La explosión de una pipa de gas en Iztapalapa se ha convertido en una de las peores tragedias urbanas de los últimos años en la capital del país.
Este jueves, el Gobierno de la Ciudad de México actualizó la cifra de víctimas a 22 fallecidos, mientras que 25 personas permanecen hospitalizadas y otras 37 ya fueron dadas de alta tras recibir atención médica.
El siniestro, ocurrido el pasado miércoles 10 de septiembre sobre la Calzada Ignacio Zaragoza, a la altura del Puente de la Concordia, se desató cuando un camión cisterna con capacidad de 49 mil 500 litros volcó y explotó, generando una onda expansiva que alcanzó viviendas, comercios y automóviles cercanos.
Decenas de familias quedaron marcadas por la pérdida de seres queridos o por lesiones graves.
Entre los nombres que engrosan la lista de víctimas está el de Abril Díaz Pérez, de 34 años, quien falleció este jueves en el hospital de traumatología Victoriano de la Fuente Narváez.
También se recuerda el caso de Alicia Matías Teodoro, la abuela que protegió con su cuerpo a su nieta de dos años, Jazlyn Azulet, quien logró sobrevivir pero resultó con quemaduras en el 25 % de su superficie corporal.
La menor fue trasladada a Shriners Hospitals for Children en Galveston, Texas, por la fundación Michou y Mau, que informó que su estado se mantiene como crítico-estable.
La tragedia también cobró la vida del chofer de la pipa, a quien las autoridades atribuyen responsabilidad por manejar a exceso de velocidad.
No obstante, videos de cámaras de seguridad difundidos recientemente muestran que la unidad circulaba a una velocidad moderada, lo que ha generado dudas sobre las verdaderas causas del accidente y abierto un debate en torno a la seguridad del transporte de gas en zonas densamente pobladas.
La explosión de Iztapalapa ha reavivado la discusión sobre la falta de protocolos de prevención y regulación en el traslado de combustibles, así como la vulnerabilidad de miles de familias que habitan en los márgenes de vialidades de alto riesgo.