Crisis de angustia

La angustia expresa un mensaje

La angustia es un afecto que no miente 

Jacques Lacan

Jacques Lacan nos dice que la angustia no miente, y con razón: nadie dudaría de lo que siente y menos si el grado de intensidad es alto; si se trata de un afecto que impacta el cuerpo de manera estrepitosa, sorpresiva e intensa. 

La angustia es un fenómeno humano que se experimenta como una ruptura de las coordenadas, más o menos coherentes, que le daban consistencia a nuestro mundo, a esa construcción llamada realidad. De pronto lo que se piensa e imagina, aquello que se basaba en un cierto orden, se ha esfumado. La realidad ha perdido su consistencia. De ahí que el cuerpo reaccione con una serie de síntomas bastante bien identificados (pánico, insomnio, aumento de la frecuencia cardiaca, hiperventilación, desmayo…) con el elemento común del exceso, de algo que sobrepasa; de pronto hay algo “más fuerte que yo” que irrumpe amenazando –dando la sensación por momentos—de tomar el control. Ante tal problemática existen diferentes abordajes (médicos, psicológicos, deportivos, espirituales, comerciales de consumo…) cada uno de ellos ofrece algo para aminorar la angustia, el “hágale así o hágale asá”. Son abordajes basados en una progresión y acumulación (“si una es buena, dos son mejores”) que prometen que un día con esfuerzo y dedicación se podrán resolver los problemas. Solo hay que “echarle ganas”. Todos ellos, podríamos decir, son limitados para responder al corazón mismo de lo que tiene lugar en la angustia: una discontinuidad, una necesidad de cambio, de transformación, pero que la persona ignora de qué se trata. Y como no se aborda la singularidad de la vida y la forma de ser de quien la padece y rápidamente se pasa (¿por angustia del profesional?) a las respuestas genéricas ya dadas para aplicarse en general, por lo que “eso” singular queda en el olvido, no siendo reconocido y por lo tanto no se puede hacer nada al respecto. Por lo que más adelante, en otro momento de la vida, retornará la angustia de otras maneras. 

Desde un abordaje psicoanalítico la angustia, más allá de considerarse una variable que aumenta o disminuye, una disfunción del cuerpo, la mente o desajuste social, algo que hay que dominar o hacer desaparecer, es tomada como una experiencia singular. Es decir, existe algo único en cada experiencia de angustia, cada experiencia de angustia le intenta comunicar algo sumamente importante a quien la padece. Es decir, la angustia es una cualidad más que una cantidad. Un afecto que no miente, justamente porque toca un punto fundamental de la existencia de cada persona, un punto de algo que está solicitando ser reconocido y decidido. Así como el gusto se rome en géneros y no nos da risa lo mismo o no nos enamoramos de lo mismo, sino de algo único, no nos angustiamos por lo mismo, sino por aquello que toca un cierto fundamento en cada uno de nosotros, que toca un punto de vergüenza. De ahí que sea diferente el mapa o GPS que tenemos que seguir con la angustia en cada persona. 

La angustia expresa un mensaje. La función del psicoanalista es encaminar al paciente para que pueda descifrar el misterioso mensaje que porta: algo debe ser cambiado, solo que aún no se sabe qué es lo que sería eso. La función de la angustia, en ese sentido, es una experiencia límite: límite de las seguridades, de las palabras y las imágenes, un grito de revolución, un deseo de cambio, de búsqueda y exploración, así como un rotundo No de algo que se está viviendo, solo que todavía no se puede localizar muy bien qué sería eso y la persona solo se ve presa de la angustia y sus efectos. Por lo que es necesario realizar algo (explorar la vida singular de la persona, así como invitarla a hablar sin filtros de ningún tipo, por más ilógico y vergonzoso) para transformar esa angustia originaria paralizante en algo a ser narrado, descrito; pasar del sufrimiento al enigma y de ahí más adelante a la invención, del padecer a la incógnita, “suspendiendo todas las certezas, para mejorar la cualidad de las dudas” (Jorge Forbes) En ese sentido, las experiencias de angustia son experiencias de ruptura , destrucción de aquello que creíamos ser, pero que ya no se sostiene, no da sentido a nuestra vida, pero también, las experiencias de angustia pueden ser, bajo cierta óptica, experiencias que invitan a la invención y a sostener deseos decididos, de apertura de oportunidades para crear vidas singulares, diferentes, más conscientes y advertidas, con un sentido singular para cada persona, que no se paralicen de angustia ante lo desconocido, sino inventen y se responsabilicen por la opción que eligieron.