2025 fue un mal año para encontrar trabajo, 2026 será peor

El futuro inmediato no es prometedor. Empecemos con uno -de muchos- datos desalentadores.

El futuro inmediato no es prometedor. Empecemos con uno -de muchos- datos desalentadores: la escuela de negocios de Yale, la Yale School of Management, organizó una reunión de CEOs, y cerca del setenta por ciento de los líderes empresariales dijeron que no planean contratar nuevos empleados. En el mejor de los casos, mantendrán su equipo del mismo tamaño, pero muchas empresas reducirán significativamente su fuerza laboral, es decir, vienen muchos despidos.

En 2025 ya tuvimos una probadita, nada grata, de la situación. Empresas como Verizon, Starbucks, Meta, Microsoft y UPS fueron de las primeras en anunciar despidos masivos. Amazon se les unió un poco después, en octubre, con un anuncio de 14 mil finiquitos. Shopify lleva dos años sin aumentar el número de empleados y planean continuar así en 2026. Wells Fargo pasó de 275 mil empleados en 2019 a 210 mil en 2025, una reducción de casi 25 por ciento, y van por más.

Una primera causa: las empresas están ajustando, después de que contrataron más personas de las que debían después de la pandemia. Cuando terminó el confinamiento, el incremento en la demanda hizo que muchas empresas sintieran urgencia por contratar a destajo, pero después de unos años la situación empieza a estabilizarse y los negocios se dan cuenta de que no necesitan tantas personas como habían pensado.

Otra razón, al menos en EU, son los impuestos del señor Trump. Michael T. Gapen -el economista en jefe de Morgan Stanley- explicó hace unos días que la guerra comercial de la administración gringa pone a las empresas en una encrucijada: subir precios o correr empleados.

Después tenemos algo de lo que todo el mundo está hablando hoy: inteligencia artificial. Para ser más precisos: la incertidumbre que sentimos por la IA. Los resultados de la encuesta del Foro económico mundial dicen que el 41 por ciento de las empresas -a nivel mundial- planean reducir su fuerza laboral durante el siguiente lustro, por la IA. Lo resume la declaración de Christopher Waller, gobernador de la Reserva Federal gringa: "Cuando hablo con CEOs de todo el país, todos me dicen que no están contratando porque están esperando a ver qué pasa con la IA". La pregunta que están haciéndose todos los directores ejecutivos es "¿qué puestos de trabajo podemos reemplazar?"

Nadie sabe cómo la IA va a cambiar (o no) nuestra vida. Los entusiastas -como Musk- dicen que ya no vamos a tener que trabajar, que todos vamos a tener un salario decente garantizado: Amaurota en la Tierra, pues. Los fatalistas -como Yoshua Bengio- creen que la IA tiene una probabilidad muy alta de acabar con la humanidad, y desean un botón para apagarla de inmediato: el Gólem, pues. Ambos resultados son igual de improbables y reflejan los sesgos que tienen incluso las personas más brillantes. Sin embargo, en su conjunto, la polarización de posturas nos muestra la incertidumbre que hoy reina. ¿Mi trabajo sobrevivirá? ¿Será relevante lo que hago dentro de diez años? ¿Qué sentido tiene hacer lo que hago si Chatgpt puede hacerlo más rápido, y mejor?

En EU, el índice de desempleo llegó a 4.6 por ciento en noviembre (en México anda alrededor del tres por ciento, pero con tendencia a la alza respecto a 2024). Lo ideal, para darnos una idea, sería 2 por ciento, lo que los economistas llamamos desempleo friccional. Nuestro índice en este momento es más del doble, la tasa más alta desde la pandemia de covid. Y según la directora de análisis económico de Indeed, se mantendrá igual en 2026. Esto genera miedo.

Estamos frente a un boom de desempleo. Cuando la gente ve que es difícil encontrar trabajo, prefiere quedarse en el que tiene aunque no esté satisfecha. Arvind Krishna, el CEO de IBM, dice que en 30 años nunca habían tenido a tan pocos empleados yéndose. Es entendible: mejor tener un trabajo, el que sea, a no tener ingresos. Pero esto no es un mero corolario, sino un amplificador del problema. Si nadie cambia de trabajo, tenemos otra razón por la que disminuye la cantidad de personas contratadas. Además, si las personas tienen miedo de no poder encontrar trabajo van a ser más precavidas con sus recursos, lo cual significa menos gasto, pero las empresas viven de vender, así que el miedo se traduce en empresas que cierran. Más de 700 compañías se declararon en bancarrota entre enero y noviembre de 2025. La cifra es catorce por ciento más que en 2024 y es la cifra más alta desde el 2010. Un círculo vicioso que nos pone a muchos a temblar.

No todo es malo, evitemos capitular frente a las corrientes catastrofistas. La misma encuesta del Foro económico mundial que cité antes dice que, para 2030, la cantidad de empleos en áreas de datos e IA se duplicará. Por otro lado, la economía de EU, contra ciertos pronósticos, mostró un crecimiento fuerte en la recta final de 2025 (un poco contradictorio, porque, en general, buenas tasas de crecimiento económico van de la mano con bajas tasas de desempleo). La situación actual nos habla de una reestructuración de la economía. Hay quienes juran que estamos frente a un cambio de la envergadura de la revolución industrial. Es muy pronto para saberlo. Lo que sí sabemos es que la sociedad está ya dentro de un proceso significativo de reasignación de recursos, un proceso beneficioso en el largo plazo, pero será un proceso lento, y doloroso para muchos. La sociedad en su conjunto, dentro de quince años, estará mejor que hoy, no tengo duda, pero también es cierto que muchas personas sufrirán intentando encontrar un rol relevante en la sociedad. Es hora de prepararse; estamos, tal vez, ante el privilegio de ver el surgimiento de un nuevo mundo.