Inventar lo que no existe

¿Qué hacer, cuando ya no se puede más? Cuando la vida ha dejado de tener sentido

"Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre y eso es lo que somos" 

José Saramago 

¿Qué hacer, cuando ya no se puede más? Cuando la vida ha dejado de tener sentido ¡Cuando se vive como si el sentido simplemente se hubiera esfumado! Cuando nada basta y todo harta. Cuando no se encuentran más respuestas. Cuando por más que se desee, nada cambia. 

Hoy, en un mundo lleno de ideas y opiniones, saturado de información, de imágenes que van y vienen, existen personas que experimentan la pérdida del sentido en su vida. No es que simplemente hayan tenido un mal día o una mala racha, que estén cargados de negatividad y no deseen ser positivos y vivir con buena vibra. Sino que viven permanentemente anclados a un punto sin lugar ni rumbo, a la deriva. Nada les sabe ni mueve. Las actividades de autocuidado más básicas se han dejado de realizar, el estudio y el trabajo no representan nada, ni los pasatiempos saben igual: ni una pequeña motivación se asoma en lo más mínimo. "Lo que pasa es que tienes depresión", "¡Tienes que echarle ganas!" -dirá más de uno al ver todos los síntomas, sin por ello servir de mucho a quien se siente así.

¡Debes ver a un médico!¡Deberías ir a hablar con alguien, con un psicólogo o con un psiquiatra! Dos especialidades, que efectivamente investigan y tratan a personas deprimidas. 

De hacerlo así, primeramente, se le diagnosticará, aislado los síntomas para su valoración, determinando su tiempo de aparición y gravedad, verificar el grado de afectación que ellos han producido en su vida, conocer si hay alguna otra situación que acompañe a la depresión. Una vez realizado estos procedimientos iniciales, se podrá arribar-se piensa- a una comprensión de aquello que sucede y por lo tanto saber qué hacer en este caso específico, es decir, establecer un tratamiento: psicofármacos y psicoterapia, serán los arsenales terapéuticos prescritos para tal mal. Pero la persona comienza ya con una dificultad: no habla, no responde, ni se involucra como el especialista lo espera, rompe los cánones. El sentido una vez más está fuera, es ignorado. Su malestar se manifiesta como algo resistente a cualquier intento terapéutico. 

Un psicoanalista quizás pueda hacer algo diferente, no tanto añadiendo más sentido, sino partiendo de la experiencia del sin sentido como experiencia singular con la verdad: no descartando el saber ya constituido de otros campos, como lo son la psiquiatría y la psicología, sino cuestionando su objetividad y generalidad para todos los casos y situaciones. Buscará inscribir lo que le sucede a la persona, en el mismo contexto singular de vida en el que se presenta. Es decir, dará mayor importancia al sentido singular, a las respuestas ante tal o cual cosa que se sufre, se dice o se hace; siempre implicando responsablemente a quien padece tal o cual sufrimiento. Quizás pueda notar que el paciente, incluso en el peor de sus momentos, sabe algo de sí y de su realidad. Algo que pocas personas consiguen en su vida: se nota por lo que dice, por su sarcasmo, por sus bromas e ironías sobre los demás, solo que a él no le sirven del todo, algo no conecta, el sufrimiento permanece. 

La vida singular resiste a cualquier intento de teorización o explicación general, el sentido escapa a la palabra, si algo muestra el psicoanálisis es que la verdad nunca es una teoría, una tabla o un número, sino una historia de lo singular; que siempre queda algo a la deriva; acá de este lado, del lado de las palabras y los números, algo se repite, se traba y tropieza. Y es con ese vacío (de sentido y respuestas) con eso extraño, que se comienza a crear, no para resolverlo, taparlo o negarlo, sino para reconocerlo, pues "Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre y eso es lo que somos" (Saramago); para crear algo diferente a partir de ello...