Llegó de su pueblo natal Múzquiz, Coahuila, para cursar secundaria en el Colegio Franco Mexicano (CUM). Le impresionó las instalaciones que eran enormes, el edificio estaba nuevo, tenía un año de construido. Le tocó el salón 22, y en el pupitre de al lado, una sorpresa… su compañero era uno de los “famoso niños campeones del 57”, Pepe Maiz. Así era el inicio de clases para el niño Humberto Treviño, a finales de los cincuenta.
Tuve la oportunidad de oír esa anécdota en un desayuno, el pretexto para reunir a esos dos niños de los cincuenta fue entregarle el libro biográfico de Pepe Maiz, “Su vida hasta extrainninges” que tuve la fortuna de escribir. Humberto comentaba: en Múzquiz también practicamos béisbol, nos gustaba y por supuesto nos llegó la noticia del campeonato de 1957 en Williamsport por parte del equipo regiomontano, lo leímos en el periódico “El Porvenir”, así que me sorprendió mucho ser compañero de uno de los campeones.
Después, Humberto sacó una reliquia de su portafolio, el anuario del CUM de ese año, no parecía un documento que tuviera más de sesenta años, al verlos recordar a casi todos sus compañeros en un momento, mi imaginación los trasladó a los pupitres del salón 22, a esos dos niños hablando, no de sus compañeros, o de sus clases, sino del béisbol, porque no solo Pepe Maiz domina el tema, Humberto es un gran aficionado al “rey de los deportes”.
Era inevitable comparar los tiempos pasados con el presente no solo del béisbol, sino también de la educación en México, las grandes diferencias en el béisbol, decían, son las enormes estadísticas y tecnología que usan para tomar las decisiones en cada jugada, las grandes sumas de dinero que se les paga a los peloteros hoy en día, además que se les cuida mucho, es raro que un pitcher termine un juego completo por la cantidad de lanzamientos y el beisbolista usa el mejor bate, además las nuevas pelotas son más ligeras, con la facilidad de pegar los jonrones.
Cuando pasmos al tema de la educación, en ese punto si hubo discrepancias con las demás personas que estábamos en la mesa, Armando Amaral y Marco Antonio García; ambos políticos y luchadores sociales proclives a la 4T; en donde en la actualidad se planea dar un giro más dogmático a la educación, ya que se busca que los niños/as y jóvenes sean más abiertos a las nuevas tendencias culturales, tales como la inclusión y la igualdad de género; pero, como en política nadie se pone de acuerdo, decidimos darle “la base por bolas” al proyecto educativo de la cuarta transformación.
Nuestro desayuno fue de grandes reflexiones, pedagógico, nostálgico y divertido; porque por momentos ahí estaban los dos pequeños de los años cincuenta contando anécdotas de maestros, compañeros de clases y hasta los lugares que alcanzaron por sus calificaciones, conducta y asistencia; que antes todo contaba. Sin duda las épocas han cambiado, en el béisbol, como en la educación en México, pero a los niños de hoy se les debe inculcar un valor que no cambia: la amistad. Ahí está el ejemplo de los niños Humberto y Pepe, que incluso después de sesenta años, se reúnen una mañana para hablar del inicio de clases donde se conocieron en el salón 22 del CUM.