Conquistar el noreste

Si realmente “nos pusiéramos las pilas”, las exportaciones mexicanas serían como un imparable cañonazo. Dios quiera

Dicen que cuando el sabio señala la luna, el necio se fija en el dedo. Esto viene a colación por el crudo contraste entre la terquedad del gobierno mexicano diciendo “vamos bien” cuando en realidad pudimos haber crecido 12%, de haber continuado con la tendencia de los últimos cuarenta años. Haciendo un paralelismo con los juegos olímpicos de Tokio, es como si el país repitiera: “Jugamos como nunca, pero perdimos como siempre”. Pues bien, en el balance de las pérdidas y responsabilizando al director técnico, a los jugadores que pueden anotar goles, las PYMES y sus trabajadores, les cortan las alas y los persiguen fiscalmente. Para ello, con datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, el gasto pandémico en educación se redujo un espeluznante 43%, por ende, sin jugadores bien entrenados, el equipo mexicano no podrá ganar.

Por fortuna, México tiene la posibilidad de jugar en otra cancha donde el errático y necio director técnico nacional y sus asesores tienen menos margen de maniobra. Así es, en el terreno de juego de las exportaciones, las empresas trazan sus propias estrategias, contratan, capacitan y educan a sus jugadores y hacen las veces de un director técnico. Con el consenso de algunos economistas, indistintamente del porcentaje de la recuperación económica nacional, se estima que cerca del 80% será directa o indirectamente vinculada a exportaciones. Dicho de otra forma, mientras la estratagema del gobierno es estar jugando en la “liguilla”, atado de manos y mirando al retrovisor, el equipo mexicano empresarial tiene la suerte de competir en otras copas: el TPP-11, el TLCUEM, la Alianza del Pacífico y el T-MEC

Pensando en grande, ¿por qué no meditar en una estrategia empresarial que, por ejemplo, duplique exportaciones en cinco años? Quizás para ello habría que alinear a todos los involucrados en exportaciones, trazar un mapa de ruta y comenzar desde lo local. Tocante a ello, en un webinario la semana pasada, el Dr. Luis de la Calle recomendó conquistar el noreste de EUA. Números más, números menos, mientras las exportaciones mexicanas tienen una notable participación del 22% en los mercados texanos y californianos, los estados del noreste solo importan el 5% de nuestro país.  Cierto que California es el estado mayor de la Unión Americana con el 14.62% de participación nacional y Texas es el segundo con 8.6%, pero Nueva York es el tercero con 8.27%, Illinois el quinto con 4.13% seguido por Pensilvania.  Esto es, si México conquistara la costa este norteamericana, incluyendo Florida, estaríamos duplicando exportaciones. 

El que México clave sus banderas exportadoras en la costa este, se dará tarde que temprano en forma orgánica, pero ¿por qué o para qué esperar?  Nuestro vecino es el mayor importador del mundo, se ha recuperado de la pandemia y tiene una clara estrategia de competir tecnológicamente con China donde México es parte de su fórmula ganadora. Siguiendo la línea de pensamiento de que el sector empresarial tiene la facultad de trazar una ruta de navegación exportadora y con meta definida, ¿qué debería de suceder?

Primeramente, debemos de entender que, aunque los estados de los EUA son distintos, llevamos ya mucho camino recorrido pues hemos conquistado el mercado más exigente del mundo. México es el segundo mayor proveedor, exportando a EUA 2.5 veces más que Japón o Alemania. Segundo, para quienes consideran que la concentración de nuestras exportaciones nos hace vulnerables, les recordaría que el destino de las mismas obedece a su rentabilidad. Tercero, para los detractores que creen que la exportación es en detrimento del mercado nacional, suscribo el apotegma de Gandhi: “No hay que apagar la luz del otro para que brille la nuestra”. Finalmente, la integración entre México y EUA es tan profunda que no podrá cambiarse, asegurando a través del T-MEC el camino de nuestro país por los siguientes 16 años y 80 años más con las consecuentes versiones del tratado.

Tocante a la conquista de la costa este norteamericana (OH, IL, PA, MI, IN, MN, FL), pienso que es imperativo desarrollar la necesaria infraestructura portuaria, ferroviaria, carretera, energética, tecnológica y educativa necesaria a lo largo de los 3,294 kilómetros del litoral del Golfo de México. En virtud de ello, si bien el gobierno puede y debe coadyuvar, le ha faltado contundencia.  Empero, los empresarios organizados pueden, sin el gobierno y a pesar de él, procurar recursos de organismos multinacionales, coinvertir y comprometerse a largo plazo. Si realmente “nos pusiéramos las pilas”, las exportaciones mexicanas serían como un imparable cañonazo. Dios quiera.