Ahorita como quiera, dentro de pocos días será imposible caminar por las calles, acudir a un restaurante (de preferencia uno de esos donde no te obliguen a dar propina incluso si pagas con tarjeta), comprar de una vez los juguetes para los chamacos y surtirse de ropa para el invierno porque ya se entregó el aguinaldo, esa prestación laboral a la que están obligadas las entidades públicas y las empresas.
Muchos esfuerzos han realizado obreros y sindicatos para tener unas pocas más de prestaciones en el desempeño de su jornada laboral. Los trabajos de seis días, de ocho horas diarias, con posibilidad de aumentar turno o hacer turnos dobles y tiempo extra ha sido una de las conquistas laborales más brillantes. Y una semana de vacaciones al año.
Actualmente está en la Cámara de Diputados una iniciativa para dar más días de vacaciones a los trabajadores. Y en lo que va del año se ha aumentado el salario mínimo, el año que viene aumentará un poco más. Y eso suena como una canción de amor para los trabajadores.
Desde luego esas medidas no han caído nada bien a los empresarios, acostumbrados a gastar lo menos que se pueda para favorecer sus proyectos productivos. Y para engordar sus cuentas bancarias. Y no hay que olvidar que si instalan empresas extranjeras en territorio nacional, sobre todo en Nuevo León, que tanto se pavonea de eso, es por los bajos salarios que todavía se pagan. Contradicción no; proceso.
Entonces el aguinaldo es un derecho laboral conquistado con sudor y sangre que ayuda a solucionar problemas familiares a fin de año y llevar de una manera u otra un poco de alegría en una navidad que cada día se pierde convulsionada por el materialismo, el consumismo y la pérdida del verdadero sentido de esa fecha.
El aguinaldo de la misma manera es un recurso ganado para equilibrar las finanzas en una economía familiar cada vez más lesionada por la inflación y los constantes aumentos en los productos principales del consumo familiar. Pagar deudas, abonar a la tarjeta de crédito, echar o cuando menos comenzar el segundo piso, comprar el celular para la hija que ya cumplió quince años.
Por lo tanto ese derecho laboral guarda las características necesarias de un apoyo concreto no solo para pasar una navidad a todo dar sino para remedir en algo los rezagos que se tienen.
Por eso mismo el cuidado de los tiburones y krakens del comercialismo y el consumismo debe ser una prioridad. No caer en el vértigo del gasto innecesario, de la adquisición de productos superfluos y de la presunción de falsa opulencia.
El dinero se va para quien tiene dinero. Entonces hay que cortar esa dinámica.