Culpar a otros

“¿Cuál es la responsabilidad que usted tiene en aquello de lo que se queja?”

No culpes a la noche, 

No culpes a la playa

No culpes a la lluvia 

Será que no me amas

The Jakson 5 

Uno de le los pilares del psicoanálisis es la posición ética de la que parte y con la que siempre se trabaja: “¿cuál es la responsabilidad que usted tiene en aquello de lo que se queja?” –preguntaba Sigmund Freud a sus pacientes. Ya que “de nuestra posición de sujetos siempre somos responsables” (Jacques Lacan). 

A diferencia de los demás abordajes médicos-psiquiátricos, psicológicos y psicoterapéuticos, los cuales al buscar explicar lo que les sucede a las personas, a los pacientes, desde una conceptualización con base en fenómenos y dinámicas, hablando de tipos de casos, trastornos, etc. ante los que habría que tomar un cierto tratamiento, produciendo irresponsabilidad, pues “eso que sucede” no es culpa ni responsabilidad de nadie”; eso estaría en la mente, los genes, el cerebro, en el inconsciente. El psicoanálisis, por su parte, siempre incluye responsablemente a quien habla, en aquello que le sucede, en lo que padece, en su sufrimiento. Como aquella máxima de Hipócrates: “Antes de curar a alguien, pregúntale si está dispuesto a renunciar a las cosas que le enfermaron”

Quien emprende un psicoanálisis, quien se dirige a tocar la puerta de un analista, busca ayuda, pide que le resuelvan un problema. En ese sentido, no es diferente a la solicitud que se les dirige a médicos, psiquiatras, psicólogos, o en la tienda de la esquina: busco o necesito algo que tu tienes. Sin embargo, la diferencia comienza desde la implicación en aquello que le sucede: para poder localizar lo qué hace sufrir y qué hay que hacer, es necesario partir de la vida, más específicamente de la historia de vida singular, de los detalles, pues es ahí donde se encontrarán las claves para explicar tanto lo qué sucede, como aquello que se puede hacer para resolver tal o cual cuestión. 

Se sabe que, en psicoanálisis, los síntomas, el sufrimiento… se resuelven como un efecto secundario de la investigación de la verdad de una vida, a partir de la asociación libre que el paciente hace durante sus sesiones, donde se identifica claramente a el o ella misma como centro de la dificultad. Dejar de culpara a los demás es otro de los efectos de un psicoanálisis: la persona se da cuenta que no vale la pena seguir culpando y responsabilizando a los demás (padres, Dios, pareja, trabajo…) de lo que le sucede, sino de tomar decisiones listas para todas las circunstancias. Sin que ellas sean necesariamente totales y seguras, sino con una apuesta que cada uno decide tomar. Las personas al final de su análisis advierten que no existe – ni existirán—garantías sobre su vida, pero que ello no es un error, sino una característica estructural: todo y todos estamos incompletos. Pero ello no tiene que ser un impedimento para vivir y realizarse, singularmente. 

Como podemos ver, el psicoanálisis, quien decide emprender un análisis personal, puede dejar de convertir lo extraño de sí y del otro en queja, en sufrimiento; en queja y reclamo eterno hacia lo que los demás nunca dan ni darán, haciendo una salida inédita y creativa que los coloque en el inicio de un viaje y recorrido siempre nuevos. Ya que han elegido soltar la repetición del pasado y de la queja, en la que venían escribiendo su vida desde hace ya tiempo; fuente de sufrimiento y de una ilusión limitada de seguridad