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Los actos vandálicos sucedidos sobre todo en palacio de gobierno, impulsados por algunas extremistas, desdicen las teorías feministas

Si bien ya pasó, los ecos suenan. La marcha del 8 de marzo por los derechos de la mujer, tan legítima en un país que asesina mujeres, se desvirtuó por la violencia ejercida por algunas mujeres, acompañadas por hombres, que confunden la lucha por sus derechos con la violencia, al causar destrozos al palacio de gobierno y a no pocos negocios y edificios.

Sí, hay mujeres violentadas, sí, hay discriminación laboral, sí, hay marginación racial, sí hay desigualdad social, sí, hay diferencia en los salarios masculinos y los femeninos. Y eso es más que motivo por el cual las mujeres protestan. No sólo las mujeres, también los hombres conscientes de la situación. Que sí los hay. En la lucha por la igualdad también la participación de los hombres es un punto importante.  

Pero si la mujer confunde al enemigo con el hombre, entonces la visión sobre el problema es parcial. Porque no todos los hombres son enemigos de las mujeres. Y muchos hombres comparten la lucha de las mujeres. Desde empresarios, líderes sociales, intelectuales, artistas. El enemigo es el sistema, el enemigo es la herencia de la cultura patriarcal, el enemigo es el capitalismo que paga bajos salarios a la mujer. 

Y así como existen mujeres que luchan, desde diferentes trincheras por su valoración, también hay mujeres que son todo lo contrario. Hay mujeres narcas, corruptas, violentas, prepotentes, buchonas, ladronas. Esas mujeres hacen daño a las mujeres. Claro, por ellas no se debe juzgar a todas. Simplemente, en la lucha que las mujeres libran, existen matices. No todo es cuadrado.  

Los actos vandálicos sucedidos sobre todo en palacio de gobierno, impulsados por algunas extremistas, desdicen las teorías feministas. Gloria Steinam lo hubiera reprobado. También Simone de Beauvoir. También Judith Butler. La violencia de género no es un problema masculino, es un problema social, cultural. Por supuesto es un problema político.

Es cierto que muchos funcionarios, gobernadores, diputados se hacen de la vista gorda ante el problema, quizá porque ellos son misóginos. Pero lo cierto es que desde sus posiciones, a las que llegaron por el voto de la ciudadanía, integrada en su mayor parte por mujeres, pueden legislar, litigar, ejecutar medidas, leyes, programas para erradicar la violencia hacia las mujeres. Si persiste la violencia y los feminicidios es que no se está actuando al respecto.   

Y por increíble que parezca, en una absurda iniciativa, mujeres del gobierno, diputadas, secretarias, funcionarias, salieron marchar protestando contra el abuso hacia las mujeres. ¡Pero si la protesta de la gran mayoría de mujeres era contra el gobierno! O fue un acto de provocación de las mujeres de gobierno o una burla o una mascarada. Porque entonces también las mujeres de gobierno son responsables de alguna u otra forma, de los desmanes en palacio. 

Y también, por increíble que parezca, la autoridad encargada de poner orden no lo hizo. Si alguien comete algún delito es detenido. Por igual si es hombre o mujer. Entonces se cometió un delito en propiedad ajena, por causalidad en la casa de todos los ciudadanos, el palacio de gobierno, y no hay detenidas. Y lo más loco: hay un detenido.