Banderas rojas

Manifestaron su inconformidad ante la poca atención que han recibido en su calidad de damnificados.

Recién apareció y desapareció “Ágatha” dejando a su paso destrucción, cuando los habitantes de Huatulco, en Oaxaca, manifestaron su inconformidad ante la poca atención que han recibido en su calidad de damnificados.

Y el encono se da justo el día de la elección, quemando las boletas electorales ¿están o no en lo correcto “arruinando” un día tan importante como lo es una contienda electoral?

En su momento la autoridad electoral lo determinará, pero quién en su sano juicio se atreve a juzgarlos cuando sienten que es la única forma de visibilizar su enojo y recibir atención.

La desesperación es mucha, pues en Oaxaca ya saben lo que es esperar y esperar por apoyo institucional con cada meteoro que los azota durante la temporada de huracanes y ni qué decir cuando se presenta un sismo.

El año comenzó con un alza significativa en el impuesto predial, a lo que le siguió la escalada de precios y el encarecimiento de la canasta básica y algunos servicios, así como de los combustibles.

Más recientemente, en Nuevo León, emerge el malestar por el tema de la inseguridad, la desaparición y muerte de mujeres, recordando los casos de Marifer, Debanhi y Yolanda, aunque no son lo únicos.

A ello le siguieron la inadecuada estrategia sobre el abasto de agua potable y  como cereza en el pastel, el alza a la tarifa del Metro, cuyo servicio sigue dando mucho de qué hablar.

Tampoco nos podemos olvidar del Covid, la viruela del mono y la hepatitis que aunque no es culpa de la autoridad, sí lo es la estrategia para evitar su propagación.

Sí, hay bloqueo de calles, y un sinfín de comentarios de rechazo en redes sociales. Muchas banderas rojas que le deben servir de termómetro a los diferentes niveles de autoridad para que palpen el sentir social y corrijan lo que haya lugar

Alzar la voz, decir lo que se piensa o siente no sólo es un derecho constitucional, es una de las herramientas con que cuenta el ciudadanos para mostrar nuestra inconformidad.

Es cierto que loa grandes problemas conllevan soluciones difíciles, pero pareciera que en esta ecuación, quienes lo pagan son las personas que conforman cada comunidad, cada municipio. Y los recibos por pagar no dejan de llegar.

Ha habido muchos buenos anuncios que al menos en el papel suenan atractivos,  pero aún se ven muy lejanos.

Mientras las buenas noticias se hacen realidad –confiemos que así sea-, es un buen momento para establecer puentes de interlocución con la sociedad, con organizaciones y colectivos, con las universidades y empresarios; la cercanía y la empatía siempre serán buenos aliados antes que las cosas suban de color.