La tormenta del viernes, las temperaturas récord de días anteriores y las obras del Mundial 2026 dejaron algo claro: esta es la ciudad que tenemos. Una metrópoli saturada, desbordada por sus propios déficits de infraestructura.
El área metropolitana de Monterrey ya probó que no responde con eficacia ni al clima extremo ni a los eventos masivos ni a las promesas de los políticos. Los cortes de energía, el desabasto de agua y las fallas de internet coincidieron con inundaciones en pasos a desnivel, baches que crecen con cada lluvia, drenajes colapsados y un caos vial agravado por obras inconclusas. El resultado es una ciudad más sucia, más lenta y más vulnerable.
Más grave aún: la clase política sigue autorizando desarrollos sin condiciones mínimas de calidad y seguridad. Colonias nuevas vieron sus avenidas convertidas en ríos que cubrieron vehículos. El parque lineal de Constitución, recién inaugurado, exhibió fallas con la primera lluvia fuerte. No se trata solo de obras insuficientes, sino de construcciones mal ejecutadas, construidas con materiales deficientes o supervisadas con criterios laxos.
Los bloqueos de vecinos tras más de 40 horas sin electricidad, las protestas que aprovecharon los reflectores del Mundial y la saturación del FIFA Fan Festival no son anécdotas. Son síntomas de lo que el filósofo y sociólogo francés Henri Lefebvre llamó la "explosión urbana": el crecimiento de la ciudad más allá de su capacidad de organización y de sus servicios.
El filósofo español José Luis Pardo lo nombró "la sociedad del lleno": Llenas están las vialidades, los comercios y las oficinas; también las filas para abordar un camión, las estaciones del Metro y los espacios públicos. El lleno no es prosperidad; es saturación. Y en la saturación, gobernar se reduce a repartir culpas, que si el problema es federal, estatal o municipal.
A esa saturación se suma una urbanización por inercia y no por planeación. Colonias que nacen antes que el agua potable, avenidas que se inauguran sin drenaje suficiente y desarrollos autorizados sin transporte público.
Cuando se abre un socavón, se inunda un paso a desnivel o se detiene el Metro, lo expuesto no es la lluvia, es la ausencia de planeación, la mala calidad de las obras y la incapacidad de corregir problemas conocidos desde hace años. Sabemos dónde se inunda la ciudad, qué drenajes colapsan y qué vialidades fallan cada temporada; aun así, los errores se repiten.
Un gobierno sin planeación convierte la sociedad del lleno en una condena. Si todo está ocupado y la ciudad está rebasada, la política pública se reduce a decidir qué problema puede esperar y qué colonia debe soportar más tiempo sin servicios. Las excusas ya las conocemos: llovió demasiado, la demanda rebasó al sistema, somos muchos. No. Lo que rebasa es la falta de previsión y la ausencia de coordinación entre los distintos niveles de gobierno.
Pero el problema no termina en los gobiernos. También hay una ciudadanía que exige sin asumir responsabilidades. Tiramos basura que obstruye las alcantarillas y luego nos indignan las inundaciones; reclamamos servicios que no cuidamos; exigimos obra pública mientras normalizamos la evasión y la apatía.
Los aficionados japoneses durante el Mundial dejaron una lección sencilla. Al terminar el partido contra Túnez recogieron su basura y dejaron limpios los espacios que ocuparon. El gesto recuerda que la convivencia urbana depende de hábitos cotidianos, cultura cívica y corresponsabilidad.
Así se cierra el círculo: gobiernos que se deslindan y ciudadanos que delegan todo en la autoridad. Mientras se reparten culpas, la ciudad sigue llenándose de agua, basura, filas, tráfico, pretextos y promesas.
La infraestructura deficiente no es destino ni mala suerte. Es el resultado de años de improvisación.
Se necesita visión metropolitana, coordinación real entre órdenes de gobierno y honestidad para reconocer los problemas antes de inaugurar soluciones incompletas.
La lluvia y el Mundial no desbordaron a Monterrey. Solo mostraron que la ciudad lleva años rebasada.
Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com