como partícula o como onda.

En la actualidad la verdad ha dejado de ser un referente único, para ser múltiple, una verdadera polifonía de referentes. Situación que pueda tanto angustiar o fascinar a más de una persona, sea que se tome como una crisis de los referentes que otrora más o menos otorgaran cierta consistencia o la ocasión y plataforma para crear mundos y posturas ilimitadamente, al tiempo que se puede ser responsable de cada una de ellas; ya que la vida, para los seres humanos, jamás es una y la misma todo tiempo, sino muchas y diferentes en cada ocasión.