Continuar, renunciar, iniciar...

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis.

“La felicidad nunca hizo feliz a nadie”

Pierre Rey

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, decía, en uno de sus primeros esquemas sobre la psique humana, que nuestras memorias se reescriben y editan cada cierto tiempo, actualizándose; que en algunos momentos marcantes de nuestra vida, dichas huellas mnémicas sufrían una especie de reescritura para, precisamente, poder pasar a otro momento. Si bien este movimiento les otorgaba un cierta transformación y dinamismo (no recordamos de la misma forma en diferentes momentos de nuestra vida) al mismo tiempo también se evidenciaba su constancia y permanencia; de cierta manera, nada se pierde y olvida del todo, algo permanece en algún lugar o dimensión. Freud llamó a esa dimensión lo Inconsciente. El cual alberga algunas memorias que cuentan con la posibilidad de retornar a la conciencia, bajo diferentes “disfraces” (sueños, síntomas, lapsus, confusiones, errores…). Esto le permitió al profesor Freud teorizar una cuestión fundamental, no solo para la cura psicoanalítica, sino para la humanidad, como lo fue la noción de Transferencia: el conjunto de afectos, actitudes, pensamientos…que una persona, el paciente, coloca en la persona del psicoanalista. Este aspecto psicológico, la Transferencia –aclara– por supuesto no es exclusivo del psicoanálisis, sino de la subjetividad humana: todo ser humano, en sus relaciones, experimenta, la Transferencia.

En psicoanálisis, la Transferencia se puede entender, sea como repetición del pasado en el presente (compulsión a la repetición), eterno retorno de lo mismo, de lo familiar o, como movimiento inédito hacia adelante, es decir, un evento sorpresivo, una ruptura que marca la discontinuidad, y que mueve hacia una invención, hacia algo nuevo, amplificando los horizontes de vida.

Hoy, en este contexto de fin e inicio de año, nos encontramos ante… ¿una repetición? ¿un comienzo?, ¿una continuación? ¿una ruptura? ¿de qué está hecho realmente, para cada uno de nosotros, este instante? ¿Será que estamos retomando nuestras mismas actividades, como sucede año con año? ¿o nos encontramos ante una grieta, un abismo que marca una discontinuidad con el pasado, misma que nos regala una oportunidad de crear otra senda?

Podríamos decir que, de cierta manera, iniciar y terminar son dos extremos, hasta cierto punto, fáciles, pero no del todo desprovistos de dificultades: hay quienes se les va la vida eternamente planeando el inicio o el fin de algo (una relación, un trabajo, un pendiente…) gracias a lo cual nunca logran “pasar a otra cosa”, viven anclados a lo mismo. Tal como el mismo Freud lo expresó: los neuróticos sufren de reminiscencias, permanecen anclados a un pasado, perdiendo el presente y el futuro; o quienes, por su parte, se auto condenan a nunca concluir, a no poner fin a algo, no importando cuan deseoso o insoportable pueda ser lo que se tiene o les aguarda más allá del punto final. Gracias a lo cual experimentan una vida a la deriva, sin ton ni son, o en un permanente calvario y sacrificio que no conoce (ni busca) su fin, su término, su conclusión; vidas que renuncian al tiempo, al movimiento y a la transformación, que –paradójicamente– “sufren para no sufrir” (Jorge Forbes) que prefieren sufrir la repetición de lo mismo (mismo sufrimiento, guion de vida, relaciones, trabajo y un largo etcétera…) en lugar de sufrir el peso y responsabilidad ante la propia libertad y decisiones.

Quejarse, añorar, recordar con nostalgia, desear con esperanza…son igual de terribles y peligrosas para los seres humanos, como lo es el deseo de sacrificarse creyendo que dicha inmolación logrará asegurarnos, garantizarnos el… ¿éxito? ¿felicidad? ¿cumplimiento de objetivos, metas, proyectos? Es vivir creyendo que “alguien” o “algo” podrá, finalmente dar lo que andamos buscando y necesitamos: ¿Existirá acaso alguien que pueda saber quién soy y qué deseo y finalmente dármelo, para entonces poder…?

Vivir, creyendo y aguardando que la existencia de dicho personaje u objeto es vivir cultivando la noción de que si tan solo poseyéramos “eso” (tal o cual cosa, poco importa qué sea, basta con que exista esa noción, ese espacio) entonces, y solo entonces, estaríamos felices y completos, y como eso, por supuesto no tiene lugar, no existe, pues nadie conoce el nombre de nuestro deseo, entonces continúa la… ¿repetición? ¿Invención? ¿Qué elige usted? ¿Qué será qué será?