Accidentes, políticos y cultura vial

Se trata de que los conductores entiendan la responsabilidad que asumen al ponerse al volante de un auto. Qué, aunque suene dramático.

En días pasados se dio a conocer el video de un accidente en el cual murieron 4 jóvenes y otra quedó grave debido a las heridas que sufrió en el choque frontal que según estimaciones se presentó a una velocidad que se calcula en 160 kilómetros por hora.

Si bien no es un tipo de accidente que se presente con frecuencia, existen estadísticas que deberían servirnos para reflexionar acerca de lo que sucede en el área metropolitana de Monterrey, en la cual se presentan 186 accidentes diarios, una de las más altas cifras en el país, si no es que la más alta. Parece que también en eso somos número uno a nivel nacional.

En los 67 890 percances viales que se presentan en promedio anualmente en el AMM, mueren, también en promedio 212 personas cada 12 meses, la mayoría de ellas por atropellamiento. Son cifras que no nos dicen mucho, pero que significan otras tantas familias que pierden a uno o varios de sus integrantes, tragedias personales que van más allá de las estadísticas.

Si bien algunos de estos accidentes pueden ser explicados por la falta de pericia de los conductores, la realidad es que nos parece que el alto nivel en el número de percances, debería de ser un indicador de que algo más está sucediendo. Quizá, podamos hablar de una falta de cultura vial en la entidad. O de una falta de respeto por los reglamentos de tránsito municipales.

De alguna forma, muchas personas piensan que las normas no son aplicables a ellas y que pueden sobrepasar los límites de velocidad, tomar como opcionales los altos y los semáforos. O qué decir de quienes parecen creer que sus habilidades multi tasking están por encima de la media y pueden conducir mientras leen sus redes sociales, hablan por teléfono o contestan mensajes.

Múltiples estudios nos muestran que no hay tal, que la capacidad de atención es limitada y el cerebro no está capacitado para leer o ver mensajes mientras se conduce.

¿Qué decir de quienes se animan a conducir bajo los efectos del alcohol u otras sustancias que alteran las percepciones y los reflejos humanos?

Si bien las autoridades no son responsables de estos accidentes, sí deberían tomar cartas en el asunto y llevar a cabo una campaña masiva para educar a los conductores. No campañas que se encomienden a la escuela, sino campañas que tengan "dientes", como las que se han llevado a cabo contra conductores ebrios o contra quienes violan los límites de velocidad en zonas escolares.

Se trata de que los conductores entiendan la responsabilidad que asumen al ponerse al volante de un auto. Qué, aunque suene dramático, es una cuestión de vida o muerte.

El problema, sin embargo, consiste en que a ningún político le gusta ser el malo de la película y asumen que si ponen mano dura en este tipo de cuestiones, pueden ser castigados en las urnas y en la opinión pública.

Quizá los políticos, como los conductores, deberían de entender la responsabilidad que asumen al ponerse al volante de un gobierno, del nivel que sea.