Lo más simple es lo más elegante y lo más verdadero
Jorge Forbes
No hace mucho tiempo vimos a un simple -pero certero- Yusuf Dikeç ganarse las ovaciones y el respeto mundial, no sólo por la efectividad de su ejecución, sino por la simplicidad de su arte en el tiro deportivo durante las Olimpiadas del 2024, desprovisto de accesorios que le facilitaran su desempeño, por su andar y rostro calmo.
Hoy, en el marco del mundial de futbol 2026, el mundo vuelve a deleitarse en encontrar el talento donde las miradas comunes no esperarían encontrarlo, ahí donde la métrica del lucro aparentemente lo domina todo, lejos de la soberbia de quien se siente "hecho a mano", definitivamente talentos de otra madera. Tan sólo por mencionar algunos casos, el del portero de la selección de Cabo Verde, Josimar Días "Vozhina" (abuelita, en portugués), el de las selecciones de Noruega, Egipto y México, han hecho que sus naciones, y con ellas, el mundo entero, puedan volver a vibrar de emoción con el fútbol, más allá de los "tejemaneje" en lo obscurito que tanto caracteriza a la FIFA, a sus aliados que lucran con todo y, como es ya de esperarse, muy pesar de Doland Trump. El juego, el fútbol, la simplicidad de dos equipos disputándose un balón entre dos porterías.
Las otrora potencias mundialistas del balompié tiemblan ante estos grandes que emergen derrochando talento, amenazando su supuesto statu quo. A pesar de que algunos de ellos ya han sido eliminados de la contienda mundialista, han triunfado en los corazones de la gente, respondiendo a valores fundamentales y necesarios en un mundo sacudido por la soberbia del poder que explota al más débil; han triunfado por el simple hecho de haber puesto a temblar a quienes se creían invencibles. Seguramente seremos testigos de futuros encuentros. Lo que hoy se ha cosechado, pero también sembrado en alegría, frustración y coraje -si se sabe manejar a favor- surgirá con mayor técnica y precisión en futuros partidos.
El fútbol nos recuerda que, en la vida como en la cancha, nada está garantizado y todo juego implica un deseo que se pone en movimiento, se puede ganar o perder. El arrojo, darlo todo hasta el final, ser honestos en el juego y contar con un arbitraje limpio le añaden respeto y honorabilidad. Cuando, por el contrario, este es dudoso, el triunfo sabe a derrota, por la deshonra que lleva a cuestas, no termina de contar para la gente, a pesar de los pesares, a pesar de las burlas...Jamás será legal ni honorable meter un gol con la mano, lo haya hecho quien lo haya hecho. Si hay algo que algunos jugadores todavía sustentan es la simplicidad de su arte, del esfuerzo sostenido que no simula, que no engaña ni miente, que pone todo el corazón en cada juego.
Dado el tiempo histórico que estamos viviendo, caracterizado por la simulación y el engaño, por la pretensión y el lujo barato, estos verdaderos héroes del fútbol jamás serán olvidados, sino atesorados en las mentes y corazones de quienes los admiran; llevados como presente vivo de que todavía existe en el mundo alguien que sueña y que se compromete con el esfuerzo y la disciplina dirigida en lograr lo imposible, recordándonos que aún es posible soñar a pesar de todo, emocionarnos y luchar todos los días por lo que se anhela. ¡Gol!