La cifra de personas desaparecidas desde que inició la confrontación de los dos principales grupos del Cártel de Sinaloa desde finales de 2024 suma 2 mil 915 casos, de acuerdo con cifras oficiales, además del dolor de la ausencia que dejaron en sus familias.
Una galería de más de 200 rostros con datos y fechas de desapariciones están en una de las jardineras cercanas al atrio de la Catedral, en el centro de Culiacán, para tratar de visibilizar la tragedia, el dolor y sufrimiento de cientos de familias.
Las desapariciones forzadas en Sinaloa se convirtieron en una crisis de seguridad ante el alto número de víctimas, sobre todo jóvenes y algunas activistas de búsqueda de personas, como es el caso de María de los Ángeles Valenzuela, en Mazatlán, aseguró el ombudsman estatal, Oscar Loza Ochoa.
"La detonación de la violencia desde hace 17 meses profundizó aún más los casos de desapariciones en Sinaloa; es la percepción que tiene del ambiente", afirmó.
Para el fundador del Laboratorio de Estudios Psicológicos de la Violencia de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Isaac Tomas Guevara Martínez, "la intención de este delito es dejar huella de la crueldad de que son capaces los grupos delictivos y sembrar dudas sobre el destino de las víctimas".
"Las desapariciones forzadas no es un tema nuevo en esta entidad, ya se padeció de esto en el pasado, durante los movimientos estudiantiles y los brotes de guerrilleros, pero ahora con la guerra declarada entre antiguos aliados este delito se acentuó sobre todo en la capital del estado y en Mazatlán", explicó el especialista.
Detalló que "la privación ilegal de la libertad de una persona se entiende como un primer mensaje del grupo rival para demostrar su fuerza y superioridad y luego se da la desaparición, que conlleva la intención de imprimir dolor y temor a sus rivales o a las familias, ya que no pueden cumplir con los rituales religioso de darles sepulturas".