Amistades tóxicas

Las amistades tóxicas son destructivas porque contaminan el ánimo de las personas

Las amistades tóxicas son destructivas porque contaminan el ánimo de las personas. Si López Obrador echa de menos al presidente Trump de su primer mandato, los mexicanos echamos de menos a la presidenta que ha gobernado hasta hace muy poco tiempo con la "cabeza fría", con la racionalidad de una científica y con disciplina que garantiza rumbo. Podremos haber estado de acuerdo unos y en desacuerdo otros con sus decisiones, pero sabíamos que había rumbo.

A final de cuentas los encuentros y los desencuentros son parte de la democracia. Sin embargo, la repentina aparición del expresidente López Obrador parece explicar el cambio repentino -de ánimo y narrativa- de nuestra presidenta en el acto político del domingo pasado en el Monumento a la Revolución.

Éste no tuvo la alegría del festejo anunciado -conmemorando su triunfo electoral de hace dos años-, pero tampoco cumplió con las expectativas de la rendición de cuentas a la nación.

Mas bien vimos un mensaje altamente emocional, ideologizado y provocador, dirigido a nuestros vecinos del norte.

Cualquier mexicano de buena fe coincide con el planteamiento de la defensa de la soberanía cuando los riesgos de intervención territorial desde el extranjero son reales, lo cual no se ve que pueda suceder. Los más preocupados por no generar inestabilidad "en la casa de al lado" son precisamente nuestros vecinos. Saben que vivimos en un mundo hipersensible -como lo es el de hoy- y por ello sus decisiones militares las toman en relación con países que están a miles de kilómetros de distancia de sus fronteras.

Tan lo saben que es evidente que no pretenden alterar "el gallinero" político en nuestro territorio ni desestabilizar a este gobierno. Seguramente por ello después de escuchar los reclamos directos de nuestra presidenta, el secretario de seguridad nacional de Estados Unidos, Markwayne Mullin, en su reporte a la Cámara de Representantes de Estados Unidos destacó -respecto de su última visita a México y su reunión con la presidenta Sheinbaum- que estaba impresionado de lo cooperativos que se manifestaron y, por tanto, se debiese respetar nuestra soberanía.

Entendamos que no se trata de nuestra seguridad nacional amenazada por una potencia extranjera. Mas bien, los que corren riesgo de enfrentar a la justicia son los que para alcanzar el poder y mantenerse en él, han permitido la generación de violencia, garantizando a la delincuencia organizada impunidad a cambio de su ayuda. Esos son los que hoy están preocupados y temerosos.

Y volviendo a la carta del expresidente, él con su apoyo no aporta nada a la presidenta. Más bien la contamina con sus propios problemas y los de su gente cercana -convertidos hoy en un lastre para México-, pues ellos no nos representan, sino que nos conflictúan y defenderlos genera riesgos para el futuro de nuestro país. Mas bien es el expresidente López Obrador quien necesita la protección de la presidenta Sheinbaum, pues ella tiene hoy el poder legitimado del Estado Mexicano.

El enemigo en casa

Definitivamente no es opción dejar que México sea gobernado bajo la influencia del gobierno norteamericano. Sin embargo, tampoco es opción tener un gobierno tolerante -y en algunas regiones de nuestro territorio-, amafiado con el crimen organizado. Después de escuchar la joya demagógica de Ricardo Monreal en el Congreso para justificar la ley que pretende penalizar la intervención extranjera en las elecciones, no nos queda más que recordar a la bancada de Morena y aliados que el enemigo de la democracia está dentro de nuestro territorio, y está conformado por mexicanos: es el crimen organizado coludido con narcopolíticos.

¿Dónde está la legislación orientada a castigar el financiamiento de campañas para candidatos y partidos, por parte de la delincuencia organizada? Sin embargo, reconociendo que la actitud injerencista norteamericana no es aceptable desde la visión mexicana, tampoco se ve en el presente régimen la intención de juzgar, bajo las leyes mexicanas, a todos los extraditables, utilizando las pruebas que le dejó a la presidenta Sheinbaum el secretario de seguridad interna de Estados Unidos, Markwayne Mullin, durante su última visita.

La inacción judicial de nuestro gobierno puede tener repercusiones futuras. ¿A usted qué le parece?