Fiesta y resaca

Suena a cliché; es más, lo es, pero como por ahí se dice: el futbol nos une.

Suena a cliché; es más, lo es, pero como por ahí se dice: el futbol nos une. Podremos no ser hinchas; no obstante, alrededor de esta fiesta futbolera que se vive cada cuatro años, no podemos, o no nos dejan permanecer ajenos. Y menos aún, si somos anfitriones de este aquelarre.

Y vibra entonces nuestro nacionalismo, nos ponemos la camiseta verde. Todos coreamos las mismas canciones o al unísono gritamos ¡Mé-xi-co!, ¡Mé-xi-co!, abrazamos a los que nos visitan, los hacemos nuestros amigos y hasta brindamos con ellos; olvidamos, aunque sea efímeramente, nuestros problemas, que no son pocos.

Hace unos días, a propósito de la Copa del Mundo, el Papa León XIV decía que "el fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida".

Si me permite otro eslogan deportivo, "en la vida, como en la cancha" –atendiendo lo que dice el Pontífice- un mundo mejor se construye con la suma de voluntades, la mía, la de usted, y de todo aquel con deseos de hacer el bien.

De manera muy similar, el Dalai Lama comentó alguna vez que "solo entre todos podemos transformar al mundo. Quienes tienen fe, desde la espiritualidad; quienes no, lo pueden hacer desde la bondad, la educación, la conciencia y el cultivo de la paz interior".

Pero luego nos enteramos de la ejecución de otro alcalde, ahora de San Miguel Amatitlán, Oaxaca, Joel Bravo Martínez. Como el edil de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, en noviembre pasado, ya había pedido protección al gobierno estatal, que hizo caso omiso de la solicitud.

De golpe y porrazo, se antoja difícil hablar de un mundo más igualitario y en paz.

La euforia de la fiesta se desvanece y nos devuelve a la realidad: las y los desaparecidos; el silencio del gobernador con licencia de Sinaloa; el caso de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, y por supuesto, todo lo que vivimos los nuevoleoneses con obras a medias, tapando con bardas nuestras "vergüenzas" y la amenaza latente de un juicio político.

La diputada sinaloense, Paola Gárate, recibió una corona funeraria en su domicilio. A ella se atribuye denunciar la operación del Cártel de Sinaloa en las elecciones donde "ganó" Rocha Moya y la supuesta protección oficial a la legisladora tras esta amenaza velada, se ha quedado únicamente en el terreno mediático.

Como ve, hay cosas terribles que siguen pasando. Es un balde de agua fría que ni por decreto se elimina.

Mientras dure la euforia futbolera, estaremos de buen ánimo con el teletrabajo, el ausentismo escolar, pero ¿qué nos espera tras la Copa del Mundo?

No estoy en el ánimo de desmotivar a los fanáticos del balompié, solo considero que debemos seguir atentos y, si los que deben cuidarnos desatienden su tarea, hagámoslo por nosotros mismos.

Y aunque por lo pronto pareciera que tenemos que decir adiós a todas las palabras de buena voluntad de los líderes espirituales y religiosos, no dejemos que ese nacionalismo que tanto nos caracteriza se apague. No nos quedemos cruzados de brazos; sigamos, como dijo alguna vez Maquío, construyendo la democracia todos los días.